El reencuentro I

Fátima se encontraba nerviosa, tanto, que el estómago bailaba dentro de su cuerpo. Había esperado meses ese momento, ver de nuevo a la mujer que le había hecho sonreír. Por lo general, su asistencia a fiesta era un hecho cotidiano, pero la inauguración de la tienda de Alicia le había trastocado sus planes. No sabía si podría ir a por Lucía al aeropuerto; y, de hacerlo, sería con ese vestido negro que le hacía parecer aún más delgada. Fátima había elegido unos pantalones vaqueros, cortos, que dejaran ver sus largas piernas, unas zapatillas, y cualquier camiseta. Creía que la ropa que llevara esa noche, representaría la cercanía que sentía con Lucía. Pero no iba a ser posible, y tendría que incumplir la promesa de no llevar tacones. Fátima ya era lo suficientemente alta, eso a veces le molestaba, y terminaba encogiendo los hombros, como si ese hecho hiciera que el mundo la viera desde otro ángulo. 

La inauguración fue como tantas otras a las que había asistido, con la salvedad de que esa vez, el móvil no abandonó su mano, y constantemente miraba la hora, viendo cómo aquellos dígitos permanecían inamovibles, sumando minutos lentamente. Un mensaje le sacó de su rutina de sonrisas y saludos. Era Lucía, que le hacía saber que su escala iba bien, que estaba cenando algo, y que ansiaba verla, aunque nunca se lo dijo de esa manera.

Fátima se subió al coche, y condujo hasta el aeropuerto. Sus nervios cada vez eran más visibles, las manos le temblaban, y notaba que le faltaba el aire. Se preguntaba si le saldrían las palabras. Pero no era hablar lo que en realidad quería, era besarla, besarla tanto que sus labios se entumecieran. Necesitaba volver a su habitación, sentir su cuerpo, el calor que este desprendía, y le hacía sentir una paz desconocida. Sabía que la amaba, pero nunca se atrevió a decírselo, le daba miedo que los ojos de Lucía le estuvieran engañando, que para ella, una mujer madura, el amor fuera algo con lo que no convivía.

Pensó en esperarla fuera, como lo hizo aquella primera vez, pero no quería resultar distante, quería que Lucía sintiera, desde el primer momento, las ganas de abrazarla que le invadían. En su mente, la abrupta despedida de la fiesta, las extrañas miradas y los rápidos besos, habían sido eliminados por completo. Solo pensaba en Lucía. Lucía era ese nuevo universo por explorar. 

Había estado con muchas mujeres, había sentido las caricias en su piel, pero ninguna logró que su cuerpo entero fuera un receptor nervioso, ninguna consiguió que el mundo desapareciera literalmente.

Ahí estaba, en ese aeropuerto que había visitado tantas veces, pero con unos nervios renovados. La primera vez también sintió un escalofrío que le helaba la sangre, aunque esa todo era distinto, y al mismo tiempo igual. Pocos días antes, Lucía le había dicho que se acabó, que no podía seguir con esa relación. Fátima sintió todo el peso del mundo sobre ella. No entendía nada, hasta horas antes habían hablado como siempre, con esa dulzura que Lucía siempre le sacaba. No fue capaz de anticipar sus deseos de dejarla con todo sus sentimientos en las manos. La odió. Durante un segundo la odió con todas sus fuerzas. ¿Por qué la dejaba de esa forma? Pero volvió a cambiar de opinión. Regresaría a verla. Fátima supuso que no tenía las cosas claras, y que era un intento de Lucía por aclarar sus sentimientos.

En eso momento, ya no importaba, la estaba viendo, se acercaba a ella con su maleta azul y su cara de cansancio. Incluso con el peinado que dejan los aviones, con las ojeras, con los pies arrastrados, incluso en ese momento, le pareció ver una diosa.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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