El reencuentro IV Fátima

¡No la entiendo! Cumplo cada una de sus reglas: nada de hablar de amor, nada de decirle que la quiero, nada de hablarle del futuro, nada de nada. Y aún así, ella se enfada. Tengo miedo de cualquier frase que pueda decirle, porque parece que siempre meto la pata. Sé que a veces no soy la persona más madura del mundo, pero no soy como las chicas de mi edad, siempre he tenido responsabilidades, siempre he tenido que cuidar de mi familia. No sé cómo no es capaz de entenderlo. ¡Joder, que es mi familia! 

Si supiera cuánto hago para que podamos estar juntas, quizá llegara a comprender cuánto la quiero. No quiero a otra, me da asco solo pensar que una manos que no sean las suyas me toquen. El mismo que al imaginar que le rozan a ella. No sé si en este tiempo ha estado con alguna. Nunca me cuenta nada de su vida, ya no sé nada de ella. Y no parece la misma, ahora siempre está enfadada, y termina pagándolo conmigo. ¿Cómo pretende que no sea cortante si me trata así?

Sé que me quiere, lo sé, aunque se pase el día tonteando con uñas y con otras. Sé que es conmigo con quién sueña. Al igual que yo lo hago con ella. No hay noche que no me visite en la cama. Tengo su olor clavado en mí. Sé que me ama, porque me sonríe, entre sus enfados vuelve esa mirada de fuego que hace que me rinda a sus pies.

Pero en vez de esperar, ha decidido sacarme de su vida. Ya lo ha intentado antes, pero siempre vuelve. Esta vez no creo que lo haga. Se ha ido lejos, muy lejos de mí.

Llevo más de un año buscando la fórmula para que estemos juntas y, ahora que casi puedo rozarla con la punta de los dedos, ella se cansa de esperar. Solo eran un par de meses más, ¿qué le cuesta? Es cierto que antes le hice esa promesa, pero esta vez es en serio. Dos meses máximo y podríamos dormir juntas. Puede que ya no quiera dormir a mi lado. Adoro mirarla mientras duerme, no he sentido tanta paz nunca, bueno, cuando duerme y me abraza, es tan tierna.

No pienso disculparme más. ¡Estoy harta de ser siempre yo! Que venga ella y me suplique. Es una cabezota, Lucía es la mujer más orgullosa que conozco. No volverá a mí, y noto que se rompe algo en mí cuando no tengo sus palabras. La echo de menos, y podría gritarlo, gritar que la amo, que no puedo vivir sin ella, que me dé dos meses más, que estaremos juntas siempre. Pero no, ella no volverá, y yo no daré de nuevo el paso.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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