Olvidando la vida. Capítulo 40

Lidia se hacía la interesante, no sé por qué disfrutaba al hacerme sufrir. No recuerdo qué vi en ella, pero desde luego, se había difuminado con cada segundo que me tuvo temblando de miedo.

– Era una tal Isa. Dice ser tu novia. ¿Es verdad?
– ¡Qué coño importa eso!
– Vale, no te pongas así. Me ha dicho que me aleje de ti, que eres una pervertida.
– ¿Una pervertida? ¿Por qué?
– No me ha dicho mucho más, sólo eso, que tuviera cuidado contigo. Le he preguntado que por qué salía con alguien a quién consideraba una pervertida, y me ha dicho que ese era su problema, no el mío.

Me enfrasqué en mis pensamientos. No sabía a qué se podía referir con lo de pervertida. Ni me di cuenta de que Silvia y Lidia se habían marchado. Yo cerraba los ojos con fuerza, pero no era capaz de recordar nada. ¿Pervertida? Helena Uno podía ser muchas cosas, pero una pervertida…, lo dudaba mucho.
Elisa se preocupó, no era muy normal ver a una mujer apretando los párpados en medio de un bar. Le comenté lo sucedido, y me tranquilizó mucho, decía que eso era porque no tenía nada, y que lo único que pretendía era sembrar la duda en la gente que me rodeaba, para así volver a tener el control sobre mí.
Mónica se estaba poniendo el abrigo. Ya se había despedido de unas cuantas chicas, y yo no quería que se fuera. Me daba igual lo que Isa tuviera en mi contra, prefería continuar lo que Mónica y yo habíamos comenzado.

– Bueno, pequeñaja, me voy ya.
– No puedes irte, Mónica.
– Estoy cansada.
– Normalmente aceptaría tu respuesta, pero hoy no. Mira, no se me da muy bien esto de expresar sentimientos, he aprendido a vivir en una trinchera emocional, pero necesito serte sincera. La primera vez que te vi, me gustaste, pero hoy…, hoy me has encantado. No puedo quitarme de las manos tu tacto, ni de la cabeza cómo me has hecho sentir cuando me abrazabas, estaba tan cómoda, me sentía tan protegida. Sé que no quieres escuchar todo esto, o que te da igual, pero no quiero ser una hipócrita. Me gustas, y deseo seguir acariciándote lo que queda de noche.
– Helena, a mí también me ha gustado, pero no estoy preparada. Lo siento.

Y se fue. Me sentí idiota. Sabía que aquello sucedería así, pero me lancé a una piscina sin agua, y se me olvidó recoger los pedazos que quedaron. Tenía dos opciones, rendirme y llorar, o resignarme y, quizá, esperar a que ella cambiara de opinión.
Uno de los errores más comunes que cometo cuando me siento indefensa, es beber de más, no digo que me caiga por los rincones, pero sí hago cosas de las que me arrepiento, y entre ellas, el besar a Elisa.
No estaba planeado, ni siquiera se me había pasado por la cabeza en todo ese tiempo, pero lo hice, y ella no me paró. Mi mente seguía borrosa, quizá Mónica se hubiera convertido en una sombra aquella noche, y Elisa era todo luz.
La cerveza no hizo tanto efecto como para que no recuerde lo sucedido, a veces eso es bueno, y otras no, el tiempo diría en qué situación me encontraba.
Ella me obligó a ir a su casa, creía que lo de Isa me había deprimido. A mí me importaba todo una mierda, y me dejé arrastrar. Con Elisa me sentía a salvo, y quizá pudiera tener algún flash de nuestra juventud, esa sí que era una época que deseaba recordar. Me llevó a la habitación donde tenía la plancha, y una pequeña cama escondida bajo una pila inmensa de ropa que apartó con sumo cuidado, mientras se disculpaba por el desorden.
Yo me dejé caer sobre el colchón, ella me quitó los zapatos, e intentó subir mis piernas, yo le agarré de la presilla que sostenía su cinturón, y ella cayó sobre mí. Intentó incorporarse un par de veces, pero no le dejé. Quizá fuera un comportamiento infantil, pero me hacía gracia cómo me pedía que no le hiciera eso. Entonces fue cuando la besé, ella me miró, como si aquello fuera impensable, y luego dejó caer todo su peso sobre mí, llenando su boca de una pasión desenfrenada. Nos fuimos desnudando la una a la otra de forma muy torpe, lo que provocaba una explosión de risa. Conseguí darle la vuelta al asunto, y ser yo quién tomase el control. Sujeté sus manos por encima de su cabeza, y mis labios comenzaron la exploración de su cara, de su cuello, de su pecho, de toda su piel. Ella logró zafarse, y me sujetó de la cintura, apretándome contra su pelvis. Mi cuerpo sentía más y más calor, las gotas de sudor me recorrían la espalda. Ella me miraba, y yo a ella, creo que no dejamos de hacerlo ni por un segundo. Elisa, con sus ardientes manos, guiaba mis movimientos, cada vez más fuertes, más rápidos. Sentí cómo se introducía dentro de mí, cómo yo terminaba acompasándome a sus deseos. Quería ofrecerle lo mismo, y mis dedos se aventuraron entre sus piernas. Notaba cuánto le excitaba aquella situación. Regresamos a los besos, pero sin perder ni un solo acorde de aquella sinfonía que nuestros gemidos interpretaban. Era dulce, pero pasional, fuerte, vivo. Veía cómo sus mejillas se coloreaban del esfuerzo, y no pude resistirme las ganas de morder sus hombros con mis labios. Disfrutaba de cada golpe que sus brazos me empujaban a dar, de la profundidad con la que ella se había metido en mí, de tocarle más allá de dónde alcanza la vista.
Estaba exhausta, pero no me importaba, necesitaba saborear todo su ser. Al tercer orgasmo, pude escabullirme, y reptar con mi lengua por sus pechos, por su vientre, por la comisura de sus piernas. No obtuve ninguna negativa ante mis ganas de lamer lo que mis dedos habían logrado calentar hasta su ebullición. Adoraba el sabor que dejaba en mi boca, adoraba cómo me sujetaba la cabeza, pidiéndome sin palabras que no parara, no pensaba hacerlo, quería ver de cerca cuánto podía llegar a gustarle. Y lo vi, lo sentí, noté cómo su cuerpo se curvó, cómo ella se contrajo entera frente a mi boca, oí sus gritos de placer, que me hacían estremecer, y supe que por un segundo, había sido mía.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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8 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 40

  1. The hunger dice:

    Me voy a la ducha…

    • remendona dice:

      Jajajaja…, tampoco fue para tanto.

      • The hunger dice:

        Habría que saber que piensa Elisa de eso….jajaja. Es por variar un poco los comentarios, si no siempre sería lo mismo, “me encanta el relato”, “estoy enganchadisima”, una ya no sabe que piropos echarte!

      • remendona dice:

        Eso es porque no me has visto en persona, sino tendrías muchos más… Es broma (no del todo), pero a mi me encanta que te encante, me engancha que te enganche.
        No sé si mañana podré publicar, pero sino, el lunes sabrás qué opina Elisa.

  2. littleparrot dice:

    Nos gustan esas y muchas más cosas porque somos la mar de interesantes y tenemos un mundo interior del copón. Pero sí, eso nos gusta mucho, para qué nos vamos a engañar.

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