No es una cita (Parte 8)

Me dirigí a la piscina, donde Moni disfrutaba del sol y un mojito. Me senté en la tumbona que había a su lado, con la cara descompuesta. Por supuesto, tuve que narrarle lo acontecido, y tras su pertinente bronca, me mandó de nuevo a buscarla.
Me encontraba frente a la puerta de la que había escapado, con los nervios aposentados en unas manos temblorosas. Quería abrir la puerta, pero rezaba porque ya no estuviera allí. “No, no está, y tú eres idiota”, me decía a mí misma.
El pomo comenzó a girarse, pero no era yo quién lo movía. Su rostro apareció tras la puerta, con la misma expresión de sorpresa que cuando me vio en aquella reunión. Se quedó unos segundos quieta, y me volvió a invitar a pasar.
No sabía qué decir, así es que hice la única cosa que sabía que deseaba. Me acerqué a ella, la tomé de la cintura, y la besé con todas las ganas que había guardado esos meses. Al principio noté cómo permanecía inmóvil, pero ella comenzó a disfrutar de aquel beso tanto como yo.
Fui guiándola hasta la mesa, donde terminó sentada, mientras continuábamos enlazadas por nuestros labios y le desabrochaba los botones de esa horrible camisa. Ella me quitó el vestido sin que yo fuera consciente. Mis manos se colaban entre su falda, esquivaban el tanga que se había puesto. Carmen metía sus dedos por mi bikini. Era todo tan sumamente excitante, que ni caí en que la puerta no estaba cerrada con llave y cualquier extraño podría entrar. La verdad es que eso no me importaba, porque volvía a tener sus gemidos en mi oído, grabándose a fuego, volvía a sentir esa piel suave y joven, y esos besos que me volvían loca.
Carmen se tumbó completamente sobre la mesa, sin prestar atención a aquellos cartones con parejas y familias disfrutando de mil lugares. Me recosté sobre ella, sin dejar de acariciarla, de besarla, de sentirla de nuevo mía. Sabía que su orgasmo se acercaba, y me preparé para aquel mordisco en el hombro derecho que siempre me daba. Yo no experimenté ninguno, pero tampoco lo quería, porque no sentí merecerlo, me odiaba por haberme separado de ella.
Y llegó, y sus dientes se clavaron en mí, y sus labios los envolvieron, y yo grité de placer, no de dolor. Me parecía tan sumamente excitante sentir sus uñas atravesándome la piel…

– ¿Estás bien? -pregunté al cabo del rato, sin haberme movido, sin haber dejado de abrazarla.
– No lo sé -hizo una pausa-. ¿Esto es lo que quieres de mí? ¿Soy un polvo más?
– Carmen, estoy enamorada de ti.

Su cara se descompuso, y eso me hizo ponerme aún más nerviosa. Me había prometido no pronunciar jamás aquellas palabras, y se escaparon de mi boca, como si supieran exactamente quién era su destinataria.

– Lo siento. No debí decirte eso -me disculpé mientras comenzaba a vestirme de nuevo.
– ¿Por qué lo sientes? ¿No es verdad?
– Pufff, sí que lo es, pero no debí decírtelo… Bueno, da igual, no te molesto más.

Carmen me sujetó de la barbilla, sonrió, se sacudió el pelo, me dio un leve beso y dijo:

– Repítemelo, pero ahora mirándome a los ojos.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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6 Responses to No es una cita (Parte 8)

  1. The hunger dice:

    Esto es un desenlace perfecto!

  2. “- Repítemelo, pero ahora mirándome a los ojos.” (suspenso mortal….)

    Decime que esto continua… o queda acá??? :O No aguanto hasta mañana xD

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