En las Orillas del Mar Rojo. Capítulo 26

Meritxell y su luz. Esa sonrisa, esas miradas, esas ganas de volver a disfrutar del mundo después de haber caído en un abismo de alcohol, drogas y psiquiatras. Seguía teniendo ese punto de locura juvenil que me volvía loca, pero, también, esa vergüenza para mostrar todo lo que podía ofrecer.
Entramos en un local, no sin antes hacer uso de mi nombre y mi presencia para saltarnos la cola. Odiaba eso, pero a mis amigas les encantaba poder ser miradas como parte un imaginario grupo VIP.
El ambiente dentro era igual que el de cualquier otro garito. La barra llena de gente sedienta de alcohol y de la camarera, que siempre era mona, y tenía un poder que atraía demasiado, copas gratis. Al fondo, estaban los rollos de una noche, empezando la sesión con besos, y con manos que deseaban ir más allá. Algunas bailaban en el centro, otras, sólo movían una pierna marcando el ritmo, y el resto, compensaba su poca gracia en la danza, con una enorme sonrisa y un disfrute pleno de cada movimiento. Junto a las paredes, con sus cervezas en las manos, estaban las parejas oficiales, algunas se miraban entre ellas y compartían secretos, otras contemplaban a un infinito imaginario, y unas pocas, mataban con la mirada a cualquiera que pusiera los ojos en la misma dirección que su pareja.
Nosotras hicimos como todas, marcar nuestro territorio creando un círculo en el que nadie podía introducirse. Bailamos, gritamos (con la música tan alta era imposible mantener una conversación), y nos dejamos llevar por la noche, por la humedad que Barcelona siempre regala.
No sé cómo, ni cuándo, pero la mano de Meritxell se agarró con fuerza a la mía. Macu no dejó pasar la oportunidad de hacérselo saber a Arantxa, y ambas, entre risitas, nos miraban y cuchicheaban.
Meritxell se armó de valor, y sin soltarme, me condujo hasta el baño, ese lugar tan poco higiénico donde nacían grandes amores y se rompían demasiadas parejas. Una vez allí, me miró a los ojos, y con ello me dijo todo. Yo también quería ese beso. Meritxell era esa relación que acabó, pero sin terminar nunca.

– No puedo.
– ¿Estás con alguien?
– Meri, no es eso. No puedo hacerlo aquí.
– No recordaba el asco que te daban los lavabos.
– Tampoco es eso. No puedo hacerlo.

Su cara se transformó. Intenté explicarle que no le estaba rechazando, que tan solo no podía besar a otra mujer en público, pero aquello lo entendió aún menos.

– ¿Dónde ha quedado eso de que no puedes ser tu misma si vives en las sombras?
– Sigo pensando así, pero si alguien me viera…
– ¿Qué? ¿No soy lo suficientemente alta, guapa, rubia para besarte?
– Eres preciosa.
– Ya…, pero no soy alguien importante y tú sí.

Mi momento de réplica se fue tan rápido como ella salió de allí. Tenía razón, y yo no podía quitársela. Hacía años, yo era la que le animaba a que abandonara el armario, y correteara libre y orgullosa por un mundo que no era tan benevolente como te imaginas a esa edad.
Regresé junto a Macu y Arantxa, que me miraban con desaprobación. Al parecer, se había ido, y ya no podría hacer nada para cambiar la situación. Aquello me agobiaba en exceso, y también decidí que era hora de terminar la noche. Me despedí de las chicas, con la promesa de no tardar tanto en volver, cogí un taxi, y me planté en la puerta del hotel en menos de diez minutos.
Barcelona era una ciudad impresionante de día, pero de noche, lograba sacar de mí mil emociones. El hotel se veía desde el principio de la calle, con esas luces blancas que contrastaban con las anaranjadas y lúgubres farolas. Delante de las grandes cristaleras que ejercían de puertas, una sombra conocida se encogió de hombros. Tuve que dar unos pasos para poder dar forma al rostro de Meritxell.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to En las Orillas del Mar Rojo. Capítulo 26

  1. Eli dice:

    Estoy un poco indecisa sobre leer está continuación porque hay dos posibilidades, dejas de escribir o… me convierto automáticamente en ‘nadie’… jajaja las cosas de la vida!

    Creo que me gusta el nuevo inicio del blog 🙂

    • remendona dice:

      Dejaré de escribir entonces, no me perdonaría que te convirtieras en “nadie”. Aunque, quizá no te guste, que también puede pasar.
      Sobre el nuevo inicio, aún está en construcción, a ver si WordPress deja de darme problemas, y hago un índice más bonito. Creí que ya iba siendo hora de que esto dejara de ser un cajón desastre, y se tuviera acceso a cualquier capítulo con un solo click.
      Un placer verte por aquí. Infórmame si debo dejar de escribir.
      Un saludo.

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