Olvidando la vida. Capítulo 41

Las noches de placer con una persona inesperada traen consigo una consecuencia, el incómodo despertar. Mary tenía razón, y lo de dejar una note a tu amante de turno era una idea fabulosa, pero no si se trata de tu amiga.
Abrí los ojos, sin saber muy bien dónde me encontraba, la cabeza no me dolía, y eso era bueno, porque esperaba una terrible resaca después de la noche anterior. Me levanté, y el café despertó mi instinto más primario, el de alimentarme. Me tambaleé hasta la cocina, siguiendo aquel perfume tan embriagador. Elisa estaba allí, con una bata de seda como única protección. Yo había tenido la decencia de vestirme, aunque me llevó un buen rato encontrar todas mis prendas. Me sonrió, y yo bostecé (el romanticismo del día después).

– ¿Has dormido bien?
– Café -fue lo único que pude decir.

Elisa me sirvió una taza, y yo le agradecí el gesto con la mirada. Ella se acercó y me besó la frente. ¿Qué quería decir eso? Ya la había liado otra vez. Y ahora tocaba la típica conversación de no es por ti, es por mí, me gusta más tu amiga, el sexo fue genial, pero hubiera preferido a Mónica. La verdad es que solo de pensarlo, me caía peor que Helena Uno.

– Elisa, no quiero comenzar con eso de: fue un error. Me gustó, pero…
– Helena, no quiero que nos casemos. Anoche pasó algo que yo deseaba desde hacía mucho, ya he satisfecho mi curiosidad, no necesito más. Sabes que hace poco que salí de una relación, y no estoy dispuesta a caer en otra.
– Me alegro. Pensaba que te iba a perder como amiga.
– Una buena noche de sexo no debería distanciar a las personas. Te quiero mucho, pero no como para pasar de lo de ayer.
– La verdad es que fue divertido.
– Sí -afirmó sonriendo-, no esperaba que fueras tan juguetona.
– Si vas a jugar a avergonzarme, me marcho.

Ambas reímos, pero la verdad es que su comentario me había hecho enrojecer. Charlamos un rato, comimos juntas, y regresé a mi casa, nunca se duerme igual que en tu propia cama. Un horrible pitido me alertaba de que tenía el contestador saturado de llamadas. No sé por qué Helena Uno conservaba aquel arcaico aparato endemoniado. Todos los mensajes eran de Inés, insistía en que la llamara cuanto antes. Quería dormir, pero tanta urgencia en el trabajo no suele ser buena señal.

– Ya era hora.
– ¿Qué pasa? Y como me digas que es por Pamela, cuelgo.
– No es eso. Me ha llamado la Directora de Recursos Humanos. Quería saber lo de Mamen.
– ¿Qué Mamen?
– Es mejor que hablemos en persona, voy a tu casa.

Y aquella muchacha se autoinvitó un domingo por la tarde a mi cueva… Busqué en la agenda el nombre de Mamen, pero sólo me aparecía una que o se apellidaba prima, o éramos familia. Era mejor esperar a Inés y que ella me contara lo que estaba sucediendo. Llegó una hora más tarde, le faltaba el aliento, corrió a la cocina y se bebió un litro de agua.

– Helena, esto es muy serio.
– Explícate, porque no sé de qué me hablas.
– ¡De Mamen!
– ¿Quién coño es Mamen?
– Pensaba que habías recuperado la memoria -se quedó pensativa-. Da igual. Mamen trabajaba en nuestro Departamento. Era interina, te la tiraste, y cuando se terminó la baja que cubría, perdió el puesto.
– ¿Y?
– ¡Joder!, pues que te denunció por acoso, tenía llamadas tuyas grabadas, mensajes. No sé cómo lo solucionaste, pero ella desapareció, junto a su demanda.
– ¿Ha vuelto?
– Sí, Toñi ha recibido la denuncia esta mañana. No ha sido capaz de contactar contigo, y me ha llamado a mí, porque yo aparecía como tu testigo.

Llamé a la Directora, la verdad es que su voz daba mucho miedo. Habíamos coincidido un par de veces en alguna reunión, pero no me esperaba ese carácter. Me advirtió de que llegaría hasta el fondo del asunto, y de que perdería mi trabajo como viera el más mínimo resquicio de acoso. Era lo que tenía trabajar en un ayuntamiento dirigido por PePosos, seguro que si hubiese sido un hombre, todo aquello hubiera esperado por lo menos hasta el lunes.
Busqué en el móvil el teléfono de mi abogado, no fue fácil contactar con él, pero me citó al día siguiente en su despacho. Inés se quedó conmigo en todo momento. Yo no sabía qué hacer. Ella me recomendó que mirara todos los papeles que tuviera en casa, quizá desapareció por algún motivo, y yo tenía la prueba de ello.
Entre las dos removimos cielo y tierra, pero no sabía ni qué buscar. Inés decía que Mamen mentía por despecho, que creía que yo estaba detrás de su despido. Al parecer ella nos había visto liarnos, y no le pareció que no disfrutase o se sintiera violentada.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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5 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 41

  1. The hunger dice:

    Algo pintara Isa en todo esto……Por cierto, no se me olvida que este capitulo es el del domingo, así que nos debes otra entrega, ; )

  2. Marta dice:

    Cada vez más interesante, decir q “me encanta” es poco 🙂
    Espero q hayas tenido buen inicio de semana, yo esperaré ansiosa la conti.
    Un beso.

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