Capítulo 34. Monto un circo…

Con el auricular aún en la mano, mi cerebro intentó procesar todo aquello. Cris estaba viva, yo había ido a su entierro, y si aquello era poco, al parecer existía un maquiavélico plan que me había llevado hasta el Caribe. 

— ¿Qué mierda es todo esto?

— Marian, tranquila, pronto lo entenderás. Mientras tanto, debemos aparentar que estamos liadas. Nos han visto entrar. Te siguen siempre. Debes tener cuidado. Cuando salgamos, debes volver con Lauren y fingir que nada de esto ha pasado, que solo hemos echado un polvo.

— ¿Quién me sigue? ¿Qué interés tienen en mí? ¿Por qué Cris no viene? ¿Por qué ha fingido su muerte? ¿Por qué..?

— Ahora no puedo responderte. Ten paciencia. Cris quiere verte. Desde que la conozco quiere verte. Sigo sin entender qué ve en ti, pero eso no importa. Eres su chica.

— ¿Su chica? Sí, soy la chica a la que abandonó. La chica que no ha sabido nada de ella. La misma chica a la que ha metido en a saber qué jaleo. ¡Déjame salir de aquí!

  
María se acercó. Pensé que iba a abrazarme, a consolarme, pero no, solo me soltó el pelo y lo revolvió. Hizo lo mismo con su cabello. Se estiró de la falda. Se arrugó la camisa. Abrió la puerta. Me cedió el paso. Huí hasta toparme con Marina. 

— Vaya, parece que no se os dio bien el tema. Sabes que mi proposición sigue pendiente…

— ¡No estoy para gilipolleces!

Necesitaba pensar. O correr. O respirar. Necesitaba algo que no tenía. Mi cabeza daba vueltas sin rumbo fijo. Cuando quise darme cuenta, estaba sentada en la playa, mirando sin ver aquel mar. La Luna estaba en cuarto creciente. Las olas “de plata y azul”. Cris. El agua. Robert. Virgin. Brit. Brit… ¡Vi a Brit en Madrid! La vi en el cementerio. ¿Qué coño hacía ella allí? ¿Qué cojones era todo aquello? Necesitaba respuestas y, al parecer, nadie pensaba dármelas.

— Te he traído una copa.

Lauren me tendió el vaso. Di un sorbo a aquel líquido rojo. Ningún sabor destacaba. Ninguno salvo el corrosivo alcohol que arañó mi garganta. Bebí de nuevo. Había algo en el fondo. ¿Quizá lo que buscaba? No, era algo físico, tangible. No me detuve hasta poder leer aquella chapa. “¿Follamos o quieres otra?”. “Fuck” estaba un rato. Jodida, realmente jodida. Nada de aquello podía ser real. ¿En quién confiar? ¿Estaba segura de que aquella voz era la de Cris? El cristal voló desde mi mano hasta una pequeña roca. Se hizo añicos. Mil pedazos que jamás se volverían a unir. Como yo. Sí, como yo, rota, sin arreglo, llena de rabia, de dudas, de miedo. 

— Era solo una broma. ¿Qué te pasa? Estás temblando. ¿Tienes frío? Marian, di algo. ¿Qué has tomado? ¿Te ha hecho algo María?

— Está viva -¡mierda! ¿Tenía que soltarlo?

— ¿De qué hablas? Marian…, ¿otra vez? Cris se ha ido. Duele, es difícil hacerse a la idea, pero tenemos que convivir con su ausencia. Hemos pasado años sin ella. Sé que no es lo mismo. Pero no puedes seguir así.

— Sí… ¡Será zorra!

— Venga, levántate y vamos con las chicas. María te está buscando.

— Paso de ella. Quiero estar sola. No quiero irme a casa. Odio esa casa. Odio este país. Odio a Cris y a todo lo que tenga que ver con ella.

Rompí a llorar. Las lágrimas brotaban como si acabaran de perforar un pozo. Lauren me abrazó. Sentí su calidez, su ternura, su protección. Quise vivir en ese momento. Quedarme ahí, junto a ella, junto a lo que me proporcionaba.

— Cuando te canses de ella puedes volver a mí.

— ¡Vete a la mierda, Carol! ¿No tienes otra cosa que hacer? Está claro que no tienes vida. ¿Acaso tienes amigos? No, porque eres una gilipollas metomentodo. No he conocido a nadie tan ruin como tú. Me das asco. Me da asco recordar cada vez que he caído en tus redes. Sí, te has aprovechado de mis malos momentos para que te follara. ¿No está Andrea disponible? ¿No hay otra idiota a la que dorarle la píldora para que te corras? Aquí no vas a sacar nada, así es que ve a sacar tus garras a otra. No quiero volver a verte. Tan solo eres una modelo con demasiados años. Das pena. Sigues viviendo en un pasado tan lejano que ni tus canas se acuerdan. ¿Crees estar muy buena? Pues no. Ya no lo estás, no volverás a estarlo. ¡Jódete! O que te jodan. Lo que prefieras. Y a ver si en vez de intentar quitarte años, cultivas un poquito el cerebro, que se te debe estar quedando seco de tanta coca que te metes.

— Marian, tranquila.

Carol despareció entre las sombras de las lonas blancas. Lauren me miraba perpleja. Me había pasado, lo sabía, sabía que no era con ella con la que estaba enfadada. Pagó mi odio. Me quedé temblando, aún en los brazos de Lauren. “¿Follamos o quieres otra?” ¿Qué quería? Me giré y la besé. La besé con tantas ganas como pude. Ella me sujetó de la cara, me apartó, fijó sus ojos en mí. Tenía una mirada tan dulce… Nunca me había fijado. Algo brillaba dentro de ella. 

— Cielo, ahora estás alterada. No lo hagas. No busques la salida fácil.

— Bésame. Bésame ahora. Bésame como si no existiera nada más.

No lo hizo. Pensé que se iría, pero se quedó abrazándome. Llenando una parte del vacío que se había adueñado de mi cuerpo. Cuando volví a abrir los ojos, los primeros rayos del sol nos bañaban. El mar había subido hasta acariciarme los pies. Lauren yacía sobre la arena. Estaba preciosa. Me recosté en su hombro. Ella no se movió. Intenté dormirme de nuevo. Algo no estaba bien. Oía el golpe de las olas, las gaviotas más madrugadoras, algún cuervo, la brisa, el rumor de la civilización. ¿Qué faltaba? Faltaba vida. Busqué debajo de su ropa. ¿Dónde estaban sus latidos? ¿Su respiración? 

— Lauren -me atreví a pronunciar en un susurro-. ¡Lauren! -grité mientras la sacudía cada vez con más fuerza.

No hubo respuesta. ¿Qué estaba pasando? Me incorporé. Sus blancos ropajes se habían teñido de rojo. De un rojo tan intenso que dolía. ¡Mis manos! Su sangre las cubría. Me quedé quieta. Sin saber qué hacer. ¡Una ambulancia!

— ¡Que alguien llame a una puta ambulancia!

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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