Capítulo 14. Mami, ¿qué será lo que quiere Carol?

Mis pies no podían más. Aquella mujer no tenía fin, pero estaba dispuesta a desenmarañar la mirada que me tenía cautiva.

Vi cómo Sus se llevaba a Marina dentro. No me hacía ni pizca de gracia que abandonara la fiesta que ella montó para echar un polvo con una de mis empleadas. Como se le ocurriera decir algo de mí, íbamos a tener más que palabras…

— ¿Quieres ir para allá?

— Debería. No me haría mucha gracia que esto se descontrolara demasiado.

— Si lo hace, solo tenemos que irnos a casa.

— Esta es mi casa…

Carol me miró, primero extrañada, y luego divertida por la idea de que yo fuera la artífice de algo que derivó en una bacanal. Solo había que echar un vistazo, y ver cómo, bajo la tintineate luz de las antorchas, las mujeres disfrutaban de los placeres que solo el cuerpo puede brindar.

— Te va a costar echarlas…

— Las dejaré encerradas en la playa, y me iré a dormir.

— Me gustaría más que continuáramos charlando.

Su cuerpo seguía meciéndose al son de algún tipo de energía ancestral. Podría haberme pasado la vida contemplándola. ¡Qué absurdos son estos enamoramientos! Pero, joder, no siempre se tiene la oportunidad de contemplar a una Diosa bailando para ti. Mi mente viajaba tan lejos…, a una dimensión paralela, en la que sus contoneos se situaban sobre mí, en la que sus labios no tarareaban, sino que me besaban, en la que mis manos dejaban de sujetar las piedras y se deslizaban con soltura por su espalda. No la conocía, pero ya me tenía rendida a sus pies. Ojalá no fuera tan lenta en todo, ojalá hubiera hecho algo para que aquella escena continuara en mi habitación. Pero no, ¿por qué la idiota de Marian haría algo así? Era mucho más sencillo permanecer inmóvil, y ver como cualquier esperanza se desvanecía entre las sombras de la noche. Me faltan palabras que describiesen aquellas placenteras sensaciones que Carol inspiraba en mí.

— ¿¡Aquí has estado toda la noche!? Ya podía volverme loca buscándote.

— Donde no estaba era en tu cama con Marina.

— No sabes qué fiera -afirmó mientras fue consciente de la presencia de Carol-. ¡Hola! No te conozco de nada, pero deberías salir con ella. ¡Es un partidazo! Y tú estás súper buena. ¡Joder, tía! ¿Cómo coño lo haces? ¿De verdad sirve ponerle ojitos?

— ¿Te quieres callar?

— No creo que se haya enterado de nada. Mi castellano es tan culto que ni un erudito de Cambridge podría descifrarlo.

Carol torció la cabeza. Sus era una bocazas, y en ese momento deseaba estrangularla. 

— Mi amiga es algo idiota, y dice cosas en español que no tienen sentido alguno -le aclaré.

— Agradezco el cumplido -replicó en un perfecto castellano.

Quería morirme. Morirme tantas veces como pudiera. Carol, aquella morena de largas piernas resultó no ser una isleña, sino colombiana.. A Sus le resultó gracioso, y comenzó a empujarme hacia Carol, que nos miraba desde las alturas. Quizá el codazo que le propiné logró que nos volviera a dejar solas, en ese mundo perfecto que mi mente ideó para ella, para nosotras.

— Supongo que ella es la que te ha obligado a venir a esta fiesta.

— Sí -suspiré-. Siento todo esto. 

— ¿Sientes que lo dijera o que lo entendiera?

— Supongo que ambas cosas.

Carol se limitó a sonreírme. Pero no con la misma mirada que me regaló durante la noche, algo había cambiado en ella. Se acercó muy despacio, se agachó lo suficiente como para que su boca quedara en mi oído y me susurró: “eres una cobarde”. No entendía nada. ¿Cobarde?, ¿por qué?

—  Esperaba que me besaras.

— No soy de dar primeros pasos.

— Entonces lo dejamos así…

¿Lo dejamos así? Carol me inspiraba más dudas que alivio. Era una chica mona, eso no se puede discutir, pero había algo en ella que me echaba para atrás. ¿Me gustaba? Sin duda. Pero, ¿hasta qué punto? Desde luego no quería una relación con ella. Demasiado fría hablando, demasiado distante, demasiado reiterativa, demasiado prepotente quizá. No sé, algo me chirriaba en los oídos, y eso nunca fue buena señal.

Estaba ya convencida de que aquello se quedaría en una charla sin más, hasta que Carol decidió quitarse la ropa. Su bikini, en esa penumbra me recordó tanto a Cris… Su cuerpo, esculpido por algún dios, provocó en mí un colapso neuronal. Cris también era perfecta. Cris…, ¡joder!, desde que creí verla en aquella fiesta, no era capaz de quitármela de la cabeza. Me acerqué a Carol, y besé a Cris, aunque no eran sus besos, aunque no eran sus labios. Me estaba volviendo loca.

Lo que vino a continuación era de esperar, o no. Ella desnuda, yo dándole placer, ella avergonzándose y yo sin sentir la necesidad de que me tocara. Era solo un cuerpo, un cuerpo precioso que se movía como la brisa, que me inspiraba tranquilidad cuando sus pies danzaban; pero tan solo era eso. Y toda la emoción inicial por sentirla cerca, se desvaneció tras sus pasos, tras sus palabras. Me sentí apesadumbrada por el hecho de no poder corresponder ese deseo carnal, pero Cris había regresado a mi mente, después de un largo periodo de latencia. ¿Cuánto tardaría en volver a querer que unas manos que no fueran las suyas me tocaran?

Carol pareció satisfecha con mi actuación. Yo intenté fingir que aquello era lo que ansiaba. Quería acurrucarme junto a ella, sin sentir nada más, pero sus prisas me apremiaron a dejar que se marchara y no volviera a mi vida nunca más. Vi cómo se alejaba por la playa, y como me dejaba allí, rota por los recuerdos, rota por Cris. A mi mente regresaron aquellas risas que me brindó en una playa muy lejos de aquella, las miradas furtivas, la lucha constante que vivíamos las dos por poseernos. Marruecos no había sido el mejor sitio para que nuestras manos pasaran de roces casuales, y terminaran unidas, junto a nuestros cuerpos, bajo el sol. Debíamos esperar a estar a solas, a amarnos a solas, a que fuéramos una en la oscuridad de nuestra habitación. Solo deseaba que aquel espectro que vi en la fiesta hubiera sido ella. La echaba tanto de menos…

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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