En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 33

Me subí al coche, enfadada hasta el extremo, mientras ella solo me sonreía, cosa que me cabreó aún más.

– Me alegro de verte.
– ¿Qué coño haces aquí?
– No te pongas así. ¿No te alegras de ver a una amiga?
– No, si esta no me avisa de su llegada.
– ¿Tenías un plan mejor que pasar la tarde conmigo?
– Quizá.
– No seas así. Venga, que te acompaño a la reunión de “las viejas glorias”.

Así era como Carmen se refería a las reuniones de mujeres lesbianas a la que le llevé hacía un siglo.
Hacía mucho que no me pasaba por allí, pero poco había cambiado. Algunas caras nuevas, algunas que conocía, algunas que me sorprendieron, pero la misma esencia.
Un beso me sacó de aquel análisis. Mi mano se llenó de ganas de acariciar con fuerza una mejilla, pero no soy demasiado agresiva, y creí más conveniente apartar a aquella osada. Pero, por un segundo pensé que sería Amanda, y la echaba de menos, aunque solo hiciera diez horas que no la veía.

– ¿Alguna vez dejas de pensar?
– Eres una idiota. ¿Quién te da derecho a besarme?
– Yo. Estás preciosa -dijo mientras sus manos se posaban en mis caderas.
– Carmen, no quiero montar un número aquí.
– Si quieres vamos a tu casa y lo montamos allí.
– No me toques.
– Venga, Sandra, que soy yo.
– Por eso, porque eres tú.

Las chicas empezaban a ponerse más cómodas, y ya se escuchaba algún gemido. Odiaba que aquellas reuniones que se crearon para luchar por los derechos del “gremio”, se hubieran convertido en una orgía.
Era mejor irse, dejar atrás aquella situación que me desquiciaba, dejar a Carmen, no solo allí, sino alejarla de mi vida. La había amado con todas mis fuerzas, la había esperado con ansias, pero ya era tarde, ya había empezado a olvidarla, a sentirme atraída por otras mujeres, no solo en un plano sexual, también emocional. No es que me hubiera enamorado de Amanda, pero sí que me gustaba lo suficiente como para verla fuera de mi cama.

– Sandra, espera. Quiero que firmes esto.
– Luna, tengo algo de prisa. ¿Qué es?
– Es una solicitud para que las que usan este lugar para complacerse, dejen de hacerlo o dejen de venir. Esto es un lugar de tertulia, no de folleteo.
– Trae.

Al fin alguien se había postulado en contra de aquella situación. Esperaba que Carmen también apoyara aquella solicitud, aunque a ella le daba igual lo que allí sucediera. Cada vez que fuimos, terminamos en un rincón, haciendo lo mismo que en su casa, que en la mía, que en aquella que fue nuestra. Y no solo eso, terminamos participando en tríos y orgías. En aquella época no me parecía mal, pero estaba tan absorta en los deseos de ella, que me olvidé de los míos propios.
Fui pensando todo aquello hasta casa., intentando ignorar las continuas llamadas de Carmen. Pensando en todo lo que había renunciado, en todo lo que había cambiado, solo por ella. Entonces me di cuenta de que lo estaba superando, de que mi enfado no era solo por la forma de dejarme, ya se prolongaba a todo aquello que había permanecido oculto en mi memoria, fuera de mi raciocinio.

– ¡Qué tarde has llegado! Pensaba que me quedaba sin verte.
– No sabes cuánto me alegro de verte.

Amanda había venido a verme. Ese hecho me hizo volver a sonreír, ella me hacía sonreír.
Subimos a mi casa, y en vez de quitarme la ropa, empujarme hasta la cama, y que disfrutáramos nuevamente del sexo, se sentó en el sofá, y me preguntó qué tal había ido mi día.

– El rodaje como siempre, ya sabes. Luego ha venido una conocida a verme, y fuimos a una reunión con unas amigas -no estaba dispuesta a hablarle del “Círculo”-. ¿Qué tal fue el tuyo? -pregunté mientras le tendía una copa de vino.
– Bien. Ya terminamos casi todas la escenas allí, nos queda solo hacer unos planos de exteriores. Luego me llamó mi ex, y fui a ver qué tripa se le había roto. Al final no era nada, solo quería que le programara unas cosas en el ordenador.
– ¿Tienes buena relación con ella?
– Sí, Germán es un buen tío. Tenemos nuestros más y nuestros menos, pero siempre está cuando lo necesito.

¿Germán? ¿Tío? Había presupuesto que era una mujer, que Amanda era lesbiana. Creo que no somos conscientes de la diversidad que existe. Al principio, me chocó bastante, incluso me disgusté, pero me gustaba mucho esa chica, ¿qué más me daba con quién se acostara?

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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