El reencuentro II

Lucía esperaba ansiosa la salida del avión. Había pasado la noche dando vueltas en la cama y a su cabeza. Pensaba en Fátima, en lo bien que le hacía sentir. Tenía miedo, un temor que le paralizaba. ¿Y si ya no le parecía atractiva? Lucía nunca estuvo con alguien tan joven, y la idea le atormentaba, pero, al mismo tiempo, se sentía tan atraída por ella, que no podía seguir escuchando las voces que le decían que cometía un error. Para ella, el error sería no volver a sentir las manos de Fátima por su cuerpo. Pero se sentía mayor, incapaz de cuidar de aquella chica que tenía todo un mundo por descubrir. No comprendía cómo Fátima se había fijado en ella. No era nada del otro mundo, y ella, sin embargo, parecía sacada de la Pasarela Cibeles. Tan alta, tan delgada, tan guapa, con esa piel color canela, y su pelo, moreno y rizado. “¿Qué le llamó la atención de una mujer tan normal como yo?”, se preguntaba constantemente Lucía.Tras coger dos autobuses, un “transfer”, esperar durante dos horas en la cola de facturación, Lucía no sabía qué más hacer. Salió y entró mil veces. Aspiraba el humo del cigarro con más énfasis que un murciélago. Incluso se mareó, y terminó sentada en el suelo, bebiendo a grandes sorbos el agua de su botella, sin soltar aquel cigarro, sin desprenderse de lo que ella pensaba que le tranquilizaba.

Nunca fue una mujer paciente, siempre anduvo correteando, con algo en las manos, como si ese papelito fuera la forma de expulsar sus nervios. Llevaba mucho tiempo ansiando que sus manos solo corretearan por el perfecto cuerpo de Fátima, esa chica que era “huesos, unidos por muy poca piel”.

Decidió entrar dentro, y tras quedarse descalza y medio desnuda ante un público de lo más variopinto, fue en busca de una cafetería, a tomarse un refresco y un poco de tarta. Con los nervios, ni había desayunado. Buscó un enchufe, se puso la música, he intentó sin éxito conectarse a esa red wifi fantasma que tienen en Barajas, y que nunca funciona.

Llegó la hora del embarque, del despegue y, tras cinco horas, del aterrizaje. Huyó del avión, conociendo ya el camino que debía recorrer para sellar su visado, y esconderse en la sala de fumadores las dos horas que pasaría en ese aeropuerto desierto. Encendió su móvil, y le mandó un mensaje a Fátima, para que supiera que la escala estaba yendo bien, pero ese mensaje tenía un trasfondo, necesitaba saber que ella deseaba ese encuentro con la misma magnitud con la que lo hacía Lucía. Tras más de un kilo de alquitrán, fue a por otro refresco. Lucía estaba agotada, y aunque temía que sus nervios aumentaran, decidió ingerir cafeína, quizá fuera lo único que le mantuviera en pie. 

La gente comenzó a aparecer de la nada, y formaron una cola delante de la puerta de embarque de su vuelo. Otra espera, otro avión, otra hora y media que le separaba de ella. Se pasó el vuelo pensando en su cuerpo, lo recorrió mentalmente una y otra vez, esperando que nada hubiera cambiado, no quería que la perfección se hubiese esfumado.

Volvió a corretear por la terminal, ansiosa. Su maleta tardaba en salir, y ella miraba de reojo las enormes cristaleras, esperando poder ver a Fátima, esperándola. Pero no estaba. Algo le dio un vuelco en el pecho, y las peores situaciones pasaron por su mente. Se veía sola en un país extranjero, sin conocer el idioma, sin saber a dónde ir. Tomó la maleta con el corazón encogido, y se dispuso a salir de un aeropuerto sin sala de espera. Mostró su pasaporte, mientras no dejaba de buscar soluciones a ese problema que su propia mente había creado.

Cabizbaja, agotada y con un nudo en la garganta, levantó la vista por última vez, con el deseo de que ella estuviera ahí. Y lo estaba, Fátima la esperaba con una postura casi infantil, con las piernas cruzadas, encogida de hombros y con esa mirada de admiración que le ablandaba el carácter. Estaba más guapa de lo que su memoria era capaz de rememorar, era una perla, su perla. Hubiera corrido a sus brazos, pero se contuvo, y solo le sonrió.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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