Olvidando la vida. Capítulo 36

Podía haber quedado con Isa, haberle echado en cara sus mentiras, pero creí más conveniente urdir un plan, pero, claro, para eso necesitaba algo de ayuda, y no sabía en quién podía confiar. Elaboré una lista de las personas que conocí gracias a Helena Uno, y de las que conocía por mí misma. Judith estaba descartada por completo, Isa también, y Gaby, pues eran amigas. ¿Quién podría ayudarme? Pensé en Tami, pero no estaba muy convencida, ella me conocía de antes, teníamos gente en común, y, aunque hasta ese momento no había pensado en ella como una enemiga, me daba demasiado miedo meterla en todo esto y que fuera tan culpable como las demás.
Le comenté a Elisa lo que Mary me había dicho, y se apuntó sin pensárselo, dijo que yo le había ayudado mucho, y ella no iba a defraudarme. Sus amigas también se unieron. No pensé que aquellas estiradas encontraran gracioso el averiguar qué jode tanto a alguien como para anularlo por completo. Mary regresó a Bruselas, me despedí de ella en el aeropuerto, lamentando no saber qué hacer con nuestra relación, pero lo entendió, y me confesó que en realidad estaba más preocupada que enfadada. Sabía que lo nuestro no duraría demasiado, y que “fue bonito”.
La señora Pilar me acompañó a la consulta de Elisa. No dejé que entrara, por si la reconocía. Me dio un papel, con una fórmula magistral, que debía tomarme una vez al día durante una semana (eran pastillas de glucosa), la señora Pilar estaba entusiasmada, veía a la doctora Roca como una salvadora. Pasé esos días en su casa, tenía que conocerla más.
Una mañana, me levanté con la intención de poner en marcha mi plan.

– ¡Mamá!, ¿dónde escondes el café? Nunca lo encuentro.
– Está en el mueble de la derecha, pero tienes una cafetera entera. ¿Para qué quieres…? -había logrado enmudecer a la cacatúa-. ¡Hija! ¿Has vuelto? Claro, hoy terminabas con las pastillas. Tómate la última. ¡Susana, Susana! Tu hermana ha vuelto.

Susana entró desperezándose en la cocina. Nos miraba sin saber a qué se refería la señora Pilar. Yo la miré con odio, sabía que Helena Uno llevaba años enfadada con ella.

– ¿Qué se está quemando?
– Tú, que hueles a pocilga. A ver si te duchas, “saco de pulgas” (Elisa me dijo que así me refería a mi hermana).
– Lo que me faltaba, ahora que me había relajado con la Helena medio gilipollas, llega la gilipollas entera.
– Ya te puedes ir callando, no sea que yo me vaya de la lengua.

Me obedeció sin rechistar. Elisa me había contado muchas cosas sobre mi familia, a fin de cuentas, éramos amigas en la adolescencia, y un comportamiento más vulgar que ese, no se da en otra etapa de la vida. La señora Pilar daba saltos de alegría, Susana mandaba mensajes con el móvil, y yo decidí que era hora de seguir mi camino.

Elisa dividió su grupo en dos, no podían relacionarla conmigo. Mónica sería mi presa, cosa que le divertía. Habíamos pactado ir al bar donde suele estar Judith, yo entraría sola, y me la camelaría. Judith sabía perfectamente cómo era la Helena que ella conocía, así es que debía currármelo mucho sin olvidar la prepotencia con la que solía actuar.

– Anda, si está aquí la cornuda. ¿Ya te han dejado tirada otra vez?
– Te has vuelto idiota desde que te olvidaste de todo.
– Lo siento, pero ahora lo recuerdo. Así es que éramos amigas y nos traicionaron, ¿no? ¿Cómo era esa historia? Jajajaja.

Me fui, dejando boquiabierta a Judith y a su séquito, el cuál la dejó en el arroyo para seguirme. No recordaba sus nombres, y eso sería un problema, pero Helena Uno seguro que les decía cosas como “bonita”, y así todas quedaban contentas. Por lo que intenté conseguir una cerveza por ese método: “oye, preciosa, ¿te importaría traerme una cerveza? Estoy tan (enfatizando mucho) sedienta”. Funcionó, y a los poco minutos, una Heineken estaba en mi mano. Charlé un rato con las nuevas o viejas amigas, que pusieron a Judith a caer de un burro, y ensalzaron mis virtudes como líder. Les pregunté qué opinaban de Mónica, a todas les encantó, no esperaba menos de unas borregas así.

– Esta noche iré a por esa. Creo que he perdido facultades y con una me conformaré.
– Está súper buena, tía.
– Tiene cara de estrecha, pero seguro que te la tiras.
– ¿Acaso lo dudabas? -pregunté modulando la voz y mirándola de un modo inquisitivo.

Todas bajaron la cabeza. Me sentí como en un documental de La 2, “la leona mira al resto de la manada, marcando su territorio, sabiendo que ninguna se enfrentará a ella, las consecuencias pueden conllevarle la muerte”.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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8 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 36

  1. Marta dice:

    Fabuloso, me ha encantado!!
    Ya me preocupaba que Helena se fiase de todo lo q le cuentan Jajaja a saber que tramará.
    Esperare ansiosa el prox. Cap.
    que tengas una buena semana 🙂

  2. The hunger dice:

    Jajaja, me gusta por donde va Helena, pero espero que no vuelva a ser nunca Helena Uno, es odiosa. 16 capitulos para desenmarañar la trama, deseando la dosis de mañana!

    • remendona dice:

      Uis, no se puede desvelar si Helena Uno volverá, pero quizá deberíamos darle un voto de confianza…
      Lo que me da miedo no es que termine, es empezar el siguiente.
      Muchas gracias por tus comentarios.
      Un saludo.

      • The hunger dice:

        Esperemos que no sea como la describen las demás y que sean las demás las que son unas arpías jeje. No te preocupes, yo para hacer tiempo he empezado a leer otro de tus relatos. Gracias!

      • remendona dice:

        ¿Este era el primero que leías? Pufff, pues los otros no tienen tanta miga, no sé si te gustarán, pero espero que sí.

  3. The hunger dice:

    Sí, este era el primero. Estoy con Yoli y de momento me gusta!

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