Olvidando la vida. Capítulo 35

Resultó que aquella mujer que me había arrastrado a las fauces del frío no era otra que la novia anónima de Helena. Se llamaba Mary y tenía mucho que contarme, con un acento que no fui capaz de identificar. Me despedí de Elisa y de sus amigas, con la promesa de una explicación, sobre todo a Mónica, a la que dejé con la palabra en la boca. Mary me acompañó a casa, sabía el camino, por lo que admití que esa muchacha formaba parte del pasado olvidado.
Me hizo muchas preguntas, cuándo fue el accidente, si conocía a tal y cual, quién sabía lo de mi amnesia. Vamos, una batería de preguntas a las que ya había respondido demasiadas veces. Me estaba poniendo nerviosa, yo quería saber qué era lo que tenía que contarme sobre Isa.
“Nos conocimos hará año y medio. Tú eras la típica chulita que va dejando cadáveres a su paso, y yo solo una enviada de la UE, con el cometido de analizar cómo funcionan las administraciones locales en España. Me mandaron a tu departamento. La verdad es que me quedé obnubilada nada más verte, tenías tanta fuerza, tanto poder, tanta influencia entre la gente. No había quién pasara por tu lado sin agachar la cabeza. Eso no quedaba muy bien en el informe, claro. El Alcalde preparó una cena, supongo que con la intención de comprarme, suelen hacerlo. Tú charlabas con tus colegas, y yo intentaba seguir las conversaciones, mi castellano aún no es muy bueno, y esquivar las preguntas sobre cómo iba mi trabajo, todo ello, sin que se me notara demasiado que me encantabas.
Todo el mundo se fue a casa, pero tú no, te quedaste sentada, hablando por teléfono con alguien. Me parecía una falta de respeto dejarte allí sola, por lo que esperé hasta que tu conversación terminó. Me miraste, y me dijiste que necesitabas una copa, que aquello era demasiado superficial y frívolo para ti. Fuimos a un bar, era tranquilo, y estaba limpio, en Madrid está siempre todo sucio.
Hablamos durante mucho tiempo, no mencionaste el trabajo, y eso me gustó. Tu móvil no dejaba de sonar, y te viste en la obligación de darme explicaciones. Me dijiste que había alguien que no dejaba de molestarte, que quería estar contigo, pero que tu vida era muy complicada. Me interesé por tu vida amorosa, pero no me contaste demasiado. Las bebidas se habían acabado y el bar cerraba. Me invitaste a tu casa. Yo accedí, no con la esperanza de algo más, sino de conseguir una amiga en Madrid. Viajo mucho, y, aunque vivo en Bruselas, suelo venir a España, y me gustaba pensar que podría conocer a alguien con quién quedar cuando regresara.
Apagaste el móvil, y comenzaste a desnudarte en el salón. Yo no sabía qué hacer, pensaba que era normal cambiarse delante de una mujer para ponerse ropa más cómoda. Te acercaste mucho a mí, cogiste mi mano y la llevaste entre tus piernas. Me daba mucha vergüenza. No dejabas de mirarme a los ojos. Dijiste que sabías que era eso lo que yo quería, y que tú no pensabas quedarte con las ganas. Supongo que me dejé guiar, y terminamos manteniendo sexo en tu este sofá.
Me desperté antes que tú. En la cultura de mi país, debía ponerme la ropa, dejarte una nota de despedida y marcharme, pero desconocía las costumbres españolas. Me iba a levantar, pero me abrazaste. No había forma de escapar.
Por fin abriste los ojos. Sonreías, y eso me tranquilizó, pensé que era así como debía hacerse aquí. Preparaste café, delicioso, dicen mucho del café italiano, pero en España es exquisito. Seguimos hablando, eras muy agradable. Me sorprendió. No parecían la fiera que mostrabas en el trabajo.
Yo tenía que quedarme seis meses, no solo en tu Ayuntamiento, sino en unos elegidos en la Comunidad de Madrid. Me ofreciste tu casa, aunque tuviera los gastos cubiertos. Nos hicimos amigas, pero también amantes”.

– Todo eso que me cuentas está muy bien, pero antes me hablabas de Isa, de chantajes y no sé qué más. Ya sé que era una seductora nata, ahora quiero saber qué es lo que te conté.

“Un día llegaste disgustada. No querías contarme lo sucedido. Llamaron al timbre, tuve que esconderme en el baño. Prometí no hacer ruido. Discutías con una mujer. Ella decía que no podías dejarla, que sabía lo que habías hecho, y que conseguiría que lo pagaras. Tú suplicabas, pero no conseguías nada.
Se marchó, y viniste a buscarme. Llorabas. Me contaste que esa chica se llamaba Isa, y sabía algo de ti que no podía saber nadie más. Que al principio confiaste en ella, que la querías, pero cuando se acabó, ella se aprovechó de ti, y te tenía como rehén. No dejaba que te marcharas. Y tú debías seguir siendo su novia. Yo no comprendía las cosas. Me pediste que entendiera tu situación, que te sentías atraída por mí, pero que no querías hacerme daño, que ya habías herido a mucha gente. Insistí en que te quedarás a mi lado, te prometí protegerte, pero sólo llorabas”.

– ¿Qué tenía Isa contra mí? Ahora no me está chantajeando, ni me ha mencionado nada.
– No lo sé, pero tú lo veías horrible.
– Entonces, ¿tuvimos que dejarlo?
– Durante unos días no supe de ti. Te llamé, pero no cogías el teléfono. Me iba a rendir, pero una amiga me dijo que te dejara música en el contestador. A mí me gusta mucho Adele, y eso hice.
– ¿Eras tú?

“Sí, pensé que volvería a funcionar, pero no sabía que no me recordabas. La primera vez que lo hice, me llamaste inmediatamente. También llorabas. Fui a tu casa esa tarde. Estabas muy nerviosa, decías que no debería haber ido, que podían verte, pero te abrazaste a mí y me besaste. Tenías mucho miedo. No sé qué era lo que Isa podía hacerte, pero te veías en la obligación de seguir con ella.
Nos veíamos siempre que podías. Siempre en tu casa. Una noche te llamó, y tuviste que ir con ella. No supe más de ti hasta hoy”.

Aquello era todo tan confuso. Nunca entendí muy bien la relación de Helena uno con Isa, en mi recuerdo era yo la que parecía impasible y ella la que sufría, pero supongo que eso era solo una parte de la historia. No sé cuántas veces había cambiado de opinión sobre conocer mi pasado o no, pero debía volver a él, tenía que averiguar qué era lo que Isa tenía contra Helena Uno para que esta le tuviera tanto miedo.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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6 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 35

  1. the hunger dice:

    Uffff como se esta poniendo! Estoy en ascuas…

  2. Marta dice:

    Retiro eso que dije sobre lo de que no había justificación para el comportamiento tan bajo de Helena hacia Vero…sí, si se reprimen los sentimientos se acaba haciendo cosas nada bonitas.
    Me ha gustado mucho!! Helena Uno era muy directa. Oye y si se queda en amnesia siempre? o.o …esperare deseosa la conti.

  3. Madre mía cómo se está poniendo esto… que ganas tengo de saber todo lo que ocurrió, ya no me quedan uñas chiquilla. Esperando el siguiente capítulo. Besos

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