Olvidando la vida. Capítulo 44

Como era de esperar, Mamen retiró la denuncia, y mandó un comunicado al ayuntamiento, para que fuera leído por todos, en el que admitía que el hecho era falso y que yo no había intentado nunca propasarme con ella. Mi abogado me dijo que era un intento de eludir mi denuncia, pero que no debía echarme atrás, no solo por el daño que había causado en mi lugar de trabajo y en mis relaciones con los compañeros, ni por el dinero que le había dado para que desapareciera, sino por el estrés al que Isa me había sometido. Tuve que ir a un forense estando aún viva, para que comprobara que el daño del accidente no causaba mi amnesia, y usaría esa baza, para pedir una indemnización mayor.
Se estaba yendo todo de madre, no quería todo aquello, pero tampoco podía retirarme y dejar que me tacharan de cobarde. Helena Uno se había asustado mucho por culpa de Isa, yo no cometería el mismo error.
La citación llegó pronto, pero el juicio se demoraría casi un año. Así es la justicia, al menos para la gente corriente. Mamen me había devuelto hasta el último euro, Isa no daba señales de vida, y yo continué con la mía lo mejor que pude. Una vez que te ponen la letra escarlata, es prácticamente imposible borrarla.
De vez en cuando, quedaba con Tami. Nunca le conté nada de todo aquello, me limitaba a escuchar sus idas y venidas amorosas, que no eran pocas. Ella se sentía muy cómoda con romances cortos, y no entendía que yo no sintiera ganas de acostarme con ninguna mujer. Supongo que mis problemas eran mucho mayores que mis deseos sexuales.
Gaby empezó a ser una parte importante en mi vida. Había cortado cualquier contacto con Isa, y siempre me miraba con ojos de pena, como si sintiera responsable de los actos de la que fue su amiga. Hablábamos mucho, incluso me daba clases de informática para lerdos. No hubo ningún intento por su parte de acostarse conmigo, y yo agradecía aquel gesto preparando café y tartas. La repostería se había convertido en uno de mis pequeños placeres.
Elisa, por supuesto, siguió insistiendo en que saliera, decía que separarme del mundo no haría que me sintiera más fuerte, sino más vulnerable, que la única manera de disfrutar de la vida es vivirla, y no refugiarse en una trinchera imaginaria, esperando que parara unas balas inexistentes. Le tuve que confesar mi fijación por Mónica, a la que no podía borrar de mi mente. Elisa me dijo que tuviera paciencia, que Mónica no era de las que se iban con cualquiera, el tiempo me sobraba, pero las ganas de insistir en que se acercara un poco a mí habían desaparecido, y terminé conformándome con soñarla despierta, con imaginarme cómo sería que me besara, que me quisiera. No era nada saludable, pero era la única manera que tenía de sentir que estaba cerca, de volver a notar la protección de sus brazos, y la dulzura de sus labios.
La verdad es que la frenética vida de Helena Uno, se había transformado en un recorrido aburrido. Al final Isa había ganado, me había jodido, y no como ella quería, sino logrando que lo hiciera yo solita, con mis propias manos, y mis propios actos.
Silvia me llamó una tarde, yo andaba haciendo una tarta de chocolate, y se invitó para probarla. No quería verla, entre Lidia y ella, habían roto todos mis esquemas. El reencuentro fue distante, pero, poco a poco, fuimos hablando de más cosas. Quizá el cacao sea un buen estimulante social. Recordamos cómo nos conocimos. Ella aún tenía su cámara rota, y yo me volví a disculpar. Me dijo que disfrutó mucho de esa noche, pero que Vero le había asustado. Ese día había decidido no ponerse trabas en el sexo ni en el amor, pero vio la aparición de la Secta como algún tipo de señal, y volvió a su retraimiento. Decía que si hubiésemos pasado aquella noche juntas, no me hubiera dejado escapar, que le gustaba de verdad, y que le dolió mucho lo de Lidia, porque se vio entre dos aguas que no podía contener, ni separar, ni unir. Yo le confesé que aquella noche me gustó mucho pasarla a su lado, y que no me arrepentía de lo que había pasado aquel fin de semana, ni de que Lidia se enterara, que quizá no hice bien las cosas, pero que no hubiera podido vivir tranquila sin explorar su cuerpo. Supongo que no le hizo mucha gracia mi comentario, pero tampoco lo pretendía, solo evidenciaba una verdad. Le hablé sobre mi miedo de volver a ser una persona odiosa, y me dijo que lo dudaba, que no creía que la gente cambiase, y que, en el fondo, Helena Uno, no era más que una niña asustada, que prefería atacar, para no tener que defenderse. También me preguntó por mi vida amorosa, y Mónica volvió a mi boca en forma de nombre y no de beso. Me sugirió que la olvidara, pero, ¿cómo se olvida algo a lo que quieres tanto? Decía que no se podía extrañar lo que no se había tenido, y yo le respondía que era a ella a la que más cerca había sentido.
Intenté retomar el contacto con Vero. Al principio rehusó cada uno de mis intentos, pero terminó aceptando quedar conmigo, con la condición de que fuese un sitio neutral, con mucha luz y más gente. Se estaba separando de aquel machito prepotente. Al parecer, había preferido ser pasivo, y liarse con un chico de veinte años. Vero les pilló en pleno éxtasis, a la vuelta de su casa.

– Y encima pretendía negármelo. Llevaba meses con ese chico, y me hacía ir a las reuniones de la asociación. ¿Qué coño iba a convertir él a nadie, si seguía siendo gay?
– Y tú lesbiana, y también lo hacías.
– Pensaba que no lo era. Además, me acostaba con él.
– ¿Pensabas en él mientras lo hacíais?
– No, la verdad es que pensaba en mil cosas. Pero lo peor no fue el sexo, que era horroroso, sino que me tuve que hacer todas las pruebas de enfermedades de transmisión sexual que existían. ¡A saber a cuántos se había follado!
– Te recuerdo que tú y yo también nos acostamos. ¿Tienes algo?
– No, nada, por suerte debió usar condón -aquella conversación le sacaba de sus casillas y me cambió de tema-. Echo de menos estar entre las piernas de una mujer. Hace casi seis meses que me separé, y aún no me he atrevido a salir a ligar.
– Tómate tu tiempo, tampoco vas a ir a tirarte a la primera que encuentres.
– Pero una tiene sus necesidades. ¡Y me he pasado años follando con un tío! No sabes lo que es eso. Antes me las apañaba a base de agua fría y Tranquimazin, pero ahora…, parezco una perra salida, perdona.
– Tranquila -dije riéndome-, prefiero tus hormonas que tus ideas de transformación transcendental. Por cierto, tengo algo para ti.

Vero me miró extrañada. Yo fui a la habitación y rebusqué entre mi ropa interior.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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8 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 44

  1. The hunger dice:

    Mónica team total! Ya llegamos al final, echare de menos a Helena!

  2. The hunger dice:

    Te echare de menos a ti sí no empiezas otro relato pronto!

    • remendona dice:

      Comienzo leyendo que me echarás de menos a mí, pero solo me quieres por mis historias… Creo que he sentido celos de mi escritura.
      Un abrazo.

      • Raquel dice:

        Me dan miedo las personas como tú, que pueden enamorar sin siquiera presentar un rostro…

      • remendona dice:

        Jajajaja, leí hace poco una frase así. En cierto modo, es cierto, a mí me enamoran las personas que tienen el don de la palabras, pero también hay quién no lo valora. Me gusta saber que tú sí lo haces, me creas esperanzas en la humanidad.
        Un saludo. Y no me temas.

  3. The hunger dice:

    …es lo único que muestras de ti!

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