Fugacidad

Su visita pareció sorprenderla. Aún no le había dado tiempo de colocar la compra debidamente, cada cosa en su estante. Debía hacer un millón de tareas esa mañana, pero ella le perturbaba el día. Ninguna quería arrastrarse más por aquel fango en el que se había convertido su relación, pero no podían evitar chocar como chocan los cometas que andan perdidos por el espacio.
Le invitó a sentarse. Se notaba que ambas no se sentían cómodas, pero, al mismo tiempo, sabían que eso era lo que deseaban. Trataron de hablar, de solucionar aquellas cosas que a la vista del mundo son ridículas, y para ellas un abismo insalvable. No fue posible, sus cuerpos sentían una atracción cósmica que les unía. Eran imanes, a veces con polos opuestos que se atraen, otras veces, sus cargas eran las mismas y terminaban distanciándose. No era este el caso. Esta vez se atraían.
Una decidió tentar a la otra, quizá por juego o por deseo. La otra no cayó en su maniobra, y terminó besando su frente. No podía volver a cometer el mismo error, ese error que tanto ansiaba. Charlaron durante un rato, pero aquello no les llevaba a otro sitio que no fueran sus cuerpos unidos por un lazo invisible.
Volvió a intentarlo, y ella no pudo más y se rindió con todo su peso sobre la mujer a la que ama. Los besos corrían como el cava en Navidad. Las caricias se podían sentir a metros de distancia. Era luz lo que desprendían. Se volvió a apartar de ella. Aquello no estaba bien, sino mejor, pero su mente no era capaz de procesar toda aquella dulzura, aquel amor que desprendían ambas. Se escudó en que no esperaba que pusiera la zapatilla sobre el sofá, y en vez de bajar la pierna, se la quitó, y le pidió que volviera a acercarse. Ella no podía, y bebía agua sin tener sed, tan solo por no caer nuevamente en los brazos que siempre le habían cobijado de los males de fuera. No sabía cuánto podía durar aquel semblante de castidad que se había autoimpuesto. Y volvió a los labios que la reclamaban con aquella graciosa mueca que en un principio pensó que era duda, y con el tiempo descifró en ella deseo.
Le propuso un paseo por la casa. Se dejó llevar, sabía perfectamente hacia dónde le conduciría la mano que estrechaba, pero no le importaba, ya se había perdido entre esos besos, esas caricias, y ese deseo ansioso que le devoraba la carne.
Se recostaron en la cama, aún por hacer. Y volvieron a ser aquellas dos amantes furtivas que se excitan en un lugar remoto, escondidas de los ojos ajenos de los transeúntes. Ahora estaban a solas, con una tímida luz. Eso les gustaba. La pasión recorría su piel al mismo tiempo que el sudor impregnaba sus espaldas. Era tan placentero sentir cómo se gemían en el oído la una a la otra…
La ropa seguía puesta, y molestaba más que tirar de un carro lleno de piedras, pero eran las condiciones que una de ellas había puesto, no harían el amor hasta que estuvieran ambas seguras de ello. La otra estaba convencida de que haciéndolo, nada podría separarlas, pero respetaba a su amante, a su amor, porque lo único más placentero que verla, era sostenerla entre sus brazos, aunque para ello tuviera que renunciar al sexo, y se sintiera una adolescente, virgen, temerosa de lo que pudiera doler aquello que no duele, sino excita y sosiega.
La hora se había terminado, y con ella sus caricias, sus incursiones por debajo de la ropa, sus besos, sus risas, sus miradas. Una de ellas se marchó pensando que había olvidado que se podía reír a carcajadas mientras se hace el amor, aunque no lo hubiera hecho. La otra, apenada, volvió a su día a día. Pero ambas coincidieron en algo, quizá esa fuese la última vez que se vieran.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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7 Responses to Fugacidad

  1. Ya la estamos liando ¿no?… La hora se había terminado, ¿psicóloga? ¿prostituta?… Ya me tienes intrigadísima jajajaja

  2. The hunger dice:

    Q capacidad tienes para enganchar!. No se, cuando iba terminando de leer he pensado en un encuentro carcelario….Serán las ganas de que vuelva “orange is the new black”? Jeje, bienvenida de nuevo y feliz año.

    • remendona dice:

      Buenos días, The Hunger.
      La verdad es que me encantaría que volviera la serie, pero mientras escribía esto, ni me acordé de ella…
      Estoy practicando la escritura al vuelo, por lo que está historia termina ahí. Ni siquiera los personajes tienen un nombre, y quería probar a escribir en tercera persona. Vamos, que ha sido más un ensayo que el comienzo de una nueva novela.
      Pero prometo volver pronto, ya sea por medio de relatos cortos, o, si los hados me acompañan, traeros una nueva historia. En 50 capítulos, que nada tienen que ver con Grey.
      Un abrazo.

  3. littleparrot dice:

    Buenos días, remendona,

    Con lo mala que tiene que ser la castidad para la salud y estas chicas llevando a cabo una procastinación sexual. Intrigada me has dejado.

    Un abrazo.

  4. Marta dice:

    Seré muy breve esta vez..Perfecto! Me encantó. Siempre dejas esa intriga, ganas de leer más y sin duda, eximio y juegas con nuestra imaginación!

    Tengas un buen día.

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