Capítulo 27. No quiero volver a la realidad

Abrí los ojos. ¿Cuándo me había dormido? Eli y Sus estaban de cháchara junto a la ventana. La habitación apestaba a humo. Me dolía la cabeza, las manos, los muslos. Debí haberme pasado la noche en tensión.

— ¿Cómo te encuentras? 

— Al final me drogaste, ¿verdad?

— Tenías que dormir. 

No tenía que dormir. No quería pasar el duelo así. En realidad, no se pasa. Tienes que enfrentarlo. No tenía fuerzas para hacerlo. Me pasé años esperando a que Cris doblara una esquina y se topara conmigo. Desde que llegué a Virgin Gorda, esa misma sensación, había regresado. Tenía la esperanza de compartir con ella aquella conversación pendiente, “¿por qué te vas?”, quizá un abrazo o un desplante. La amé y la odié a partes iguales. Quería besarla mientras mis manos la herían como ella a mí. Nada de eso iba a pasar. Ella ya no estaba. Ni en Madrid, ni en Virgin, ni en ninguna parte. No volvería. Los tropiezos accidentales jamás se producirían. Tantos años sin ella, y fue entonces cuando me sentí sola y abandonada. El dolor que me produjo cuando me dejó, no tenía comparación con aquello que me abordaba en ese momento. 

— Tengo que ir a cambiarme. El funeral es a las doce en la Almudena.

— ¿Vas a ir?

— ¡Claro! Tengo que hablar con Cris.

Fui con mi séquito hasta el cementerio. Pensaba que me esperarían fuera, pero no, se metieron conmigo en la pequeña capilla. Allí, sus padres, interpretando el papel de los dolientes. No había mucha gente. Viejos refugiándose del frío. Sé que Sus me dijo que estaban compañeros de la facultad. No vi a nadie. Solo aquel ataúd al que no pude acercarme. El cura comenzó con aquello de que era una pena que alguien tan joven nos dejara, pero que había recibido la llamada del Señor. Me cabreé. Siempre la misma historia. Las cotorras marujeaban justo detrás de nosotras. De nuevo la misma mierda, que si era drogadicta, que si la habían visto tirada en la calle, que si robaba, que se prostituía, que si tenía los brazos como un colador…

— ¡Basta! ¿Tan pobre es tu puta vida como para inventarte gilipolleces sobre la de los demás? Dejad ya de joder. 

El silencio se apoderó hasta del eco. Sus me contuvo sujetándome del brazo, quizá creyó que saltaría por encima del banco y les arrancaría la lengua. Las “pollos” empezaron a santiguarse. Mucha religión y muy poca educación.

— No sé para qué has venido. ¿Para molestar a la gente? Eres mala persona -me soltó Gertru una vez fuera.

— No empecemos, que ya sabes cómo termina, y tú no quedas precisamente en buen lugar. 

— Vámonos, Marian. No merece la pena.

— ¡Cris la merecía! Y estos hijos de puta le arruinaron la vida. 

Me monté en el coche, temblando. Sus se subió atrás, y me acariciaba la pierna y el brazo. Eli nos miraba por el retrovisor. Yo solo me limitaba a fijar mi vista en todo lo que podía, y así poder calmarme. No funcionó. Estaba tan desquiciada que me pareció ver a Brit entre la gente. Mi mente mezclaba personas y lugares. Tenía que volver a mi casa, a ver el mar, a quedarme horas embobada contemplando las olas.

— ¿Qué haréis en Nochevieja?

— Cenaremos en casa de Olga, y luego saldremos por ahí.

— Pasaos por el bar. Marian, ¿tú vendrás o te quedas con tu familia?

¿Nochevieja? Pero si era verano… No, para mí era verano. ¿Qué día era? 

— Me voy mañana.

— ¡Tú lo flipas! Te vienes a cenar con nosotras, y luego nos acercamos a ver a Eli y os pegáis unos bailes. No vas a pasar esa noche sola y en un país extraño. Te quedas hasta el día dos. 

— Robert tendrá el avión listo mañana. No puedo faltar tanto al trabajo.

— Marian, mañana es 31.

Sus me quitó el móvil, y no se le ocurrió otra cosa que llamar a mi jefe para decirle que estaba fatal, y que si podía retrasar el viaje de vuelta. No mencionó a Cris. Por Cris estaba allí. No para irme de copas, no para ver a nadie, solo para despedirme de Cris.

— Solucionado. Si al final va a ser un tío de puta madre. Me ha dicho que le extrañaba que quisieras volver tan pronto. No tienes que trabajar hasta el día 5. Tendrá listo el avión el día 3. Y no se te ocurra abrir la boca. Tema zanjado.

No tenía ni voz ni voto en mi propia vida. Quizá fuera lo mejor. Quizá quedarme en Madrid hiciera que recobrara la cordura. 

Me pasé el resto del día y de la noche en un estado comatoso. Sus era la responsable. Era mi amiga, y tenía las mejores intenciones, pero esa decisión era mía. Me despertó a media mañana del día 31. Le urgía que me fuera a comprar un vestido y unos zapatos, después de haber inspeccionado mi maleta para comprobar que la ropa que llevaba no era la más adecuada para el evento de aquella noche. Gran Vía estaba colapsada. Hacía tanto tiempo que no me topaba con ese cúmulo de almas, que sentí una claustrofobia que apremió la elección del traje. 

— Van a flipar cuando te vean. Me dan ganas hasta de echarte un polvo con eso puesto.

— No seas borrica.

Llegamos a casa de Olga a las ocho. Los trajes iban enfundados. Nos tocaría arrimar el hombro para preparar la cena. Sus no dejaba de mirarme de reojo, creo que temía que usara el cuchillo para cortar algo que no fueran alimentos. No iba a a caer en eso. Las pocas fuerzas que me quedaban, las empleaba en encontrar una explicación a todo aquello. Un abrazo inesperado me sacó del ensimismamiento.

— Me alegro mucho de verte. Sus me ha contado que no te encuentras bien, y he venido corriendo.

— ¿Carol?  -¿Qué coño pintaba ella allí? 

No se conformó con aplastarme contra su pecho, también me besó. Se comportaba como si fuera mi novia. De hecho, así se presentó ante el resto. Todas la miraban con admiración, y a mí con envidia. Debo reconocer que estaba preciosa. Su pelo brillaba. Sus rizos infinitos se arremolinaban en una caída vertiginosa. Su piel, tan morena, invitaba a unas caricias que hacía tiempo ya no deseaba brindarle. Llevaba un vestido corto, muy corto, de color negro y transparencias en los costados. Las miradas de mis amigas se debidían entre su escote y su culo. 

— ¿No te enrollaste el otro día con la camarera? -me susurró Miriam.

Carol regresó a mi lado antes de que yo pudiera armar una respuesta coherente en mi cabeza. Se amarró a mí. No parecía tener intención alguna de soltarme. Ella sonreía. Regresó a su rostro aquella dulzura que me cautivó junto al mar. Sabía que era una ilusión. Quizá creí en ella por un instante. Quizá volví a ser gilipollas. Había caído en esa trampa demasiadas veces. ¿Por qué había viajado hasta allí? ¿Tan sola estaba?

— Mi amor, no sé cómo has podido pasar estos días en Madrid sin mí. ¡Con el frío que hace…! Pienso darte abrigo toda la noche.

— ¡Qué callado te lo tenías! Aunque no me extraña, si yo tuviera a una tía así, también la escondería.

La puerta no dejaba de abrirse, de entrar gente. Mario estaba allí. Me alegré tanto de verlo. Venía con una nueva novia. Esta parecía simpática, no como su ex (sin comentarios). Nos pusimos al día en pocos minutos. Por un momento creí que el tiempo se había detenido hacía muchos años. Mario y yo fuimos inseparables. Nos conocimos en nuestra época de becarios. Tan puteados y tan contentos de estar allí juntos. Luego se ennovió, y las distancias se fueron haciendo cada vez mayores.

— Marian, acompáñame a la cocina, por favor.

— ¿Falta algo por llevar?

— No te lo ha dicho, ¿verdad?

— ¡Dichosos los ojos! Con eso de que ahora eres caribeña, no quieres saber nada del resto de los mortales.

— ¿En serio? -pregunté mirando a Sus- ¿De verdad habéis invitado a Lina?

— ¡Ni que no quisieras verme! No pretenderías que dejara a Miriam sola, ¿no?

— ¿Qué mierdas está diciendo?

Éramos pocos y llegó Lina… Y no sólo estaba ahí, también se despachaba gustosamente en arrumacos con Miriam, MI Miriam. ¿Qué estaba pasando en el mundo? Carol corrió a presentarse. Lina la miró desde los pies hasta la cabeza, estudiando quién era aquella mujer tan espectacular. Por supuesto, la que se hacía pasar por mi novia, no dudó un momento en agarrarme de la cintura.

— Si hubiera sabido que tus amigas eran tan simpáticas, hubiéramos venido a verlas antes, cielito.

— No pierdes el tiempo nunca. Y, ¿cuánto lleváis juntas?

— Casi desde que ella vive allí. Nos conocimos en la playa…, en la playa fue nuestro primer todo, ¿verdad, cariño? Ahora no te hagas la vergonzosa, que aquella piedra todavía se acuerda de nosotras.

Carol prosiguió con una versión adulterada de la historia. ¿Sucedió así? Ese no era el recuerdo que yo tenía. Daba igual. Me importaba una mierda lo que Lina o cualquiera llegara a creerse. Mi no-novia se hizo pronto con el control de las conversaciones. Parecía hasta agradable, y no la arpía de uñas afiladas a la que me tenía acostumbrada.

Casi ni probé bocado. Mi estómago no estaba dispuesto a aceptar ningún alimento sin contraerse y producirme un agudo dolor. El vino lo toleraba mucho mejor, quizá demasiado. Baco me sedujo, y no sé por qué, terminé sucumbiendo a los bailes y las carantoñas de Carol. Ya que me había metido en ese lío, al menos le enseñaría que eso de meter la lengua entera en la boca de otra persona no es nada agradable. Deben bailar, acariciarse, seducirse, pero no taladran la laringe.

— Veo que lo estás pasando bien.

— ¿También te han invitado a la cena? No sé cómo vamos a entrar todos si seguimos así.

— Marian, estás en mi bar… ¿Te encuentras bien?

¿Cuándo había llegado allí? Dejé a Eli sin respuesta y me fui directa al baño. Tenía que regresar a la realidad. Cris me ahogaba. ¿Qué coño estaba haciendo? ¿Iba a dejar que la vida pasara sin pena ni gloria? Las gotas aún resbalaban por el maquillaje cuando “mi amada Carol” apareció para envolverlo todo de…, más bien para encerrarme en uno de los cubículos y meterme mano. Reconozco que no lo estaba haciendo nada mal.

— Quiero que te corras.

— No lo haré, pero puedes seguir. Hoy quiero ser yo la follada.

— Marian, no es follar lo que quiero. Estoy enamorada de ti.

— Ya… Mira, o me vas a follar o lo dejas para que busque a otra que sí esté dispuesta. 

— No quiero que estés con otra. Quiero despertarme contigo por la mañana. Quiero que compartamos un café, una película, cómo nos ha ido el día. 

— ¿Ahora me vienes con el papel de la novia fiel? No me hagas reír. ¿Follamos o no?

— ¡No!

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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