Olvidando la vida. Capítulo 43

Si Isa llegaba a enterarse de mis planes, estaba en un buen lío, seguro que sería capaz de darle la vuelta a la situación, pero ya era tarde, no había caído en la relación entre Gaby e Isa. Esperaba que al menos Inés no fuera parte de aquella malévola trama.

– ¿Alguien me va a explicar por qué tenemos que ver cómo está tía intenta acostarse contigo?
– Gaby, no puedo decírtelo.
– Vaya, me llamas para que te solucione tu vida informática, pero no eres capaz de ser sincera conmigo por una puñetera vez. No sé ni por qué sigo respondiendo a tus llamadas.
– Cuéntaselo, es una aliada.
– Es amiga de Isa.
– ¿Qué tiene que ver Isa con todo esto? -preguntó Gaby.
– ¿De verdad puedo confiar en ti?
– Me tienes aquí encerrada durante horas, tecleando, buscando, y me preguntas que si puedes confiar en mí. Quizá deba ser yo la que desconfíe. ¿Qué vas a hacerle a Isa? -parecía enfadada-. Como se te ocurra romperle el corazón otra vez…

Antes de que intentara explicarle las cosas, Inés se me adelantó. Le contó todo, salvo la relación entre Isa y Mamen, esa parte me tocó a mí. Gaby no daba crédito a la historia, intentaba defender a Isa, era de entender.

– Gaby, me conoces, conoces a las dos personas que viven dentro de mí. Mírame a los ojos y dime que te estoy mintiendo. Dejaré de insistir, de verdad. Pero ten en cuenta que es mi carrera la que está en la cuerda floja, ¿crees que me metería en esto solo por joder a Isa?
– La verdad es que sé que no apostarías tu trabajo, es lo único a lo que de verdad quieres. Pero comprende que no entiendo cómo has sucumbido a un chantaje, ni cómo Isa sabe todo esto, ni por qué querría mantenerte a su lado de esa forma tan deplorable.
– ¿Isa no te ha contado nada de todo esto?
– No. Cuando quedamos hablamos de cómo nos van las cosas. Sí que has salido en alguna conversación, pero no vi intención alguna de meterte en este lío -se quedó pensativa-. Aunque sé que le molestaba que nos liásemos, pero no pasaban de unos simples celos. No sé, no es que Isa sea un alma cándida, pero tampoco es una hija de puta. Seguro que le hiciste algo muy malo.
– No sé qué le hice, pero no estoy dispuesta a tirar mi vida por la borda.

Le llevé todos los archivos y documentos al abogado. Me tranquilizó, dijo que remitiría las pruebas a la parte demandante, y seguro que retiraban los cargos. También le conté lo de Isa, me daba un poco de reparo tener que narrarle a un tío con el cuadro de un cura en la pared, mis vivencias sexuales. Por lo visto, aquello cambiaba la cosa, no sólo pediría que retiraran la demanda, sino que me ofreció que fuera yo la que se querellara contra las dos, por calumnias, atentar contra mi honor, amenazas, extorsión, y no sé cuántas cosas más. No sabía hasta qué punto debía hacerlo, la verdad es que prefería dejarlo correr, pero mi nombre ya estaba manchado, y la única forma de limpiarlo era que ellas fueran las cabezas de turco, por lo que terminé aceptando su propuesta.
Pensaba que me sentiría aliviada después de arreglar aquel problema, pero no fue así. Me dolía tener que llevar a juicio a una persona a la que bauticé a mi salida del hospital como mi mejor amiga, con la que había compartido mi primera vez, con la que reí, en la que confié. Pero los cuchicheos en el trabajo no cesaban, mis compañeros ni me miraban a la cara, y las únicas llamadas que recibía eran de Recursos Humanos, para aconsejarme que dejara el puesto. Me sentía sola, más sola que cuando no conocía ni mi nombre, porque ya no estaba vacía, sabía lo que era el amor, lo que era la traición. Inés me apoyaba, pero desde la barrera, no quería ver que su trabajo también se tambaleaba.
Elisa quedaba conmigo siempre que sus guardias se lo permitían. El rato que pasaba a su lado era maravilloso, parecía como si el mundo se detuviera, y los problemas no fueran capaces de atravesar una barrera invisible que se formaba a nuestro alrededor. Ella insistía en que saliéramos, en que necesitaba divertirme, pero me sentía tan fría, que no creí que mi compañía fuera la más deseada. Pero me obligó a acudir a una cena con sus amigas. En esas semanas perdí mucho peso, era evidente, casi no comía, no tenía ganas, solo me hacía un ovillo en el sofá y miraba a un horizonte inexistente. No me arrepentí de aquella noche, entre todas lograron que esbozara una sonrisa, incluso Mónica parecía interesarse por mí.

– Tienes muy mala cara.
– Lo siento, olvidé la sombra de ojos en el otro bolso.
– No tienes por qué ser tan borde. Me preocupo por ti.
– Lo siento, estoy a la defensiva.

Además de no poder controlar mi apetito, tampoco podía con mi humor. Estaba tan dispersa, que vi en Mónica al enemigo, y eso me dolió, porque, en realidad, estaba pillada por aquella chica alta, de grandes manos, de ojos ocultos tras gafas de pasta, de pelo castaño y sedoso, de sonrisa perfecta, de voz cálida, de conversación amena y de inteligencia asombrosa. Vale…, quizá “pillada” no era la palabra adecuada, pero no quería asustarme a mí misma hablándome de amor, y menos por aquel entonces.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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6 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 43

  1. Marta dice:

    Acoso!!
    En los lios que acaba Helena Uno!!
    jajaja pobresilla! Me encantó esta conti.
    Muero cada vez que te leo y con esto:
    “porque, en realidad, estaba pillada por aquella chica alta, de grandes manos, de ojos ocultos tras gafas de pasta, de pelo castaño y sedoso, de sonrisa perfecta, de voz cálida, de conversación amena y de inteligencia asombrosa.” Helena va a estar pillada de verdaddd?? Q bonito.. yo quiero 😦 q vida más injusta Jajaja
    Un beso

  2. Chiquilla que mal quieres a Helena, ¿pueden pasarle más cosas?… mejor me callo porque sí, pueden pasarle muchas más. Vale que en su vida anterior fue una hija de … pero ya lo ha pagado con creces ¿no? Dale un respirillo mujer. Esperando el nuevo capítulo 😉

  3. The hunger dice:

    Mónica es alex vause!!! Jeje. Genial, como siempre.

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