Capítulos 35. Pío, pío, que yo no he sido

Lauren yacía en la arena. Estaba preciosa. Incluso con todas esas operaciones, con esa cantidad de maquillaje y adornos, seguía estando preciosa. Yo estaba sentada a su lado, contemplándola, empapándome de su hermosura. No comprendía que ella estuviera ahí, sin vida, delante de mí. 

Los primeros paseantes de la mañana no tardaron en acercarse. Nos contemplaban atónitos, ¿acaso sentían envidia? Sí, lamentaban no estar a su lado. No haber sentido sus dedos por sus deformados cuerpos. Sus labios sedientos de besos. 

No quería desnudarla, me gustaba así. Introduje mi mano por debajo de su vestido. Era tan frío su interior… Me excitaba. Me excitaba esas notas nuevas que su piel me brindaba. Esa falta de gemidos suyos, y el excedente de los míos que acallé en su boca. La rigidez no me dejaba introducir más de un dedo. Eso cambiaría. Sabía que ella lo disfrutaba tanto como yo. Se pasó meses buscándome. Ya me tenía. Ella seguía sin moverse, pero mis ganas iban en aumento. Tuve que frotarme contra su pierna. “Rigor mortis”, así lo llamaban. No era rigidez, era su forma de contraer los músculos, de darme el placer que buscaba, de lograr que tuviera un orgasmo increíble.

— ¡¿Qué estás haciendo?!

La policía llegó. Me empujaron cuando ella aún estaba a medias. Unos se acercaron, otros separaron a nuestro público. Yo tenía las palmas hacia arriba, como si esperara que un poder divino me visitara. Alguien tiró de mí, me alejó de Lauren. Sé que pataleé. Los paramédicos corrían. Le comprimían el pecho. “¡Le hacéis daño!”, les gritaba. Nadie parecía oírme. Sentí el frío metal en mis muñecas. Me presionaba. Me impedía sentir los dedos. Entre dos agentes me levantaron. Querían llevarme con ellos. “¡No!”. No hubo respuesta. Me arrastraron hasta el coche, mientras yo esquivaba los cuerpos con la mirada, quería verla a ella, a Lauren, que sufría por aquellas rítmicas compresiones. Hicieron falta dos policías más para meterme en el asiento de atrás. No podía alejarme de ella. “El rojo le queda tan bien…”

— ¿Por qué la mataste?

— ¿Quién ha muerto?

— Ella murió. Tú la mataste. 

— No está muerta. No me mienta. Tan solo se vistió para mí. Odio el blanco. ¿No está preciosa con esas telas rojas? Podría pasarme la vida contemplándola. Quiero verla.

— Ahora tienes visita.

Sus atravesó la gruesa puerta de acero. Su rostro estaba desencajado. “Envidia”. Ella también quería poseerla. O poseerme a mí, que ya era de Lauren.

— ¿Por qué has venido?

— Carol me llamó. Me dijo que estabas mal. Pero esto… Esto es atroz.

— ¿Qué lo es?

— Que mataras a Lauren y luego te la follaras. ¿Te has vuelto loca? ¿Por qué haces esto?

— Ella lo quería. Yo lo quería. Lo quiero. 

— No puedes tirarte a una muerta. ¡Joder! ¿Qué pasa contigo? ¿Qué has tomado? ¡Mierda! Debo buscarte un abogado. Tienen que hacerte un test de drogas. 

— Yo no tomo drogas. Algún porro… -¿cuándo fue la última vez?-. No he fumado.

— Robert debió drogarte. Nunca me gustó ese tío.

— Robert es mi amigo.

— ¡Tú lo flipas! Es un sociópata. ¡Te ha hecho matar a su mujer! Pero, ¿follártela? ¡Dios!, ¿qué has hecho, Marian?

— No follábamos. Hacíamos el amor. ¿No lo entiendes? Lauren será mía para siempre, y yo suya.

— Lauren está muerta. Déjala en paz.

— Voy a buscar un abogado.

Sus desapareció de la sala de interrogatorios. Por fin sola. Cerré los ojos y rememoré aquellos momentos mágicos junto a Lauren. La cantidad de veces que nos habíamos besado… La mayoría no de mis besos no fueron para ella. Me prometí que no pasaría más. La protegería de todo. Nos fugaríamos. ¿A dónde? Daba igual. Estaríamos juntas. Una pequeña cabaña en uno de esos islotes que tanto le gustaban. Tendría que ir siempre desnuda. Quería contemplarla siempre así. Tumbarme en una hamaca, bajo la sobra de una enorme palmera. Ella se acercaría sonriente. Adoraba esa sonrisa. Me besaría, y no sería capaz de contener el deseo que sentiría por mí. ¿Dejaría atrás a Robert, a los repintados niños, las fiestas, el dinero, la mansión? ¿Dejaría atrás todo aquello por venirse conmigo? ¿Cuánto había ahorrado en ese tiempo? Quizá no lo suficiente para que la isla fuera nuestra, pero sí para colarnos en una antigua casa de pescadores e ir viviendo. Yo haría la compra. Remaría para colmar de víveres la despensa. Cocinaríamos juntas. Y haríamos el amor. Haríamos el amor una y otra y otra vez. Volví a tener un orgasmo, aunque interrumpido por un joven agente que me miró con prepotencia. 

— ¿Me dejan ya verla?

— ¿Por qué la has matado?

— No la maté. No está muerta. La liberé.

— ¡Me das asco!

Un hombre mayor apartó a aquel impertinente de mi lado. Era el mismo policía que prometió cuidar la investigación sobre el robo en mi casa. Con un leve gesto, me hizo acompañarlo por pasillos estrellas, en los cuales, las atronantes voces nos perseguía: “¡depravada!”. Tras un tiempo eterno, llegamos a la morgue. 

  

Allí, tendida, con la piel tan fina que podría haberme acariciado contra ella, como un gato. Sentía el deseo de poseerla, de hacerla mía en gritos contenidos. Era mía, lo era ya. Su sangre estaba en mí. Me llevé la mano a la boca. La lamí. Era dulce. No tenía un sabor férrico. Era dulce, como la miel, como un pastel de merengue, merengue rojo. Necesitaba más.

— ¡Vámonos de aquí!

— Me dijeron que habías muerto.

— Habito en tu recuerdo.

— No podemos irnos. La policía me tiene presa.

— Ya no. Ahora eres nuestra.

— ¿Nuestra?

Un cuchillo ensangrentado voló hasta mi pecho. Sentí cómo esquivaba las costillas y se clavaba en mi corazón aún bombeante. 

No había aire en mis pulmones. Me incoroporé. Busqué el arma por todo mi cuerpo. No estaba. Lauren me miraba. “¿Por qué me has matado”. Jadeaba. Ella sonreía. Era más cruel de lo que pensaba. Todo se volvió borroso. Caí.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to Capítulos 35. Pío, pío, que yo no he sido

  1. No tengo palabras para denominar a este capítulo. Drogas, pesadilla, alucinación, realidad,… ¿Qué es lo que acabo de leer?
    Me ha dejado completamente descuadrada y descolocada.
    Por supuesto, como siempre te dirán, también me ha parecido corto pero eso es porque nos dejas siempre con ganas de más.
    Me temo que esta semana me resultará muy larga esperando al siguiente capítulo. Adelántame algo porfi, ya sabes donde encontrarme 😀. Un abrazo

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