En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 4

La fría cerveza me congelaba por dentro. ¿No lo estaba ya? Quería llorar, pero me lo negué mil veces, no iba a recorrerme medio mundo para hacer lo mismo que hacía en Madrid, ser un zombie, una autómata, un cuerpo sin voz.
Una chica se me acercó, y empezó q hablarme en ruso. Yo la miraba desconcertada, pero ella seguía con su verborrea. Por fin paró, y pude explicarle que no había entendido ni una sola palabra. Ella giró la cabeza, como un cachorro, y retomó su monólogo, esta vez en un inglés entrecortado y con un acento rudo.
Al parecer se llamaba Anna, como pude adivinar, era rusa, y estaba pasando unos días allí sola, como yo, pues tenía algo en mente, y le estaba carcomiendo.
Sin que yo se lo pidiera, tomó asiento, y me hizo su amiga, sin saber siquiera mi nombre. Aquello me hizo gracia, normalmente, la gente se acercaba a mí con miedo, como si yo fuera algún tipo de endemoniada diva, que los iba a torturar. Y sí, en algún momento lo fui, o creí serlo, y disfrutaba de las ventajas de ser una mujer poderosa, o eso pensaba, porque pronto descubrí que todos somos prescindibles, y tuve que reorganizarme, volver a ser yo, y darme cuenta de que, ser actriz, es un trabajo como otro, no un cargo divino.

– No sé, bebé, yo no quiero estar con él. Es que a mí me gusta la fiesta, ya sabes, salir, escuchar buena música y dejarme llevar por el ambiente.
– Bueno, si es tu decisión, no le des más vueltas.
– Sé que a los veinte años ya debería estar formando una familia, y que Dimitri es un hombre serio y con mucho dinero, pero debería entender que yo no quiero ser madre, que quiero reír.

Estaba claro que aquella niña y yo diferíamos mucho en nuestro concepto de estar bien. Ella solo deseaba que llegara la noche, ir a las discotecas que por allí abundaban, y beber sin control. Yo solo ansiaba perderme en el rumor de las olas, en la brisa que refrescaba aquel mes de mayo.
Escuché todos sus grandes dilemas, y, de verdad, quise comprenderlos, animarla, pero me parecían unos problemas tan insustanciales, que terminé asintiendo con la cabeza, y parece que aquello la reconfortó aún más.

– ¿Tú estás casada?
– No. Aún no he encontrado a la persona adecuada.

Estaba acostumbrada a ese tipo de preguntas, y a contestar con la ambigüedad que dan las palabras “persona” o “pareja”. Aunque dentro de mi círculo todos sabíamos de qué pierna nos vestíamos, fuera era todo distinto. La gente no lo sabe, pero hay una reunión mensual de lesbianas famosas en Madrid. Se creó para debatir el estado de la sociedad, sus supuestas salidas del armario y cualquier tema que consideraran medianamente importante. Ahora, sólo es una reunión que se parece más a una orgía en una piscina cubierta, en un palacete del centro. Olga, una de las escritoras más conocidas de España, me invitó a acompañarla cuando, un día, entre lágrimas, le confesé que la que creí mi gran amor, me había dejado por uno de esos fornidos muchachos. Al principio adoraba estar rodeada de aquellas mentes privilegiadas, me hacían sentir como una esponja sedienta de sabiduría. Quizá no debí hacer nada con Olga delante de ellas, quizá debí mantener mis relaciones amorosas fuera de las conversaciones, pero era tan fascinante, que no tuvo que esforzarse mucho para que mi ropa cayera ante ella. Y así, como por arte de magia, todas decidieron que era más divertido fornicar en público que intentar arreglar la situación social de las lesbianas.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to En las orillas del Mar Rojo. Capítulo 4

  1. The hunger dice:

    Este relato va a dar mucho de sí, pero las dosis son pequeñas! Aun asi, aqui seguire vigilante a cada nuevo capítulo. Ánimo!

    • remendona dice:

      Buenos días, The Hunger, ya te echaba de menos.
      Tienes razón, esta historia va en pequeñas dosis, y sé que tengo que solucionarlo, pero voy escribiendo un capítulo a la semana, me estoy volviendo algo caótica….
      Muchas gracias por los ánimos, y por seguir pasándote por aquí.

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