Un día cualquiera

El sol se pegaba a mi piel gracias al salitre que las olas desparramaban por todos los que decidíamos pasar el día en la playa. Me encantaba esa sensación, ese cosquilleo en la piel, el olor a mar, el estar sola, sin nada que hacer, tan solo contemplar el horizonte o leer un libro que llevaba posponiendo demasiado tiempo. Me sentía plena, con esa sensación que tan pocas veces se da de ser única, independiente, de no necesitar a nadie, porque podía con todo.
La gente iba y venía, unos haciendo más ruido que otros, pero, de repente, todos desaparecieron, como si una ola hubiera arrasado el mundo, la sensación era tan cautivadora, que se me saltó una lágrima. Y me vi ante un atardecer tan idílico, que parecía sacado de una postal. El sol se ocultaba, pero yo no podía dejar de admirar aquellos reflejos naranjas que me teñían los pies.
Cuando quise darme cuenta, ya no podía continuar leyendo, pero no quería marcharme, aunque los lugares solitarios y oscuros me dan algo de miedo. Miré a mi alrededor, la gente se arremolinaba en un pequeño bar al lado de la playa, volví a girarme en dirección al mar, y sus ojos se cruzaron con los míos. Al parecer no estaba tan sola como pensaba. Una chica joven, sentada a unos diez metros de mí, con un Ipad en las manos, y la mirada perdida. Si aquello no inspiraba mi imaginación, dudaba que algo lo hiciera.
Pasaron horas antes de que cruzásemos una palabra, pero ese saludo dejó en mí una huella imborrable. Cogí mis bártulos, y me senté junto a ella. Ambas habíamos ido en busca de soledad, y nos encontrábamos mejor acompañadas que nunca.
La falta de luz no me impidió ver su piel oscura, y sus ojos sedientos de conocimiento, de aprendizaje. Hablaba con una voz suave, rápido, pero con frases cortas. Yo la contemplaba sin ser capaz de no perderme en su sonrisa, esa que me dedicaba en exclusiva a mí. No sé qué tenía, pero sólo sentía el deseo de abrazarla y prometerle que jamás le pasaría nada malo. No era algo lascivo, todo lo contrario, provocaba en mí una ternura que no reconocía.
Siempre he sido muy reacia a las diferencias de edad, no sé si porque la juventud de ahora me parece demasiado artificial, pero ella era distinta, había algo distinto en su interior. No sólo su capacidad para tratar cualquier tema, le daba igual hablar de política, de literatura, de historia, de música, sino que me transmitía muchas vivencias en sus palabras. Sentía amor, pasión, dolor, una vida tras ella.
Las horas pasaron, y, cuando quise darme cuenta, el sol volvía a arañar mi piel. Ella propuso que desayunáramos en el bar, y a mí me pareció el mejor plan del mundo. No sólo por la necesidad que tenía mi cuerpo de obtener cafeína, sino porque eso implicaba pasar un rato más a su lado.
Pero llegó la hora de la despedida, ella tomaría un rumbo, yo otro, quizá volviéramos a encontrarnos, quizá no fuera en una playa, pero ese había sido nuestro momento y nuestro lugar.
– Por cierto, me llamo Angie -dijo mientras se alejaba.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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3 Responses to Un día cualquiera

  1. Marta dice:

    Si digo q me ha encantado es poco…Me he sentido muy identificada con ambos personajes, de hecho amo el mar, el sol, un atardecer, la soledad y un amanecer, la manera de buscar esa tranquilidad, q dicen ‘soledad acompaña pero es un amigo q no está’ pero se acaba encontrando con quien compartir un silencio o una conversación en condiciones…
    “sólo sentía el deseo de abrazarla y prometerle que jamás le pasaría nada malo” Siempre es reconfortante encontrar otro punto de vista a tus perspectivas, agradable y muy valioso llevarse más q palabras, una amistad. Estoy segurísima q todo el mundo lo apreciaría un montón, por lo menos yo lo haría y le daría un abrazo enorme. Sobretodo con lo de “no necesitar a nadie, porque podía con todo”
    Cada vez q te leo aprendo algo nuevo, hoy es ese ‘puedo con todo’ q acaba siendo un ‘puedes pero no es cierto del todo, un sé fuerte q no estás sola’
    Sé q he dicho q soy adicta a tu blog, creo q adicción es poca, es q te leo y reflexiono en cada línea, haces q cada día sea distinto, quizá esa chica sonría tanto como yo al leer tu relatos.
    Muchísimas gracias por seguir escribiendo.

    Marta.

    • remendona dice:

      Hola, Marta.
      Aunque se trate de ficción, creo que a veces no decimos lo que pensamos, y esa sensación de tener a alguien delante a la que sólo deseas proteger me parece la más hermosa que existe.
      No sabía que podía lograr que alguien reflexionara con mis textos, pero ahora me has planteado un reto, el de seguir haciéndolo.
      Gracias por seguir conmigo en esta aventura cibernética.
      Un besazo.

  2. Una vez me pasó algo parecido, no fue tan idílico como en tu relato, lo cuento en mi blog, yo estaba en una tienda y llovía a mares, llegó una chica con zapatillas, sin chubasquero ni paraguas y toda empapada… tuve ese mismo sentimiento de abrazarla y decirle que nunca le pasaría nada malo, pero en mi caso se quedó en eso jajaja

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