El reencuentro V (2)

Ayer me dijeron que el final que había escrito era un poco… (mierda). No sé si este también lo será, pero no hay otro, y no lo habrá. Espero que este cumpla las expectativas de quienes decidan invertir su tiempo en leerlo. Solo me queda decir que fue más un experimento que otra cosa, pues escribir en tercera persona es un suplicio para mí.
Los meses habían pasado, dejando heridos los sentimientos de ambas. Fátima seguía esforzándose en avivar una llama que no sabía si estaba apagada. Lucía, por el contrario, no dejaba de echar agua, de eliminar el oxígeno del pasado, y buscar un futuro sin ella.

Fátima, estática, contemplando la gente que pasaba por su vida, el tiempo que se le escurría entre los dedos. No podía dejar de pensar en una Lucía cada vez más despegada de aquello que les unía. No concebía que el amor se acabara, no lo llegaba a comprender. Seguía sintiendo aquello mismo que compartieron entre sábanas, entre risas. Quizá su visión sobre el mundo, sobre las posibilidades, había cambiado. Ya no era aquella niña que veía el mundo como un terreno llano. Sabía lo difícil que es perseguir un sueño, y más, cuando ese sueño implica los deseos de Lucía. Se arrepentía de cada euro que había malgastado en fiestas y drogas, de cada vez que compró algo que no necesitaba. Porque ese dinero, en ese instante, podía haber cambiado el curso de las cosas. Y viví ahí, refugiada en sus recuerdos, en las ensoñaciones con las que convivía, sin escapatoria, sin poder regresar a España, sin poder tener realmente a la mujer que amaba.

Lucía se sentía hundida. Hacía mucho tiempo que su mente había caído en un pozo sin esperanza. Ella ya la había perdido, quizá nunca la tuvo, e intentó refugiarse en una vida en la que Fátima no tenía cabida. Pensaba en el trabajo, eso le consumía el día y la noche, le estaba consumiendo a ella, que cada vez dormía menos y gruñía más. Para Lucía, las cosas nunca fueron fáciles. Siempre había luchado por cada céntimo que había caído en su bolsillo, por cada peldaño que había subido. Consideraba su vida como una eterna cima que nunca alcanzaba. Sus sueños…, hacía mucho que no los tenía, las situaciones le habían llevado a renunciar a ellos. Fátima fue el último, pero terminaba siendo una piedra muy grande que no era capaz de sortear.

La edad no entiende de estupideces, y Lucía cometió tantas, que terminó refugiándose en una burbuja de la que salió al conocer a Fátima. Pero no podía contarle cada situación que atravesaba, la mayoría de sus problemas eran laborales, o eso pensaba ella, y quizá ese era el problema, que pensaba demasiado en todo. Fátima hacía tiempo que se sentía desplazada, y también optó por contar cada vez menos de una vida que ella consideraba vacía, y que el mundo envidiaba.

Después de la “gran discusión”, Fátima logró que Lucía le dirigiera de nuevo la palabra, con la misma artimaña de siempre, hacer que ella se preocupara. La conversación, aunque tensa, mantuvo un tono cordial. Lucía postuló sus argumentos, intentando, una vez más, que Fátima comprendiera que el futuro existía, pero cada una tendría el suyo en un plano distinto. Fátima regresó a sus respuestas de comprensión, aunque, en silencio, gritaba que no se fuera.

Cada una continuó su camino, con mayor o menor acierto. Fátima siguió pensando en Lucía, y Lucía siguió buscando a Fátima en otros labios. Estaban condenadas a amarse, pero sin compartir el mismo espacio, aunque, cada noche, se encontraban en sus sueños, se abrazaban y se amaban como si el tiempo no pasara por sus besos. 

No hubo más encuentros, jamás sus miradas volvieron a cruzarse. Y así es como terminó un “quisieron pero no pudieron”, con sonrisas que brindaban a un mundo que no las comprendía, porque sus receptoras eran Fátima y Lucía. 

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to El reencuentro V (2)

  1. Marta dice:

    En el 2013 leí un poema tristemente buenísimo q pasó a ser uno de mis favoritos; es de Neil Hilborn, sufre de TOC (trastorno obsesivo compulsivo)
    hasta q empecé a leer mucho más sobre Salinas, Pedro Salinas, tu favorito, de ahí fui haciéndome mucho más adicta a cada uno de sus poemas, a cada una de tus palabras, a cada tono de tu voz, a cada mirada, sonrisa, gesto letra, frase o caricia q me regalabas.

    “La primera vez que la vi…
    Todo en mi cabeza se silenció
    Todos los ticks, las imágenes constantes desaparecieron.
    Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo en realidad no tienes momentos callados.
    Inclusive en la cama estoy pensando:
    ¿Cerré las puertas? Sí
    ¿Me lavé las manos? Sí
    ¿Cerré las puertas? Sí
    ¿Me lavé las manos? Sí
    Pero cuando la vi, la única cosa en la que pude pensar fue en la curva de la horquilla de sus labios.
    O la pestaña en su mejilla–
    La pestaña en su mejilla–
    La pestaña en su mejilla.
    Sabía que debía hablar con ella
    La invité a salir seis veces en treinta segundos.
    Ella dijo que sí después de la tercera,
    pero ninguna de las veces que pregunté se sintió bien así que tenía que seguir haciéndolo.
    En nuestra primera cita,
    pasé más tiempo organizando mi comida por colores de lo que pasé comiéndola o hablando con ella.
    Pero le encantó.
    Le encantaba que tuviera que besarla para despedirme 16 veces, o 24 si era miércoles.
    Le encantaba que me tomaba todo el tiempo caminar hacia casa porque había muchas grietas en la banqueta.
    Cuando nos mudamos juntos ella dijo que se sentía segura,
    como si nadie nos fuera a robar porque definitivamente había cerrado la puerta 18 veces,
    Yo siempre veía su boca cuando hablaba–
    Cuando hablaba–
    Cuando hablaba–
    Cuando hablaba–
    Cuando hablaba;
    Cuando me dijo que me amaba, su boca se curveaba hacia arriba en los bordes.
    En la noche ella se acostaba en la cama y me veía apagar todas las luces, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas.
    Ella cerraba los ojos y se imaginaba que los días y las noches pasaban frente a ella.
    Algunas mañanas empezaba a besarla para despedirme y ella sólo se iba porque estaba haciéndola llegar tarde al trabajo.
    Cuando me detenía en las grietas de la banqueta ella seguía caminando.
    Cuando me decía que me amaba su boca era una línea recta.
    Me dijo que estaba tomando mucho de su tiempo.
    La semana pasada empezó a dormir en casa de su madre.
    Me dijo que nunca debió dejarme apegarme tanto a ella; que todo esto fue un error,
    pero… ¡¿Cómo podría ser un error que no tenga que lavarme las manos después de tocarla?!
    El amor no es un error y me está matando que ella pueda salirse de esto y yo no.
    No puedo–
    No puedo salir y encontrar a alguien nuevo porque siempre pienso en ella.
    Usualmente, cuando me obsesiono con algo, veo gérmenes escabulléndose en mi piel.
    Me veo a mí mismo siendo atropellado por una infinita línea de coches.
    Y ella fue la primera cosa hermosa en la que alguna vez me he estancado.
    Quiero despertar todas las mañanas pensando en la manera en la que agarra el volante.
    Cómo mueve las manijas de la regadera como si estuviera abriendo una caja fuerte.
    En cómo sopla las velas–
    cómo sopla las velas–
    cómo sopla las velas–
    cómo sopla las velas–
    cómo sopla…
    Ahora sólo pienso en quién más está besándola.
    No puedo respirar porque él sólo la besa una vez­– ¡No le importa si es perfecto!
    La quiero de regreso tanto que…
    Dejo la puerta sin cerrar.
    Dejo las luces prendidas”.

    Quizá la diferencia es q yo no duermo, y solo pienso en ella.
    Pq su piel es mi piel, y su calor es el mio.

    • Remendada dice:

      Mucho tiempo sin leerte. Gracias por compartir ese poema. Sí, es triste, muy triste. Saber que la persona a la que amas se aleja, es duro; pero más duro se vuelve si todo lo que amaba en ti termina siendo lo que odia.
      Espero que estés bien, y espero verte de nuevo por estos mundos.
      Un saludo.

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