Capítulo 15. No huyas de tu pasado

Amanecí con el cuerpo roto. El baile, las fuerzas que tuve que emplear en satisfacer a Carol y la tensión que me acompañó toda la noche por sentirme tan sucia, me habían dejado el cuerpo roto. Y encima llegaba tarde…

Marina no tardó ni dos segundos en encerrarse conmigo en el despacho. Suspiré al verla. Lo último que le faltaba a mi dolor de cabeza era que me hablara de Sus, de la fiesta o de cualquier cosa que pudiera provocarme un rechazo total.

— Tenemos un nuevo cliente. Luz me ha dicho que si conseguimos su cuenta, no solo nos darán un plus, también será un gran palo para Virgin Media.

— ¿Para quién?

— Es nuestra competidora más cercana. Creo que antes eran socios, pero algún lío de faldas provocó la ruptura.

— Las faldas solo traen problemas -alegué sin ser consciente de que lo hice en voz alta.

— Ya, por eso me gustan más los pantalones, dan más juego en la cama. Y descubrir las piernas de una mujer…

— Sabes perfectamente cuál es la política de la empresa, no me vengas a contar esas cosas.

— ¿Me vas a despedir por estar saliendo con tu amiga?

Mi cabeza cayó sobre mis manos cubriéndome el rostro. ¿Saliendo? ¿Acaso esa chica no sabía que Sus no era de las que se ennovian? ¡Quería estrangularlas a las dos! Sus me estaba metiendo en un lío del que seguro no saldría bien parada. Ya veía venir los llantos cuando mi amiga decidiera follarse a cualquier otra.

— No quiero saber nada sobre ese tema. Lo que hagas fuera de la oficina no es asunto mío, me importa muy poco si es con Sus o con Pepita Pérez. Si te traes tu vida personal al trabajo, tomaré medidas.

— No creo que te convenga amenazarme cuando ayer montaste una fiesta lésbica.

— No te amenazo, creo que lo estás haciendo tú -inspiré con profundidad-. Tráeme los apuntes del cliente para que me ponga con el proyecto.

Salió de mi oficina, regresó unos segundos después, y dejó tras de sí un portazo que me atronó el cerebro. ¿De verdad tenía que aguantar los dramas de otras? ¡Como si no tuviera suficiente con los míos! 

El recuerdo de Cris regresó a mi mente. No volví a amar a alguien con esa intensidad. Me repetí mil veces que solo era por la novedad que introdujo en mi vida,  por la emoción de sentir que hacía algo prohibido, porque consiguió que me aceptara, no solo como lesbiana, sino como una mujer adulta capaz de llevar las riendas de su vida. Todo fue tan perfecto… Perfecto hasta aquella llamada. “Marian, no quiero seguir contigo. Me voy de España. Ya sé que esto no son formas, pero no digas nada, solo deja que me vaya. Ya no te quiero”. Aquellas palabras se grabaron en sangre sobre mi corteza cerebral. Al principio, no era capaz de creérmelo, ni tan siquiera aquella somatización que me atravesaba las costillas y se me clavaba en lo más profundo de mí, me hizo ser consciente de aquel final. Intenté llamarla mil veces, pero su teléfono permaneció apagado. Aún recuerdo su número. Me doblé completamente, y permanecí en esa posición durante semanas. Llorando desconsoladamente. Lo veía todo tan negro… ¿Qué iba a hacer yo sin ella? Sí, las rupturas duelen, pero cuando las hormonas adolescentes aún circulan por el torrente sanguíneo, todo se vuelve extremadamente dramático. Pasé por todas las fases del duelo, salvo la de la aceptación. Nunca llegué a interiorizar que Cris ya nunca sería “mi Cris”. Pero no toda la culpa era por mi inmadurez sentimental, ella tuvo mucho que ver, porque no me dio una explicación, porque no se deja de querer en un día, porque nos amábamos. ¿Cómo iba a entenderlo si la tarde anterior la pasamos desnudas en su cama?

Regresé a casa, con Cris afincada en mi cabeza, y aquel viejo dolor encallado en mí. Sus estaba en la playa, de nuevo desnuda, de nuevo llena de arena. Miraba al mar, sin moverse. Cuando Sus se quedaba tanto tiempo quieta, no era una buena señal. Dejé mi maletín , cambié los zapatos por las chanclas, y acudí corriendo hasta ella. Quizá unas horas antes deseara matarla, pero verla mal me rompía el alma.

— ¿Qué ha pasado?

— ¡Tú sabrás!

— Vale… Asi es que esto tiene que ver con Marina. Sus, ni siquiera te importa esa chica, solo querías tirártela, ya lo has hecho. ¿Para qué darle más vueltas?

— ¿Desde cuándo eres tan fría?

— Desde que me he dado cuenta de que los polvo son solo eso. Están bien, quizá te satisfagan, pero no tienen más miga.

— Que lo de la morena buenorra no saliera bien no implica que el resto del mundo deba impregnarse de tu mierda.

— Está bien, Sus. Te dejo sola con tus pensamientos.

Con ella mi paciencia siempre fue infinita. Me dolía que se enfadara conmigo, y ella lo sabía, utilizándolo para primero machacarme y después manipularme sin disimulo alguno. Regresé a casa, quería que estuviera un rato sola, a ver si por una vez entendía mi punto de vista. Me puse ropa ancha, que me envolviera, que me hiciera sentir protegida, y me tumbé en el sofá, con el cojín cubriéndome solo los ojos. No pasaron ni diez minutos antes de que sonara el timbre. Cuando abrí la puerta y el rostro de Carol asomó tras ella, sentí que ese momento debía ser mi trágico final.

— No me gusta nada cómo quedamos ayer. No quiero hacerte daño. Debí tener en cuenta tus sentimientos. Podemos ser amigas, pero ahora mismo no quiero una relación seria. No te mereces que te hiera…

— ¡Para el carro! -exclamé alzando la mano para que mi solicitud quedara realmente clara-. No sé de qué me estás hablando. No estoy enamorada de ti, no quiero una relación contigo. No sé de dónde has sacado eso.

— Vi cómo me mirabas mientras bailaba.

— Es cierto que me hipnotizaste, que por un segundo creí haberme enamorado de una mística bailarina. Me encanta cómo te mueves, cómo te expresas con el cuerpo. Pero ya. Echamos un polvo y punto.

— Me alegro de que se haya aclarado esto -dijo con lágrimas en los ojos.

Tras una corta despedida, y un beso fugaz y robado en los labios, se marchó. ¿Acaso no se notaba que no encendió ninguna chispa en mí? Era raro, pero a veces solo quería un polvo, y no meterme en una relación. Además, ¿qué tipo de noviazgo hubiéramos tenido? Sin duda uno en el que yo me sintiera prisionera de los deseos ajenos. Porque estaba muy buena, eso es indiscutible, pero hubo un antes y un después aquella noche. Llegó un momento en el que la conversación dejó de fluir, y si eso sucede el primer día, ¿qué me hubiera esperado en un mes? Quizá una relación basada en un sexo poco satisfactorio… Aún sigo sin entender por qué lloró tras despedirse.

No había hecho más que sentarme, cuando el teléfono sonó… “¡Argggg!”, grité provocando un molesto eco en toda la estancia. El número, desconocido. Desde que estaba allí no había recibido llamadas publicitarias, y no quería ser borde con el pobre comercial que tuvo la mala suerte de llamarme. Lo silencié. A los cinco minutos, comenzó a vibrar el dichoso teléfono. ¿Y si era una llamada importante?

— Marian, soy Lauren. ¿Estás en casa? Necesito hablar contigo.

Anuncios

About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
Esta entrada fue publicada en Buscándome. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s