En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 10

El partido ya había comenzado cuando volví a ser consciente de dónde me encontraba. Las miradas de Agnes y Anna me revolvían aún más. Carmen se había apoderado de nuevo de todo mi cuerpo, de mi mente, y de las ganas abandonadas de hacer el amor durante horas.

– Nos podías haber dicho que eras famosa.
– ¿Cambia eso quién soy?
– No te pongas a la defensiva, Sandra. Anna, me parece admirable que haya venido como una chica normal, y no como una diva.

Estuvieron discutiendo un rato sobre si debí o no decirles que en España yo era un personaje público, porque eso es lo que ve la gente, un personaje, no a Sandra Adriles.
Cada una se marchó a sus respectivos cuartos, a darse una ducha, y prepararnos para la cena. Se suponía que esa noche iríamos de nuevo a una discoteca, pero no sabía cómo sería la reacción de mis nuevas amigas, no quería un trato especial, ni que me miraran como lo hacía la gente normalmente, quería poder seguir hablando con ellas de la misma manera que hasta ese momento.
Saqué el móvil de la caja fuerte, y vi todas las llamadas de Javier.

– ¡No puedes desaparecer así! La productora quiere que hagas una rueda de prensa. Están como locos.
– Pues diles que estoy fuera.
– Ya lo he hecho, pero creen que estás de nuevo en rehabilitación, y no quieren que el público te vea como una drogadicta después de haber hecho el papel de una mujer “confusa”.
– ¿Y qué quieres que haga? No pienso volver ahora, te dije que necesitaba mi tiempo.
– Te mando unas cámaras, o te grabas con una webcam, pero la noticia de la nominación no puede quedar así. Y debes volver para los Goya, eres la favorita.
– Javi, no quiero hacer nada de eso, me da igual lo que piense la gente.
– Ya no es lo que piensen, es que tienes un contrato, si lo incumples ya sabes lo que pasará.

Las productoras eran como chupa sangres, te estrujaban, se quedaban con todo el dinero de tu trabajo, se escondían tras nosotros, y sólo nos dejaban las migajas del éxito y toda la mierda que podría venir.
Dos golpes secos me sacaron de mis injurias con quién, a fin de cuentas, pagaba mis facturas. Al abrir, Agnes me miró y pidió permiso para entrar. Quizá debí vestirme antes de abrir la puerta, y, aunque el albornoz me tapaba completamente y ella ya me había visto en bikini, me sentí ridícula de esa guisa y con el móvil en la mano, contestando los millones de correos que tenía.

– He venido a darte la enhorabuena, que antes no lo hice -dijo con una sonrisa y en castellano, cosa que me descolocó.
– Gracias, pero el mérito no es mío, es de la película.
– Me entró la curiosidad, y me puse a investigar sobre ti, espero que no te moleste.
– No, tranquila, estoy acostumbrada a que mi vida sea pública.
– La verdad es que me he sentido algo decepcionada, y prefiero decírtelo ahora.

Sus palabras me inquietaron. Lo que me faltaba era otra crítica sobre lo mal que finjo los orgasmos en pantalla.

– No sabía que habías estado con tíos…- rectificó-, con tantos tíos.
– No te creas todo lo que lees.
– Anna no deja de hablar de ti. Creo que se ha enamorado, y eso sin saber que en la película te acuestas con una chica, que, por cierto, es guapísima.
– Anna no siente nada por mí. Y sí, la chica es muy guapa -contesté intentando que no se me notara demasiado lo que Carmen significaba para mí.
– Pues yo sigo pensando que le gustas. Eso, o quiere liarme contigo, y no es que sea muy discreta. Yo solita conseguí que os acercarais.

Me puse colorada de momento. Agnes me encantó desde que la vi bajo el sol, confusa por saber, supuestamente, dónde encontrar una toalla. Pero el recuerdo de Carmen me estaba atronando.

– ¿Estás bien?
– La verdad es que no mucho -aún no comprendo por qué me derrumbé ante ella-. Quería estar tranquila, ser una turista más, pero me toca hacer una rueda de prensa, y no quiero que todo el hotel se entere de quién soy, paso de rollos.
– No creo que sea eso lo único que te pasa. Sé que nos conocemos desde hace unas horas, pero puedes confiar en mí, de verdad.

Su voz sonó tan sincera, que caí, y me dejé arrastrar por un ataque de sinceridad.

– Vine aquí huyendo del recuerdo. Salía con alguien, y se marchó, me dejó por seguir con su carrera. Y yo me alegro de que le vaya bien, pero no soy capaz de olvidar, de dejar de sentir. Y que saliera hoy en la tele, me ha hecho volver a tener su tacto entre mis manos. Pensaba que ya lo estaba superando, que sólo era una fase, un paso más, y todo quedaría atrás, pero no es así.
– Es duro superar una relación. Pero que se fuera no implica que no te quiera. ¿No podías irte con él?
– Me fui una temporada a Los Ángeles. Estuve mejorando el inglés y eso. Pero allí estaba sola, y mi manager me reclamaba para papeles más o menos buenos. Empecé a ir a los eventos con ella -se me había escapado, pero me dio igual-, pero tenía demasiada gente a la que atender. Empezaron las discusiones, y me surgió una película que me encantó, así es que, recogí mis cosas, y me fui. Ni siquiera me llamó para saber si había llegado. Y debe estar bien, parecía contenta en la tele…

Agnes escuchó detenidamente todo lo que le conté, con esa cara de afligida que pone la gente cuando oye una historia algo triste.
Su mano se posó en mi hombro, y empezó a acariciarlo, consolándome. Mis brazos se amarraron a su cintura, y no sé cómo, ni quién, buscó los labios de la otra, pero se encontraron.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 10

  1. The hunger dice:

    “Consuelo”, si es que ya lo dice el refranero, un clavo saca otro clavo. No se si es efectivo 100%, per si los intentos son placenteros….enhorabuena!

  2. Madiie dice:

    “y no sé cómo, ni quién, buscó los labios de la otra, pero se encontraron”. awww. :3 cada vez me gusta más..!! 😀

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