Olvidando la vida. Capítulo 50

Una llamada a las ocho de la mañana no suele ser una buena señal. Llegaba tarde al trabajo, me había liado a hablar con una desconocida perdida por Madrid. Cogí el teléfono, era mi abogado. Lo que para él eran buenas noticias, para mí supuso un punto y final. Había ganado el juicio, recibiría una indemnización de todas las partes implicadas, incluida Susana. La señora Pilar se pondría negra cuando viera a cuánto ascendía la cantidad. Isa sería examinada por un tribunal médico, y podrían terminar ingresándola. Esto último era lo único que quería, ya no que le pusieran una camisa de fuerza, sino que impidieran que se acercara a mí.
Los médicos seguían sin aclararse con mi amnesia retrógrada, especulaban con abrirme el cerebro, con la hipnosis, la psicoterapia, la acupuntura, creo que hasta pensaron en darme unas descargas eléctricas como a la hermana olvidada de J.F.K. Por supuesto, yo me negué a cualquier tratamiento, quizá Helena Uno había desaparecido y yo tenía que continuar mi vida.
Elisa me invitó a su casa a cenar. Vero estaba allí, haciéndole carantoñas. Me encantaba verlas juntas.

– Parece que has vuelto al redil.
– Sabes que nunca salí de él.
– Yo sí, pero tú no lo tenías tan claro.
– Lo tuve claro desde aquella noche en la cabaña. Me pusiste como una moto. No sé ni cómo continué con Santiago. En aquel momento pensé que me podía pasar la vida haciéndolo contigo.
– No creo que a Elisa le parezca bien.
– Lo sabe. Y yo también sé lo vuestro. Por eso me encanta, nunca me ha escondido nada.
– Ni lo pienso hacer -dijo Elisa mientras entraba con los platos en el salón.

El timbre sonó. Vero se puso histérica, como si fuese a aparecer un miembro de la familia real. Yo ignoré la puerta, supuse que invitarían a más gente, pues celebraban su “compromiso improvisado de amor”, algo así como decirnos a los amigos que estaban juntas como pareja…, no tengo comentarios al respecto.

– ¡Cuánto tiempo!

Esa voz me era tan familiar que se me heló la sangre. No esperaba a Mónica, pensaba que habían perdido el contacto. Su presencia me entristecía, me recordaba cuánto la quería. Pero debía comportarme, aunque mi cuerpo solo me pedía ponerme de rodillas y suplicar por su amor.
La cena fue tranquila, divertida, pero sólo estábamos nosotras cuatro. Me resultó raro, pero supongo que la vida en pareja hace que pierdas muchas amistades. Elisa y Vero se comportaron, cosa que agradecí, ya había visto demasiado aquella mañana, y no quería ver repetida una escena sin cartero y sin necesidad de llamar dos veces.

– Se me olvidó comprar el postre.
– ¡Qué cabeza tienes!
– Es que me pasó el día pensando en ti.

Seguían siendo empalagosas… Ambas bajaron a por algo al chino de turno, y Mónica y yo, permanecimos en la mesa, frente a frente, sin mirarnos, sin dirigirnos la palabra. Sólo me había hablado para expresar su sorpresa, y yo tampoco me atreví a dar pie a una conversación que me heriría aún más. Vero y Elisa no tardaron mucho, y pudimos disfrutar de unos helados medio descongelados. Como buenas anfitrionas, nos ofrecieron unas copas, que tuvimos que aceptar por insistencia. Pusieron música, y se dispusieron a bailar, mientras Mónica y yo bebíamos nuestro ron con naranja.

– ¿Se puede ser más sosa? Anda, salid a bailar, que la noche es joven.
– Hace años que no oía una frase tan carca -espeté.

Elisa me cogió de la mano, y me sentí como en el baile de fin de curso de un ridículo colegio americano. Esa escena en la que la amiga guapa le pide a un chico que invité a bailar a la fea del grupo, y esta, emocionada, termina bañada en ponche. No sé muy bien en cuál de las mil vueltas, terminé en los brazos de Mónica, pero cuando fui consciente, dejé una distancia de seguridad entre su cuerpo y el mío. Ella tampoco se sentía cómoda, notaba cómo sus manos cada vez me sujetaban menos de la cintura, hasta que sólo me sostenían sus dedos. Vero se percató de la situación, y cuchicheó con Elisa. Nos flanquearon por la espalda, y nos empujaron hasta que Mónica casi me hizo caer. Ellas se reían, pero nosotras no. Notaba cómo me subían los colores, y creí que lo más conveniente era volver a reposar mi trasero en el sofá, y mirar cómo se derretían los hielos. Pero mi plan fue frustrado, no por Elisa, no por Vero, sino por Mónica, que me agarró del brazo suavemente, y se acercó.

– No quiero seguir escondiéndome en una trinchera.
– ¿Qué quieres decir?
– ¿Quieres bailar?

Yo asentí con la cabeza, y ella me envolvió con sus grandes manos. Volví a sentir aquella sensación de seguridad, pero tenía miedo, no sabía sí volvería a arrepentirse del acercamiento. Me hubiera gustado que se apoyara en mi hombro, pero creo que le resultaría incómodo sacándome casi una cabeza.
La tenía tan cerca, la sentía tan mía… Todas las veces que había imaginado sus abrazos se habían quedado cortas, la Mónica real era mucho más fuerte, más guapa, y me tenía más prendada.

– Helena, no me hagas daño.
– ¿Te he pisado? Lo siento.
– No. No es eso. Quiero intentarlo.

Yo enmudecí. ¿Intentarlo? ¿Me estaba dando luz verde? ¿Significaba aquello que me quería?, ¿que al menos le gustaba? Ella me miraba, esperando a que yo dijera cualquier cosa.

– Perdona. Quizá esperé demasiado. Lo siento -se disculpó mientras retrocedía-, pensaba que…, no sé, que quizá tú…
– Te quiero.

Una sonrisa me bastó para saber que ella sentía lo mismo. Si no hubiera sido por los aplausos que Vero y Elisa nos brindaron, aquel momento habría sido épico. Nos echaron a los pocos minutos, y me vi en la calle, con ella de mi mano, sin atrever a mirarnos, pero con unas ganas locas de besarla.

– Vente a mi casa – le pedí.

No hicieron falta palabras, sólo caminamos. Una vez en mi salón, no sabía qué hacer. Le empecé a ofrecer todo lo que encontraba en la nevera, pero ella rehusó todas mis ofrendas.

– Creo que estamos demasiado nerviosas.
– No me digas que te vas, por favor -supliqué.

Mónica se acercó, sus manos se posaron como mariposas en mi cintura, me acercó muy despacio, pero con firmeza hacia ella, y me besó. Mis labios habían recorrido muchas bocas, pero esa era la que marcaría la diferencia, la que me haría estremecer. Como diría Sabina, sabía que “esta boca es mía”.
Podría contaros cómo fue el resto de la velada, o los días que le sucedieron, pero hay que guardar un poco de intimidad para una, que esto no es una programa de Telecinco, y tampoco sabría cómo expresar todos los sentimientos que florecieron. Sé que es el amor de mi vida, y también que, si un día Helena Uno decide regresar, se enamorará tanto o más de esa mujer tan maravillosa que durante meses se ocultó tras unas gafas negras, y una sonrisa perfecta.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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12 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 50

  1. The hunger dice:

    Ohhhhhhhhh, happy end, happy reader!!! Me ha encantado, lo mismo no te lo había dicho, no? Jaja. Enhorabuena! No nos hagas esperar mucho para tu próximo relato!

  2. Marta dice:

    Maravilloso!! me helé cuando leí que estaban incomodas, pensé que las llevarías al extremismo y que habría un final infeliz jajaja fue espectacular, me encantó no solo por la perspectiva sino pqe ha sido eximio.

    Me ha fascinado la sombría, que los personajes hayan estado llenos de desesperación mental, locura, amor, cariño, negación y aceptación (sentimientos, ideas o de sí mismas como personas) entre otras cosas que hacen que te enganches, a tal grado… de volver a leerlo todo otra vez y no querer que llegue el final.
    La narración siempre está bien escrita, el argumento perfectamente narrado y la visión de la realidad siempre está vista, por tal te llamaré “the dope writer”
    en español no suena muy bien, pero ya sabes que en ingles sí jajaja
    Cuando volviste con la historia jugaste un poco, por lo menos ami me hiciste deducir y suponer aun más que anteriormente, leer entre lineas los personajes, intentar descifrarlos cosa adictiva… al igual que dejar el resto, para los curiosos: la imaginación.

    • remendona dice:

      Muchísimas gracias, no sólo por tu comentario, sino por leerme, y estar siempre presente en el blog.
      La segunda parte me costó un horror escribirla, se me había atragantado la historia, pero al final terminó saliendo.
      Espero poder regresar pronto, con algo nuevo y fresco, que está muy complicada la cosa. De todas formas, ya os diré una autora que estoy leyendo de temática, que la verdad es bastante buena, de lo que mejor que he leído.
      Un beso.

      • Marta dice:

        Muchas gracias a ti, por escribir y dejarnos leerte.
        Te mereces unas buenas vacaciones, diría “solo por haber escrito tan adictiva novela” pero eso ya lo sabes así q diré un “tan sólo pqq es navidad”
        Me alegro q saliera, el resultado me encantó (+ complicado + engancha) esperaremos tus recomendaciones.
        Un beso

      • remendona dice:

        Muchas gracias, Marta. Espero que la siguiente sea de vuestro agrado. Ahora ando bastante liada, por las Navidades, pero prometo volver pronto, y esforzarme para conseguir que sea una novela que enganche.
        Un beso.

    • AriaJ dice:

      Marta, me ha sorprendido que me hayas quitado la palabra de mi mente. Estaba pensando en decirlo: Maravilloso!!!
      Porque realmente lo ha sido. Me ha encantado, tanto que no he podido evitar escribir.
      Espero que esta excelente escritora nos siga sorprendiendo y fascinando con más historias estupendas.
      Felicidades!

      • remendona dice:

        Muchas gracias, AriaJ. Por supuesto que seguiré por aquí, prometido.
        Sobre lo de escritora…, creo que ese es un apelativo que me queda un poco grande, pero agradezco que me dotaras de él.
        Muchas gracias por leerme y por escribir, a veces pensamos que estamos escribiendo para el vacío, pero vosotras me hacéis ver que no es así.
        Un saludo.

  3. Marieta dice:

    Ayer descubrí este y tu relato es el responsable de que me acostará a las mil; no me acosté hasta haberlo terminado. Me ha encantado.

  4. Me ha encantado, por una décima de segundo pensé que acabarían separadas, pero al instante deseché esa idea de mi cabeza, me dije que no nos podías hacer eso después de 49 capítulos jajaja… una sugerencia para el próximo relato, si le pones cara a los personajes, al menos a los principales, es que te hago un monumento!!!!! Espero y deseo que el nuevo año te traiga tiempo e inspiración para seguir deleitándonos con tus relatos. Besos

    • remendona dice:

      El final tiene que ser bueno para la protagonista, pero no me hago responsable de lo que les suceda de aquí en adelante…
      Sobre lo de ponerles rostro, va a ser complicado, porque todos los personajes son un conglomerado de personas que en realidad existen, y creo que describirlas, no les haría demasiada gracia. Además, prefiero que cada una elija cómo transformar las palabras en mujeres.
      Muchas gracias por estar por aquí. Espero volver pronto.
      Un saludo.

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