No es una cita (Parte 2)

Sus buenos días y su sonrisa ya me aventuraban a pensar que aquella mañana sería maravillosa. Me senté frente a ella, que llenaba su taza de té con azúcar. Pensé que hubiera sido más más fácil volcar el líquido en el azucarero, pero no quise decir nada. Tenía miedo de hablar de más, de hacerlo de menos. Tenía miedo de aquella muchacha que se sentaba en mi mesa y había vuelto del revés mi mundo. Ella se dio cuenta, sus ojos cambiaron, y en vez de ver la alegría que me había regalado durante las horas que pasamos juntas, contemplé en su mirada preocupación.

– ¿Estás bien? -me preguntó con esa voz dulce- Venga, Iris, sonríe.

Como si de un conjuro se tratara, mis labios dibujaron una sonrisa para ella. Hubiera dado cualquier cosa porque el mundo se detuviera en ese instante, en el momento justo en el que vi que me apreciaba, que se preocupaba por mí y que era capaz de tornarlo todo a un color radiante.
Pasamos la mañana correteando de monumento en monumento. Roma estaba igual, pero no era la misma, había algo en ella diferente, Carmen era quién hacía diferente a una ciudad entera.
No dejaba de hablar, y a mí me fascinaba escucharla, me cautivaba su acento indescifrable, a veces gaditano, otras canario, y el resto, no sabría decirlo. Me encantaba su olor, lo notaba con cada brisa que chocaba en nuestras caras. Todo era tan perfecto que no hacía más que temer el momento en el que se truncara. Me odiaba por no estar disfrutando de su compañía todo lo que debiera, por pensar más que por sentir. Mientras, ella seguía contándome cosas de su vida, de su familia, de sus proyectos, de sus amigos, de política, historia, daba igual de qué tema se tratara. Y eso hacía que mi mente aún se volviera más loca, escuchaba con atención y sentía a una mujer madura, pero, las pocas veces que me atreví a mirarla, volvía a ver a una niña.
No es que Roma se preste mucho a ser cosmopolita, al menos en el tema homosexual, pero logramos dar con un bar de mujeres. Estaba cerca del centro. Siempre he preferido este ambiente, quizá por la comodidad de sentirme algo más yo. Las chicas se volteaban sólo para admirar la belleza de Carmen, y lejos de hacerme sentir mal, me gustaba, porque era conmigo con quién pasaba sus horas, y podía ver en sus rostros la frustración que provoca contemplar lo inalcanzable. Ella fue quién habló con la camarera, en italiano, a mí me sacan del castellano y no hay nada que hacer. Pero Carmen se movía muy bien en otras lenguas. Lenguas…, y yo deseando la suya. Las cervezas iban bajando, y el sopor de no haber dormido no sólo la noche anterior, sino los días previos, hacían que mi mandíbula se desencajara.
Era hora de volver al hotel, de regresar a esa cama de muelles letales, a su ausencia entre mis brazos, a sentirme falta de ella.
La escena de la noche anterior se estaba repitiendo de un modo irremediable. Ella, con su cándida sonrisa, y yo sin saber si ansiaba irse o deseaba que le pidiera que me acompañara aquella noche. Es tan difícil lidiar con alguien tan joven… En otras condiciones, ya hubiera sido capaz de adivinar lo que mi acompañante quería, pero con Carmen era imposible, quizá no por su culpa, sino por mi incapacidad para mirarla.

– ¿Tu habitación tiene terraza? -preguntó.
– No. Da a un patio interior con una italiana que siempre está regañando a alguien y tendiendo una ropa que creo que estaba más limpia antes de meterla en la lavadora.
– Vente a la mía. Así nos podemos fumar el último cigarro.

Quizá ese fuera el momento en el que más cerca la tendría, y no iba a rehusar la invitación de su compañía y de un pitillo antes de dormir. La seguí por el pasillo enmoquetado en la época de Víctor Manuel I. Sacó su llave del bolso, y me invitó a pasar. El cuarto era igual que el mío, con la salvedad de aquellas puertas que daban a un pequeño balcón.

– Anoche me pasé un buen rato aquí. Me gustan las vistas. Es como ver las entrañas de la ciudad.
– Bueno, Roma no necesita que te aventures demasiado para que te dé náuseas.
– No sé por qué le tienes tanta manía.
– Ni yo por qué tú no.

Me apoyé en la barandilla. El cigarro se consumía lentamente entre mis dedos. Carmen se acomodó a mi lado, mirando a un horizonte de edificios desaliñados. Recostó su cabeza sobre mi hombro, y mis pulsaciones se dispararon. No sabía cómo reaccionar a eso, cómo comportarme ante un gesto tan fraternal, que quizá yo quisiera ver como algo más. Giré mi cuello y besé su frente, a lo que ella respondió asiéndose a mi brazo. Adoraba sentirla de ese modo, tan cercana, pero era peligroso aventurar lo que pudiera pasar. Mi cerebro pensaba en las mil posibilidades que existían para ver ese acercamiento como muestra de amistad, pero mi pecho palpitaba a un ritmo que desbocaría a un caballo.
El cigarro ya no daba más de sí, pero no fui consciente hasta que me quemé los dedos, y lo dejé caer, mientras me chupaba la quemadura. Carmen sostuvo mi mano entre las suyas, y me la besó.

– ¿Te duele?
– No, tranquila.

Ella me sonreía. ¿No dejaría nunca de ponerme las cosas tan difíciles? Adoraba verla sonreír. La adoraba a ella. ¡Joder!, me gritaba, ¡que es una niña!, pero otra voz me respondía, ¿y qué?

– Bueno, es tarde. Debería irme. Gracias por el cigarro.

Su gesto cambió, su cara palideció ante mis palabras. ¿Por qué no era capaz de descifrar las facciones de su rostro?

– Vale… Lo he pasado muy bien hoy. ¿Quieres hacer algo especial mañana?
– Ya es mañana.
– Bueno, ya me entiendes.

Y algo se escapó de mí. ¿Especial? Claro que quería. Y lo hice. Me acerqué a ella mientras me abría paso entre mis miedos y mis dudas. Tomé su cara con mis manos, y le di el beso más suave que supe darle. Me alejé, brindándole la posibilidad de recular, o de darme un guantazo… Pero, en vez de eso, volvió a sonreírme, y esa vez fue ella quién me cogió de la cintura, me pegó a su cuerpo, y me deshizo entre sus labios.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to No es una cita (Parte 2)

  1. Me encantaaaaaa, bueno, como todo lo que escribes… habrá una tercera parte?????

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