En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 12

Todo se volvió negro, todo, ni la discoteca, ni Anna, ni Carmen, ni los pasionales besos de Agnes aparecían ante mis ojos. No había nada. Pero sí que era capaz de pensar, de creer que me había vuelto loca, o que la coca estaba en mal estado, o que las bebidas llevaban aditivos, o que me había golpeado seriamente…
Algo detuvo aquel compendio de pensamientos, y cuando volví a ser consciente, estaba en una habitación blanca, o eso pretendía aparentar, porque todo parecía sucio. Me dolía la cabeza y no era capaz de moverme. Un hombre empezó a hablar con otro como si cantara, por lo que deduje que aún seguía en Egipto. El segundo se acercó a mí, y en un inglés entrecortado, pude entender que me decía que había sufrido algún tipo de colapso. No era la primera vez, tengo algo que llaman síncope vasovagal, y es bastante habitual que me desmaye, al menos lo era cuando estaba en plena adolescencia. Supongo que mi familia ayudó bastante a que me pasara los dieciséis más tiempo en el suelo que de pie.
Me dieron el alta inmediatamente, por un lado era de agradecer, olía a rayos ahí dentro, pero por otro, debía ser yo quién tuviera cuidado con lo que hacía. Llegué al hotel justo a la hora de comer. Ni siquiera fui a la habitación, tenía hambre, y comí todo lo que me apeteció. Iba a ir a cambiarme, cuando un grupo de personas me pidió que les siguiera. El rumor de que la policía me hubiera pillado, aún rondaba por mi cabeza.
Me condujeron a una sala llena de cables, sin mediar palabra, y me hicieron sentarme en una silla que tenía más años que yo. Era la sala de convenciones.

– Hola, soy Marisol. Me encargaré de todo -dijo una chica muy pizpireta.
– ¿Eres mi abogada?
– ¿Abogada? ¿Necesitas una? -continuó hablando mientras trasteaba con su móvil-. Bueno, eso lo discutimos luego, ahora vamos a preparar la entrevista.
– ¿Qué entrevista? ¿Quién eres?
– Ya te lo he dicho, Marisol, de Account Entertainment. ¡Bien!, ya está aquí maquillaje y peluquería. No sabes lo horroroso que ha sido encontrar a alguien eficiente en este país.

Empezaron a engatusarme mis maltrechos pelos, y a taparme los raspones que habían quedado como recuerdo de la caída en mi cara. Seguía sin entender nada, pero supuse que Javi los había mandado para que no me metieran una denuncia de las que quitan el aire.
Sabía cómo funcionaba eso, tenía que aprenderme las respuestas a las preguntas pactadas. El mismo coñazo de siempre, que si fue divertido el rodaje, que si esperaba el éxito de la película, que cómo me sentí al estar desnuda ante la cámara…, que si fue difícil interpretar una escena sexual con una mujer. ¿Difícil? Lo que fue difícil era no tocarla de verdad, no excitarme como ella lo hacía cada noche, no besarla con esas ganas que reprimía sintiéndome observada. Cuando empezó el rodaje, Carmen y yo ya llevábamos un año juntas. Era nuestra segunda película, y, al enterarse de que el papel era suyo y compartiríamos plano, en vez de abrir una botella de cava, se metió bajo las sábanas, entre mis piernas, y no paró hasta que estuve a punto del colapso. Terminó con un: “tendremos que hacerlo cada día varias veces, no quisiera tener un orgasmo delante del baboso de Chechu”. Adoraba cada cosa que salía de ella. Después todo se volvió dolor.

– Ya era hora de que aparecieras.
– Carmen…
– No me vengas con esa cara de niña buena -bajó la voz-. ¿Dónde has estado? Te llevo buscando todo el día.
– ¿No nos vimos anoche? -pregunté desconcertada.
– No, anoche estaba volando sobre el Atlántico para venir hasta aquí. ¿Estás bien?
– Si, estaba en una discoteca, y creí verte, pero debió ser parte del colapso.
– ¿Los tienes otra vez? ¿Te estás metiendo?

Intenté explicarle que no, o, al menos no recordaba haber llegado a hacerlo, pero mi cerebro estaba más centrado en admirar su piel color canela, sus ojos de un marrón tan intenso que a veces se tornaba rojo, su pelo, esa vez liso, quizá con extensiones. Sus facciones parecían relajadas, pero ella estaba alterada.

– ¿Te has echado Botox?
– Sólo un poco, ya sabes, hay que ser joven eternamente. Aunque tú estás igual. ¿Qué usas?
– ¿Qué haces aquí?
– Pues como la señorita no se dignaba a hacer la rueda de prensa, me ha tocado recorrerme medio mundo para grabarla contigo, y así darle más morbo. No sabes lo que ha gustado nuestra actuación en la cama…

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 12

  1. the hunger dice:

    La cosa se pone interesante. Como cuesta esperar el siguiente capitulo!

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