En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 32

Y pasó algo que no suele ocurrir, un milagro donde los haya, había sitio para aparcar en el centro de Madrid, justo a la puerta de mi casa. Amanda aparcó el coche, y yo no pude resistir la tentación.

– Ese café nos lo podemos tomar ahora.

Ella aceptó la oferta, y fue muy decidida hacia un bar. Yo me quedé en la acera, la miré sin saber qué hacer.

– Yo tengo mejor café que el del mesón.

Amanda me miró algo confusa, como si mi insinuación no fuera real, pero lo era. Odiaba ese bar, siempre que tuve que tomar algo ahí, no me habían dejado tranquila, hasta el punto de llamar a la “prensa” para que me fotografiara a la salida y así hacer publicidad de su establecimiento. Es cierto que había muchos más sitios a los que ir, pero prefería que esa noche tranquila, terminara de la misma forma, con nosotras en un sofá, charlando de cualquier tema.
Preparé unos descafeinados, para poder conciliar el sueño ese domingo. Nos sentamos y estuvimos charlando de todo, incluso de política, cosa que me encantó, porque aun teniendo opiniones distintas, ella respetó las mías, sin ponerse a la defensiva, ni a la ofensiva, simplemente me escuchó.

– Son las doce. Creo que es hora de irme, que mañana toca currar.
– Sí, hay que dormir algo -ansiaba que no se fuera-. Si quieres, puedes quedarte aquí. Me has dicho que tienes que rodar en los exteriores del Congreso, y Tres Cantos pilla un poco lejos.
– ¿Me vas a hacer dormir en el sofá o me harás un hueco en tu cama?

No sé por qué, a veces, soy tan idiota. Claro que deseaba que se metiera en mi cama, pero no me sentía capaz de pedírselo. Así es que opté por hacérselo ver. Cogí su mano, ella se levantó del sofá, y, siguiéndome, llegamos a mi habitación.
Al principio, parecía que Amanda solo estaba dispuesta a conciliar el sueño a mi lado, así es que me giré, para hacer lo propio. Cuando me estaba quedando frita, noté su aliento en mi nuca, su brazo sobre mi cuerpo. Dudé, no sabía si aún estaba despierta, pero su respiración era cada vez más rápida. Me volví hacia ella, y, sin esperarlo, un beso me recibió.

– Lo he intentado, pero me pones mucho.

No es que esa frase fuera la más apropiada para llevarme “al huerto”, pero, en ese momento, me volvió loca. Por lo que continué con sus besos, y añadí mis caricias.
Amanda era una mujer con un gran talento en la cama, no solo era complaciente, sino que se preocupaba de lo que me gustaba, de cómo me sentía. Unas características que transformaban mis ganas en un deseo infinito. Sus manos, deslizándose por mi cuerpo, aún hacen que me estremezca. Su lengua, moviéndose, haciendo círculos sobre mi cuello, mis pechos, mi vientre, toda yo. No sé cómo lo hacía, pero cuando creía que no podía más, que caería desmayada, ella me volvía a elevar al cielo. Era increíble cada segundo a su lado, cómo usaba cada parte de ella para volverme una novata que esperaba cada una de sus expiraciones, cada movimiento, cada palabra, para retornar en otro orgasmo superlativo.
Terminé tirada en la cama, exhausta, sin poder mover ni un solo músculo. Eran las siete de la tarde, y llevaba sin dormir demasiadas horas. Amanda se tumbó a mi lado, sin dejar de besarme y acariciarme, pero de una manera mucho más tierna y menos sexual. No recuerdo haberme dormido. Amanda me despertó a las seis de la mañana. No quería irse sin despedirse, sin compartir conmigo una larga ducha, que me haría llegar tarde, y no por lo placentero que resulta sentir el agua tibia sobre la piel, sino por nuestras ganas de repetir alguno de los mejores momentos de la noche.
Me dejó en el estudio, y se marchó. Las ojeras me llegaban hasta los pies, pero no podía dejar de sonreír. Aquella mañana, las chicas de maquillaje, tuvieron que esforzarse mucho para borrar mi rostro cansado, y yo lo tuve que hacer para que no se me notara lo bien que me encontraba.

– ¿Necesitas que te lleve?

Me costó unos segundos ver la cara de aquella mujer sentada en un coche. Pensé que sería Amanda, pero, me equivoqué. Otra vez mi mundo se tambaleaba, y Carmen tenía el don de aparecer cuando menos necesitaba verla.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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