En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 15

Me volvió a hacer sentir sucia, como cuando no le importó que me fuera de Los Ángeles. Se quedó en la puerta, sujetándomela, esperando a que por fin desapareciera de su vida. Echándome en cara unos supuestos celos por su carrera: “como ahora soy yo la que triunfa…”. ¿Acaso el éxito me haría dejar de amarla? ¡Qué idiotez! Yo no me enamoré de la Carmen que sale en la tele, sino de la que, al llegar a casa, se fundía en un beso eterno conmigo, de la que me pedía que parase, la que me decía que era peligrosa sólo porque no era capaz de separarme de su cuerpo desnudo. De una Carmen que nada tenía que ver con la que me mostraba en Sharm, que era la misma que aparecía en los medios de comunicación, una manipuladora con pretensiones de diva.
Anna me llamó al teléfono de la habitación pidiéndome que fuera a la de Carmen lo antes posible. Me asusté. No sé por qué motivo, esa niña me infundía un instinto maternal y protector. Acudí corriendo, y llamé a su puerta mientras intentaba recuperar el aliento. Su voz me sonó extraña, y necesitaba saber qué era lo que le sucedía, sin pararme a preguntar la razón. Ella entreabrió la puerta, asegurándose de que yo era la única persona que se encontraba en el pasillo, y me dejó pasar.
Oí cómo cerraba la puerta tras de mí, y no quise avanzar hasta la estancia principal sin antes ver su cara. Me giré, ella me miró, y no supe reconocer ninguna expresión de angustia o desasosiego. Llevaba sólo una toalla, como si no me esperara, y eso me preocupó aún más. Me instó a continuar hasta la habitación, que incluía un pequeño salón a la derecha. Lo que encontré allí, me sorprendió aún más que la llamada, Carmen y Agnes iban vestidas de la misma forma que Anna, y me contemplaban expectantes.

– ¿Os habéis quedado todas sin agua caliente?
– Sandra, ven -dijo Carmen tendiéndome la mano.

No sé por qué motivo le hice caso, y avancé hasta situarme a su altura. Ella se desprendió de la toalla, y vi de nuevo aquel cuerpo que tanto placer provocó en mí, que tanto soñé, y por el que tanto lloré. No sabía cuál era el siguiente paso, ni qué significaba todo aquello. Mi cerebro parecía más idiota que de costumbre, y cuando me quise dar cuenta, mi camiseta estaba intentando salir por mi cabeza.

– ¿Qué haces?
– Vamos a pasárnoslo bien.
– ¿Cómo?

Ni me di cuenta de que Anna era la única incapaz de comprender aquella conversación. Nunca hablé con Carmen en inglés, y, en ese momento, ni me lo planteé.

– Sandra, hemos pensado que deberíamos hacer un cuarteto. Anna es lésbicamente virgen, y nos comentó que le gustaría iniciarse con varias, así es que pensamos que esta sería una buena forma.
– ¿Y qué cojones pinto yo en todo esto? -pregunté con enfado y sin terminar de creerme lo que estaba escuchando.
– Sandra, ni que fuera tu primera vez. Cuando lo hicimos con Olga y Trini, no fue nada mal.
– ¿Me estás diciendo esto en serio?
– Quiero volver a besarte, a acariciarte, a que seas mía.
– Esto es el colmo. ¿Te has vuelto idiota? -le reproché mientras me giraba, y me recolocaba la ropa.

Anna me detuvo en seco. Me miraba sin saber qué estaba pasando. Yo respondí con ira. Pero era tan dulce…, me mataba esa juventud, esos ojos que parecían asombrase por cada contraste de luz. Me abrazó con fuerza.

– Les dije que tú no aceptarías, pero no quieren hacerlo sin ti. Lo siento.
– ¿Por qué te prestas a esto?
– ¿Yo? A mí me convencieron, me propusieron esto porque saben que me gustas, pero yo hubiera preferido acostarme solo contigo, no tener que compartirte.

Me volví enfurecida. Estaba claro que se estaban aprovechando de esa muchacha para meterme a mí en medio. Aquello era inaceptable. No es que yo sea una defensora de la virginidad, aunque guardé la mía con algo de recelo.

– ¿Desde cuándo eres una gilipollas integral? -pregunté claramente asqueada a Carmen.

Ella, en vez de responder lo irrespondible, se colocó de nuevo la toalla, me cogió del brazo, y me sacó a la terraza. Nuevamente, algo en ella hacía que no me pudiera resistir.

– Sandra, no se me ocurrió otra forma.
– ¿Otra forma para cabrearme y poner en un aprieto a Anna?
– Agnes me dijo que se acostó contigo, y que quería hacerlo conmigo. Pero yo sólo quiero tocarte a ti. Me negué, y ella me convenció, me dijo que Anna quería follársela a ella, y que la única forma en la que todas obtuviéramos lo que queríamos era esta. No lo pensé, lo siento. Creí que…
– ¿Creíste que aceptaría acostarme con una tía que prefiere a los hombres, a una niña que no sabe ni por dónde se nada y contigo? No sé qué mierda te pasa, pero no te acerques a mí en la puta vida.
– Sandra…

Me marché dejándole con la palabra en la boca. Le pedí a Anna que se vistiera, y me la llevé conmigo, no estaba dispuesta a dejarla con aquellas dos brujas. Ambas nos miraban, incluso hubo un par de intentos por hacernos caer en su idea de sexo absurdo.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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6 Responses to En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 15

  1. The hunger dice:

    Y el siguiente capítulo? Q nos dejas en ascuas! Ánimo y gracias

  2. Como de costumbre, nos mantienes en suspenso..! Gracias por permitirnos disfrutar de tus historias cada semana (sobretodo esta ultima que ha venido por partida triple)..! 🙂

  3. Eli dice:

    Ya ves que hay cada loca demente jaja, te han tocado así?…

    Hola… a tu blog llegué cuando publicaste dos relatos en TR y me gustaron así que me pasé por aquí a ver que tal, y aunque a veces hay mucho drama simplemente no pude parar de leerte… me los terminé todos hace rato :)… y ahora siempre espero las entregas de esta historia, muchas gracias por compartirla.

    Feliz día.

    • remendona dice:

      Buenos días, Eli.
      Me ha tocado de todo, incluso peores, pero bueno, me conformo con no terminar como ellas.
      Ya sé que hay mucho drama, pero sino, ¿qué escribiría? Hay que tener en cuenta que la ficción es eso, ficción. Pero me alegro mucho de que me encontraras, que me leas, incluso que me esperes.
      Muchas gracias a ti por tu comentario.
      Un abrazo.

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