Capítulo 17. Sinceridad ante todo…

No puedo describir el dolor que me abordaba el pecho. Pero debía ser consecuente con mi decisión, y era ignorar a Cris. Bueno, en realidad era pasar de ella hasta que volviera a mí, la típica maniobra adolescente…

— ¿Qué te pasa?

— Nada. ¿No quieres que te folle? Pues eso hago.

— No estás aquí. Por mucho que note tu lengua entre mis piernas, tu cabeza no está ahí.

— ¿A ti qué te importa en qué piense? Eres una egoísta. Con que te lo coma bien te es suficiente.

— ¿Esa es la idea que tienes de mí?

— Mira, Carol, ni estás tan buena, ni sonríes tanto, ni me haces sentir lo mismo que cuando bailabas, que cuando me hablabas, que cuando me insinuabas que querías estar conmigo. Solo quieres que te folle, y eso hago. ¿Acaso no te gusta? Porque no he visto queja mientras lo hacía, todo lo contrario, estabas disfrutando.

— Pero no quieres que te toque.

— Tampoco es que quieras hacerlo. La verdad es que no entiendo este cambio. Porque aunque no te sientas atraída por mí, si antes eras tierna, ¿qué ha pasado? ¿Me engañabas? Si estoy aquí ahora es porque no encontraste a otra. Yo lo tengo asumido, y paso de que me vengas ahora con gilipolleces, que no soy idiota. Me utilizas para obtener placer, y yo a ti para olvidar. Ese es nuestro acuerdo, y por mí está bien. Cuando salgas por ahí, cuando encuentres a una tía que te guste, yo seré solo la que te comió el coño y no lo hizo tan mal. 

— No soy así de fría. No quiero hacerte daño, no quiero engañarte, no te lo mereces.

— Carol, no vas a engañarme. Y está claro que esa dulzura no era para mí. Quizá ni exista. Me da exactamente igual. Podíamos haber sido amigas. Pero no encajamos, ni como pareja ni como amigas. Para ti solo cuento para follarte.

— Vale. No sigas -suplicó con los ojos llorosos.

— No sigo. De hecho, mejor paro. Colócate el vestido y salgamos de este baño.

Es muy raro sentir una atracción cósmica por una persona, compartir con ella las vivencias, las sonrisas, incluso el sexo; y no sentir nada tras un cambio de chip. Sinceramente, me jodió haberme enamorado platónicamente de ella. Bueno, de ella no, de la imagen que proyectó en mí…

— Marian, tía, deja ya de pensar en esa imbécil.

— Sus, ¿cómo cojones pretendes que olvide que me ha hecho recorrer medio mundo para tenerme cerca?

— ¿Como su amante? Eres gilipollas. Y encima vuelves a las andadas. No puedes tirarte a la primera que pasa.

— Le dijo la sartén al cazo…

— Tú no eres así. Tú te enamoras, te entregas. Eres como la novia perfecta que te lleva un regalo cuando regresa a casa, que te da un masaje en los pies, que mima a su pareja hasta hacerme vomitar.

— ¿Y de qué coño me ha servido?

— Eres un puto bollodrama personificado.

El regreso al trabajo tras el fin de semana fue algo caótico. Intenté centrarme en ese nuevo proyecto, pero veía a Marina, sonriendo porque Sus le daba lo que quería. Luego vendría el drama. Sus solo se quedaría una semana más. ¿Acaso pensaba que cuando volviera a Madrid no se iba a tirar a la primera que pillara? ¿Y yo era el bollodrama? La que me esperaba iba a ser buena…

Al salir, quedaba directamente con Sus en el bar de Brit. No sé qué tenía ese lugar, pero te hacía sentir bien, muy bien si recordaba aquella sesión de sexo que tuve tiempo atrás. Eso sí que era un polvo, y lo demás tonterías. Lástima que Brit no repitiera nunca amante. Aprovechaba la llegada de turistas para ampliar su abanico sexual. La ley contra “vagos y maleantes” no hacía mucho que se derogó, pero había demasiado que hacer. Supongo que el turismo gay, que mueve tantos millones, obligó a los retrógrados a pasar por el aro. Pero había lugares, como Trinidad y Tobago, donde los homosexuales tenían penas de cárcel. Incluso, como turista, si creían que eras gay, te deportaban. Después de saber eso, comprendí de dónde había salido la política homófoba de mi empresa.

Lo mejor del día era siempre terminar desnuda en la playa, con Sus. Me daba muchísima vergüenza, pero mi amiga creía que “si no eres capaz de mostrar tu cuerpo al mar, este no te dará su bendición”. Y yo, como siempre, hacía caso a sus tonterías y terminaba transformando la ducha en un barrizal. Pero sentir el agua en todos los poros, la arena caliente en mi trasero, era una de esas sensaciones que merece la pena experimentar, aunque tuviera que hacer contorsionismo…

El correo era un desastre en la isla. El cartero pasaba cuando le daba la gana, por lo que la empresa utilizaba un servicio postal privado para mandarme documentos. Por eso me extrañó tanto que aquel hombre vestido de azul tocará a mi puerta. Abrí el sobre, dentro solo un par de hojas en inglés (grrrrr). Comencé a leer: “nos ponemos en contacto con usted para concertar una reunión informal. Debido a la situación en la que se encuentran nuestras empresas, desearíamos concretar con usted, por este medio, el encuentro él día 22 de octubre a las once de la mañana en Jumbies.”

¿En serio? Me dio la risa… ¿Qué clase de empresa era esa que pretendía quedar conmigo en un chiringuito, escondiéndonos del mundo? ¡Ni que fuera una espía!

— Es genial, tía, serás un agente doble.

— ¿Qué parte de que es la competencia de Amedia no has entendido?

— Y tú, ¿qué no entiendes sobre que la zorra de Cris te esté manipulando?

— Paso de ella.

Los argumentos de Sus no me convencieron, pero la intriga de aquel encuentro, hizo que acudiera. Eso sí, acojonada, no sabía lo retorcido que podía ser Robert…

  
Me senté en una banqueta, pedí un zumo de mango, y me dediqué a disimular con el móvil. Una mujer se me acercó, y me tendió la mano.

— Buenos días. Creo que tenemos una cita. Mi nombre es Andrea Fisher. 

— Un placer, Andrea. Me gustaría ir directa al grano. ¿Qué es lo que su empresa quiere de mí?

— Me gustan las mujeres que saben lo que quieren -¿estaba intentando ligar conmigo?-. Queremos ofrecerte un cargo de directiva en Virgin Media.

— Le agradezco el interés, pero ya tengo trabajo.

Después de una hora poniéndome a parir a Amedia, de ofrecerme todo el oro del mundo, acciones, un sueldo más desorbitado aún, una casa más grande, un coche más potente, más vacaciones, un barco de la empresa, y yo qué sé cuántas barbaridades más; me vi en la obligación de rechazarla.

— Entiendo que debes pensártelo. Pero hay algo más. Nuestra directora general quiere invitarte a pasar un día en su yate. Sin ningún compromiso. Me ha pedido expresamente que no me rinda hasta que aceptes. Será un día tranquilo, con buena comida, con bebida, buceo, baño, incluso tiene una pequeña sauna.

— Me abrumas con tanta oferta, pero no me voy a meter en el yate de una desconocida -¿una sauna en un barco?

— Puedes ir con cuánta gente quieras. Por favor -suplicó cambiando de tono-, acepta pasar un día en el mar. Mi trabajo depende de ello.

— De acuerdo -debo ser gilipollas, pero no quería que esa mujer fuera despedida porque yo no quisiera pasar un día tomando el sol, bebiendo mojitos y salpicando a Sus.

Regresé a casa, y tras informar a mi amiga, sus únicas palabras fueron: ¡tú lo flipas! Quería llevarse a Marina, cosa que le prohibí. Una cosa era acostarse con el enemigo y otra muy distinta, alardear de ello. Y no me importaría ver a Andrea en bikini, por lo que debía buscar una pareja a Sus…

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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