No es una cita (Parte 6)

Aquella noche no fui capaz de dormir. Su “te quiero” me fustigaba el alma. Yo también la quería, más de lo que estaba dispuesta a asumir. La quería antes de verla, pero después…, después aquel sentimiento se expandió por mis órganos, colapsando mi laringe e impidiéndome respirar.
Pensaba que debía contestarle, pero no sabía ni qué decirle. Un te quiero puede significar demasiadas cosas, y no quería hacerme ilusiones, no quería salir malherida de aquel encuentro en Roma.
Pasé más de una semana sin dar señales de vida. Parecía cómo si ella hubiera entendido que necesitaba mi espacio, un margen para pensar, pero un sábado a las once de la mañana, un mensaje suyo me despertó de aquel letargo insustancial en el que yo misma me sumergí. “Espero que estés bien. No quiero agobiarte. Pero dime que estás bien, que llegaste y que sonríes”. ¿Cómo no iba a contestarle? Sopesé una a una las palabras que le diría, y sólo me salió “estoy bien, demasiado trabajo. Espero que tú también”, y no conseguí quedarme tan pancha como aquellas palabras hacían ver.
Supongo que aquello le disgustó, pues no volví a saber de ella, y eso me estaba matando. Quería escribirle, quería confesarle que me mataba la lejanía de su cuerpo, pero creí que era mejor quedar como una hija de puta a la que le importó muy poco haber compartido cama con ella.
Mis amigas me llamaron de todo, y con razón, estaba alejando de mí a la primera mujer que me había gustado de una forma tan pura. Moni nos buscó un viaje a Estambul, vendría conmigo, ella tenía amigos allí y quería que yo solucionase las cosas. Y, cuando me quise dar cuenta, ya nos estábamos alojando en el hotel en el que ella trabajaba, recibiendo a los españoles y vendiéndoles circuitos a precios desorbitados.
Nada más pisar las instalaciones, mis piernas flaquearon. Sabía que estaría allí, vivía allí, y se pasaba las horas atendiendo las reclamaciones de los idiotas que se creen superiores cuando están de vacaciones.
Nos instalamos en nuestras respectivas habitaciones, y bajamos a la charla del Tour Operador, a ver qué maravillas podrían contarnos. Yo nunca había estado en Turquía, y quizá, algo de turismo, no me viniera mal. Siempre me gustó esa parte de la Canción del Pirata, “Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul”, quería ver esa línea divisora, quería sentirme tan libre como aquel bucanero que robaba a los barcos españoles para perderse en una paradisiaca isla caribeña.
Nos sentamos al fondo de aquella algarabía. Primero las pertinentes normas de seguridad, nada de drogas, ni malas compañías, ni nada que pudiera resultar mínimamente interesante… Luego cuidado con los robos, esconder la documentación, sólo sacar dinero en cajeros del hotel, los cambios de divisas en recepción. Vamos, lo típico para que sea el hotel el que gane… Después, tocaba la hora de las ventas, mil opciones.
Moni y yo esperamos a que la gente comenzara a disiparse y nos escabullimos de la sala. Casi habíamos logrado salir de aquel lugar repleto de serpientes parlanchinas cuando Moni se chocó con una mujer de falda azul y camisa amarilla. El golpe fue tal, que la muchacha cayó al suelo, y ambas fuimos a socorrerla al tiempo que mi amiga le pedía un millón de disculpas.

– No es nada, tranquilas.

No podía creerme que esa voz volviera a mis oídos. Me quedé inmóvil, observando cómo recobraba la posición vertical. Ella sonreía, pero no era el mismo gesto que me había dedicado en Roma, parecía distinta, cansada, triste. Moni seguía con sus disculpas, y, por fin, me miró.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to No es una cita (Parte 6)

  1. Redoble de tambores!!!…. que pasará con estas dos???? Ansiosa esperando el próx…! 🙂

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