Capítulo 23. Mejor sigue tú

Sin dejarme completar mi ciclo orgásmico, pararon y regresaron a la posición inicial, una a cada lado. Volvieron a besarse, acompañando esta vez aquellos actos con tocamientos entre ellas, de los cuales yo no podía ser partícipe. Me sentía frustrada, deseosa de agarrarme a sus muslos y que mis labios saltaran de un cuerpo a otro.

Continuaron compartiendo su placer, y el mismo acto que me llevó a excitarme al principio, convirtió mis ganas en desazón. Andrea fue la primera en llegar al clímax. No dejó de tocarla, mirándome. Veía en sus ojos que disfrutaba del desasosiego que yo experimentaba. Esa mezcla entre rabia y deseo que me provocaba no pasó desapercibida para ella, correspondiendo mi enfado con sus sonrisas. Me desarmaba siempre que quería, con ese leve gesto, todo dejaba de importar.

Carol paró en seco a su compañera de juegos. Cruzamos un par de miradas, se tumbó sobre mí, en un claro intento de ser ella la que centrara mi atención. Empezó a reptar, hasta dar con el punto que le colmaba de placer. Allí se detuvo. Yo era, una vez más, solo el medio para llegar a su objetivo. Andrea se recostó a mi lado. Volvió a su rostro aquella dulzura que me brindó en su casa, aquellos besos calmados. Hubiera eliminado a Carol de la ecuación sin resolver con el chasquido de mis adormecidos dedos.

— Estoy ansiosa por sentir tus manos -susurró.

Su mano acariciaba mi mejilla, sus labios los míos. Mientras, Carol se restregaba, pero nosotras íbamos más allá.

— Así, Marian, no pares. ¡Me corro, me corro!

Aquellos gritos me hicieron regresar a la realidad, a aquella en la que era partícipe de un trío del que no me advirtieron. Andrea me desató las manos y, como en las películas, tuve que masajear mis muñecas, doloridas por la postura.

— Es tu turno. Fóllanos.

— No. Accedí porque vosotras haríais todo el trabajo.

— No puedes dejarme así.

Carol se incorporó, intentando retenerme, pero no entraba en mis planes ser una parte activa de todo aquello. Comencé a recoger mi ropa, con los gritos de Carol como banda sonora. En otra época, hubiera hecho lo imposible por complacer a mis dos amantes, pero esa etapa ya pasó, había aprendido la lección, y no estaba dispuesta a bailarle el agua a la tía que se dedicó a usarme como un consolador.

— Ven a mi casa. Estoy allí en media hora -me susurró Andrea.

— No. Termina de follártela.

No pretendía sonar como una celosa, pero creo que ese fue el tono que empleé. Me subí en el coche, y retomé mi plan inicial, esconderme bajo la almohada y esperar a que llegara el día siguiente.

No dejé de mirar el móvil ni un segundo, necesitaba saber que la escala de Sus iba bien, que estos americanos son muy suyos con la seguridad… El buzón tenía la banderita levantada. Fui abriendo la carta mientras dejaba las llaves en el cuenco y me descalzaba. Ya había anochecido.

“Una vez más, nos ponemos en contacto con usted para que acepte nuestra oferta. Sería un activo muy importante para nuestra empresa. Como le expresó nuestra delegada, las condiciones son muy favorables para usted.

Le agradeceríamos que aceptara una invitación para almorzar en nuestra sede y así resolver cualquier duda que tenga.” 

Estaba claro que no me dejarían en paz nunca. Llamé a Andrea, y le pedí que acudiera a mi casa esa misma noche. No le dije los verdaderos motivos, así no faltaría a nuestra cita. Quince minutos después, estaba llamando a la puerta.

— Pensaba que no querrías verme más.

— Toma -le tendí la carta-. Quiero que le digas a tus jefes que solo acudiré a la reunión si la “señora misteriosa” se presenta. No necesito una invitación formal para hablarte, al parecer es suficiente con que Carol se ponga en contacto contigo.

— No ha sido así, Marian. No te pongas celosa, sabes que me gustas tú.

No terminó sus alegatos cuando ese timbre atronador comenzó a salir de su bolso. Andrea volvió a disculparse, y se dirigió, móvil en mano, hacia la terraza. Esta vez la llamada duró poco.

— Tengo que irme.

— ¿Tu jefa no quiere que nos veamos a solas? 

Andrea no contestó, dándome una respuesta afirmativa a una pregunta que pretendía ser una broma. ¿Por qué esa señora no quería que tuviéramos nada? ¿No era tan buena persona? ¿Y cómo coño sabía que estábamos juntas? “¡Es Cris!”, pensé. Era lo único que tenía lógica. ¿Qué interés podían tener en separarnos si no era ella?

Esperé ansiosa a que llegara el día siguiente, a la hora del almuerzo, necesitaba saber quién estaba detrás de aquel complot contra mi vida sexual. Me presenté puntual a la cita. Un muchacho engominado me recibió, me colgó la tarjeta de visitante y me dio una vuelta por las instalaciones. Era un edificio moderno, no como el de Amedia. No entendí por qué me hacían participar en una visita por un montón de oficinas, ¡ni que aquello fuera la gran novedad! Tras mil vueltas entre mesas, sillas y las miradas curiosas de los trabajadores, el buen chico tuvo a bien sacarme a una terraza e invitarme a esperar sentada a que viniera su jefa.

Podía haber empezado a comerme las uñas aquellos eternos quince minutos, que preferí invertir el tiempo en bombardear a Sus con mensajes en los que le contaba mis teorías conspiratorias. 

— Es un placer que hayas accedido a reunirte con nosotros.

Nada tenía que ver aquella mujer con Cris. Tendría pocos años más, el pelo corto, moreno, con alguna cana asomando por encima de las orejas, pantalones vaqueros, camiseta de rayas y una gafas de pasta con la montura roja.

— Marian, no sabes las ganas que tenía de poder hablar contigo.

— Y yo con usted. Estuvo bien el yate, Andrea es un encanto, pero si recibo una invitación firmada por Catherine, espero reunirme con ella y no con sus súbditos.

— Paul, por favor, sírvanos unos Martinis.

— ¿Me puede explicar a qué se debe tanto interés en mí? O quizá la pregunta correcta sea, ¿por qué me están espiando? O mejor aún, ¿por qué cree que una relación íntima con una de sus empleadas no es algo apropiado? Puede que quiera explicarme qué es lo que realmente quiere de mí. ¿Acaso es sexo? ¿Es eso? ¿Quiere echar un polvo conmigo y utiliza su empresa y una especie de extorsión para conseguirlo? ¿Por quién me ha tomado?

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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