Capítulo 16. ¡Tú lo flipas!

Esa voz, esa maldita voz… No existía ninguna Lauren, era Cris, la hubiera reconocido entre un millón de personas. Enmudecí…

— ¿Hola?

— Eh…, sí…, en casa.

¡Qué idiota me volvía cuando se trataba de ella! Solo pensaba que no podía permitir que me viera con esas pintas. El timbre volvió a alertarme sin haber logrado llegar a la habitación. ¡Mierda!

— Estaba en la puerta. Perdona que te haya avisado con tan poco tiempo.

Ese día no me había ni tocado el sol, no había consumido alcohol, y la resaca no creo que pueda alterar la percepción. Era ella. Quizá se hubiera operado, quizá habían pasado muchos años, pero era ella, ¡sin duda era ella!

No pude contenerme. Cerré la puerta, le cogí de la cintura y la llevé hasta mi boca. Una boca que la ansiaba desde hacía tanto, que hasta sus labios provocaron eclipses en mis ojos. Sus besos no eran iguales, no sabían iguales, pero no me importaba, volvía a tenerla entre mis brazos, y era una sensación tan placentera…

Aquel mágico momento no duró demasiado…

— ¿¡Estás idiota!? -gritó Sus que aún estaba desnuda-. Tú, márchate de aquí. No te queremos cerca.

— Sus, cállate.

— ¡Tú flipas! Y luego, ¿qué? ¿Tengo que volver a aguantar que te vayas arrastrando por los rincones lamentándote de que no te quiere? Ya tuvo su oportunidad, y la cagó. No pienso permitir que pases por eso de nuevo.

— Me gustaría explicarme…

— ¡Ni explicaciones ni pollas!

Sus agarró a Cris del brazo, y la sacó de casa. Luego me miró con odio, con una rabia tan inmensa que creí que sus ojos se habían teñido de negro. Se dio la vuelta, entró en el baño, y sus gruñidos desaparecieron bajo el sonido del agua de la ducha.

Yo me senté en el suelo, en el mismo lugar en el que la había tenido. El calor que me había hecho sentir Cris me abandonó, y me llené de frío. Las lágrimas no salían, pero el nudo en la garganta aún me permitía emitir guturales sonidos. Sentí cómo se me rompían las costillas, y cómo estás se me clavaban en los pulmones. ¡Joder!, ¿cómo puede doler algo que no es físico?

— ¡Ya estamos! Pero, ¿tú la has visto? ¡Está recauchutada! Parece una muñeca Pepona. 

— Era Cris…

— No, era la zorra que te dejó tirada y que no es ni capaz de asumir su edad y se llena de Botox y a saber qué más mierdas.

— Es su cuerpo, es ella, son sus ojos, es ella…

— Ya llegó el puto loro. Esto no se va a quedar así.

Sus se calzó y se marchó, dejándome hundida en aquel suelo frío. No sé ni cuánto tiempo permanecí allí, quizá hasta me durmiera, y en mis sueños solo estaba ese beso, esa nueva Cris que logró transformar mis músculos en los de “Olivia llamando a Popeye”, en un ser de goma.

— ¿Aún estás ahí? -Sus parecía tremendamente enfadada-. He ido a hablar con ella, a su puta casa, con su hijito y su maridito, en su perfecto jardín. Casi me arranca la cabeza cuando me ha visto, pero me dio igual. Encima me dice la muy zorra que no sabe quién soy, y que no pretendía robarme a mi novia. ¿Cómo puede tener tanto morro?

— Cris me ha traído con ella. Me quiere. Siempre me ha querido. Yo la quiero. Solo tuve que verla para recordarlo.

— Esa tía no te quiere. Y es una hija de la gran puta. Recoge tus cosas, nos vamos en el primer vuelo a Madrid. Que le den por culo a esta puta isla.

— No puedo irme. Quiero estar con ella.

¿Cómo es posible que Sus no entendiera que lo único que quería era estar con ella? Me daba exactamente igual que estuviera casada, que tuviera un hijo, que se hubiera vuelto una pija, me daba igual todo, pues solo era capaz de pensar en sus labios. 

Me quedé pensando en todo lo que había cambiado en ella, en su nuevo rostro, en sus besos, en la forma en la que me acariciaba… Todas aquellas sensaciones, aquel sufrimiento tan atroz, se expandía por mi cuerpo. ¿Cómo podía dejarme caer después de tantos años?

Sus tenía otros planes para mí, nada de estar en pijama, nada de huir de la claridad, nada de no dejarme manosear por la primera idiota que me encontrara. Y allí estaba yo, viendo cómo mi mejor amiga y mi chantajista, se magreaban…

Aquel puto agujero de isla no era lo suficientemente grande. ¿Quería el destino que volviera a terminar entre las piernas de Carol? Sin duda, era una buena forma de recordarme el asco que me daba a mí misma, no sólo por caer tan bajo, sino por quererme tan poco como para obviar lo mal que me hizo sentir aquella elitista que iba de mártir…

Y mientras estaba ahí, con la lengua adormecida en algún rincón de su cuerpo, era a Cris a la que escuchaba jadear, la que me brindaba aquellas sucias palabras que me asqueaban. Sentí ganas de llorar, o de vomitar, pero no lo hice, y en vez de eso, regresé a aquella pose adolescente que siempre me funcionó con las “divas egoístas”, jactarme de lo bien que se me daba llevarlas al clímax.

¿Y Cris? ¿Por qué no estaba allí conmigo? ¿Por qué no me salvó durante todos esos años de caer presa de cuerpos sin alma? ¿ Por qué tendemos a refugiarnos en bochornosos polvos para clavar aún más ese dolor que nos agota?

Daba igual lo que Sus dijera, daba igual la pena que me perseguía como una sombra. Estaba tan cansada de esperar por lo que nunca fue… ¡Se acabó!, me grité, si alguien podía con aquello era yo, y si para ello debía renunciar a mis vida personal, eso haría, total, el trabajo dignifica, ¿no?

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Capítulo 16. ¡Tú lo flipas!

  1. Saludos a las musas (esperando a que el próximo sea un poquitin más extenso).
    Felicitaciones a la escritora que logra, con palabras dadas en cuentagotas, hacernos avanzar de forma vertiginosa por este camino de búsqueda emprendido por Mariam.

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