No es una cita (Parte 7)

Al principio, su mirada era de sorpresa, pero poco a poco tornó a una mezcla entre enfado y desubicación. La mía era de tristeza, la que me producía ver su reacción. Carmen terminó de incorporarse, y se dirigió directamente a la mesa que sus compañeros utilizaban para concertar las excursiones.

– No sé si ha sido una buena idea no decirle que venías.
– Supongo que no lo ha sido el venir. ¡Joder! La he cagado, ¿verdad?
– Eso parece, pero no adelantes acontecimientos, Iris. Espera a que termine, y habla con ella. Yo me voy a disfrutar del sol y la piscina, que tengo la serotonina por los suelos.

Moni se marchó, y yo me quedé en el pasillo, esperándola, esperando a que saliera, a que no hubiera otra ruta de escape, a que fuera sola, un millón de posibles inconvenientes me abordaban.
Al cabo de veinte minutos, y algún cigarro que no sabía si podía fumarme o no, ella salió, rodeada de sus compañeros, haciendo una piña a su alrededor. Parecía divertida con la conversación, como si aquel encuentro no le hubiera molestado. Uno de los chicos se dirigió a mí, interesándose en una posible duda que pudiera tener.

– Javi, ya me ocupo yo. Vosotros id metiendo las reservas. Nos vemos en la reunión de las cuatro.

Se despidieron de ella, parecían extrañados porque la jefa fuera la que se encargara de contentar a una clienta. Carmen, con un gesto, me hizo seguirla, abrió una puerta y me invitó a pasar.

– No te esperaba.
– Lo sé, debí decírtelo, pero fue algo precipitado. Y no sabía ni cómo hablar contigo.
– Pues hablando. No fui yo quién cortó las comunicaciones. No te reprocho nada, pero entiende que, para mí, Roma fue algo muy especial.
– Carmen, para mí también lo fue.
– Iris, para ti fue un divertimento, me lo dejaste claro. Yo te quería -confesó con los ojos vidriosos-. Bueno, da igual. Espero que tu estancia aquí sea agradable. Si necesitas cualquier cosa, sólo ve a la oficina que tenemos junto a recepción, y te ayudarán en lo que sea.
– ¿Y ya está? ¿Aquí se acaba todo?
– Ya se acabó -dijo con algo de ira.
– ¿Crees que he venido hasta aquí porque no me importas?

Carmen no parecía muy interesada en los motivos que me habían llevado hasta Estambul. Yo comencé a contarle cómo me sentía, cómo estuve todo ese tiempo lejos de ella, todo lo que la extrañé. No sé si fueron mis argumentos o el hecho de que rompiera a llorar desconsoladamente, pero ella se ablandó, y vino hasta mí a darme un abrazo. No sabía cuánto echaba de menos estar entre sus brazos hasta que volví a encontrarme en ellos.
No cesaba de pedirme que no llorase, pero no podía contener toda esa emoción. Carmen parecía preocuparse por momentos, y en una actitud totalmente maternalista, me besó la frente. No sé si aquello me dolió más que el haberme separado de su lado en el aeropuerto.
No podía seguir allí con ella, me zafé, y me fui corriendo. No sabía ni hacia dónde dirigirme, y su voz, llamándome desde la lejanía, no ayudaba a que mi mente decidiera el camino adecuado.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to No es una cita (Parte 7)

  1. Pero cómo puedes dejarlo así????? Eres maaaaaala!!!! Oye que cada vez que leo un capítulo se me pone un nudo en el estómago jajajaja

  2. the hunger dice:

    Q manía tiene esta chica de salir huyendo

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