Un lugar en el mundo IV

Y con un simple “hola”, todos los muros que había construido se derrumbaron. Una bola de emociones se aposentó en mi pecho, me costaba respirar, no era capaz de enfocar nada que no fueran sus ojos, que me escrutaban, esperando que yo le devolviera el saludo.

– Si lo prefieres, me marcho.
– No -dije gritando por dentro y sin alzar la voz.
– Me alegro mucho de verte.
– Rocío, lo siento. No sé qué me pasó, pero no eran excusas, de verdad.

Ella tomaba su té con calma. Encendió un cigarro y me lo tendió. Habíamos hablado tantas veces de compartir una boquilla, que me pareció el momento más preciado de toda mi vida. Luego prendió otro, y se deleitó en inhalar el humo. No podía dejar de mirarla, de sentir como todo lo que pensé olvidado, estaba de nuevo conmigo, junto a ella.

– Por fin me cogí un fin de semana. Ya sabes cómo es esto de tener tu propio negocio…
– Sí, bueno, yo debería estar en la oficina cerrando mesas.
– ¿Por qué no has ido?
– Porque… -debía buscar las palabras correctas-, porque preferí saber si tendría la oportunidad de hablar contigo.

¿Cuántas veces había imaginado ese momento? ¿Cuántas pensé en todo lo que debía decirle? Está claro que el miedo nos paraliza, ya lo hizo antes, pero, en ese momento, todas esas frases magistrales que lograrían que ella esbozara una sonrisa, habían sido borradas, y sólo era capaz de articular monosílabos y una combinación de frases insustanciales.
Rocío creyó que era hora de irse. Me levanté por inercia, ella se acercó, me acarició el hombro, y se fue. Así, sin el abrazo por el que hubiera matado a toda la humanidad, sin dos simples besos que para mí hubieran significado la muerte y la vida, sólo un leve gesto de afecto.
Rebusqué en mi cartera, y dejé dinero sobre la mesa, ni si quiera sé cuánto, y salí tras ella. No iba a permitirme perderla de nuevo, no iba a volver a buscar su risa entre el bullicio, esta vez no. La alcancé a los pocos segundos, su paso era lento, y yo, quizá corrí demasiado, pues llegué asfixiada a su altura.

– Rocío, ¿eso es todo?
– ¿Qué más quieres, Alba?
– A ti.
– Yo también te quiero, pero las circunstancias no han cambiado.
– Sí que lo han hecho. Nos hemos visto. Te he sentido. Ya sé cómo hueles.

Ella cambió el gesto, y pasó de un rostro frío a la mirada más tierna que pude contemplar nunca. Se paró, giró sobre sus propios pies, y me abrazó con tanta fuerza que sentí cómo se iba introduciendo en mí. Si alguien hubiera contado las veces que deseé tenerla entre mis brazos, habría olvidado los números. Mis manos recorrían su espalda, intentando hacer de un instante el infinito, pero no duró tanto, quizá no más que el suspiro que se le escapó. Volvió a su sitio, ser mordió el labio inferior, sonrió.

– Alba, lo siento, pero no puedo.
– ¿Por qué? Ven conmigo, quédate en mi casa, conozcámonos o recordémonos, pero no te vuelvas a ir, por favor.
– Nunca pensé que me despediría de ti, y menos de esta forma, pero tengo que coger un tren.
– Rocío…
– Lo siento. Sólo sonríe, ¿vale? No quiero volver a pasar por eso, no quiero echarte de menos, no quiero estar en un sitio y pensar que me encantaría enseñártelo, ni pasarme el día pendiente del móvil. Lo siento, pero me costó salir, y no puedo volver atrás.
– ¿Crees que para mí fue fácil? Me pasé meses mirando tu Facebook para saber cómo estabas, comprobando tu estado en el WhatsApp, alimentándome de las pocas fotografías nuevas que colgabas en la Red. Y sin poder decirte nada, y sin poder compartir contigo lo que te quiero.
– Déjalo, ¿vale? Ahora debo irme. Te quiero, Alba. ¿Sonreirás por mí? -preguntó mientras sus ojos se humedecían.

No me molesté en contestar, tampoco en retenerla, sólo me quedé ahí, esperando. Otra vez estaba enamorada de ella, o no había dejado de estarlo nunca, y continué con la duda de si ella alguna vez lo estuvo. Si alguna vez sentiría amor por mí, y se le escaparía el “te amo” que nunca pronunció, y yo contuve más veces de las que soy consciente.
Era mejor así, era mejor quedarse con esa parte de ella que nunca comprendí, era mejor desprenderse de lo único que me había vuelto humana durante ese tiempo, mi amor por ella. Ahora sólo me quedaba, volver a esa vida gris, en la que Rocío, sólo formaba parte de mi imaginación y de algún sueño demasiado embriagador.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Un lugar en el mundo IV

  1. the hunger dice:

    …siempre sera inalcanzable.

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