Olvidando la vida. Capítulo 39

Quizá debí pensar mejor mis movimientos, pero la idea de ser un pelele en manos de una neurótica, no me parecía la mejor solución. Había planeado quitarle lo que fuera que tenía en su poder, pero no por medio del sexo, hubiera aguantado sus charlas, o acompañarla de compras, pero no acostarme con una sociópata.
Regresé junto a Mónica, que ya había abandonado nuestro rincón para situarse junto a las chicas. Me miró con preocupación. Elisa también acudió a que le narrara lo acaecido, pero tampoco había demasiado que contar, debía esperar a ver cuál era el secreto, y supuse que no sería la primera en enterarme.
Mónica estaba como ausenté, yo quería volver a tenerla entre mis brazos, pero creí que ella lo vio más como un papel que interpretar que como un acercamiento real.

– ¿Y no tienes ni idea de lo que se trata?
– No, sólo me ha dicho: “tú lo has querido”, y se ha marchado.
– Pero alguna idea tienes que tener.

La verdad es que no se me ocurría nada. Quizá fueran unas fotos mías desnuda, o algo por el estilo, pero con la vida sexual de Helena Uno, eso no llamaría demasiado la atención y no le preocuparía.
Intenté volver al lado de Mónica, pero ella se entretuvo con otra chica, hablaban y reían, por lo que me mantuve al margen. Quizá la vida te enseña a lidiar con los rechazos amorosos, o quizá no, pero aquello me dolía. Por una parte, me alegraba de que se sintiera cómoda con otra, pero pensar que pudiera llegar a besarla, me hacía sangrar por dentro.
No quería seguir teniendo tantos frentes abiertos. Lo de Isa, ya estaba en sus manos, y fuera lo que fuese, sabía que me haría daño. Sobre mis recuerdos, era lo que menos me preocupaba en aquel momento. Gracias a una antigua amistad, mi vida iba cogiendo forma, había conocido a una chica que me gustaba, aunque pasara de mí, podía hablar con Elisa sin miedo a reproches, y mis salidas nocturnas, aunque coartada por la personalidad de Helena Uno, resultaron satisfacer mis necesidades sociales.

– Helena, estoy preocupada. Esa chica no está bien de la cabeza, y no te lo digo como amiga, sino como profesional. Deberías andarte con ojo.
– Sé que debe ser algo grave, pero no sé cómo iba a tener ella acceso a ello. Es psicóloga, ¿lo sabías?
– Si al final va a ser verdad que la diferencia entre un psicólogo y un paciente es que el primero tiene un título en la pared que dice que no está mal de la cabeza.
– Pensaba que eso era con los psiquiatras.
– Sí, pero me gusta más esta analogía…, por la cuenta que me trae.

Pensé en irme lejos, en alejarme de todos aquellos problemas creados, pero no serviría de nada, y la función debía continuar, Helena Uno no se hubiera marchado. A veces la echaba de menos, sé que ella hubiera encontrado una solución o se hubiera enfrentado a los problemas de cara. Yo no era así, soy la parte asustadiza, la que dice que va a comerse el mundo y termina siendo devorada por un cuadro de Goya.
Dicen que el mundo gay es muy pequeño, que tendemos a la endogamia, y cuánta razón llevan. Aún miraba a Mónica con la esperanza de que uno de mis rayos le hiciera recordar que era yo la que hacía que se estremeciera unas horas antes, cuando, sin previo aviso, sin presencia en lo títulos de crédito, Silvia y Lidia se acercaron.

– Me alegro de verte -dijo Silvia con una sonrisa.
– Y yo -contesté por una parte desubicada y por otra aliviada ante la falta de emociones al ver a Lidia.
– Te veo bien. Estás muy guapa.
– Gracias, Lidia. Espero que lo paséis bien. Disculpadme, tengo que volver con mis amigas.

Pensé que de esa manera me desharía de ellas, pero no fue así.

– Helena, no quiero molestarte. He recibido una llamada un tanto extraña y quería comentarlo contigo.
– ¿Por qué quieres hablar de tus conversaciones telefónicas conmigo, Lidia?
– Porque me han llamado preguntando por ti.
– ¿Por mí? Déjate de misterios y dime qué es lo que te han dicho -notaba cómo el corazón se me aceleraba.
– Me ha dicho que como soy una de tus “amiguitas”, debería saber con qué tipo de persona me juntaba. Pensaba llamarte mañana para contártelo, pero aprovecho que estás aquí, y así me explicas qué está pasando.
– ¡Cuéntamelo ya!

Me estaba sacando de quicio con tanto rodeo.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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10 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 39

  1. The hunger dice:

    Pues eso…..cuentanoslo ya! Jeje

  2. Joan dice:

    Estoy igual que Helena, tanta intriga es …ufff, un poco desesperante

  3. Marta dice:

    Me encanta q haya intriga hasta el ultimo momento pero…pqq!! Porq lo dejas ahí!!!!! Esperaré ansiosa el siguiente!
    Q estés bien!
    Un beso

  4. Marta dice:

    Lo será. Que tengas un buen finde.
    Un beso

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