Olvidando la vida. Capítulo 34

Elisa decidió que era hora de enderezar mi vida, y me obligó a salir con sus amigas. Me sentía tan fuera de contexto… Todas eran doctoras en algo, pijas hasta el extremo. Todas con sus vaqueros ajustados, sus camisas por dentro, hablando de no sé qué procedimiento, de los pacientes, de los chalets, los coches, los diamantes…, todo tan sobrecargado. Elisa no era así, al menos conmigo.

– ¿Te aburres mucho?
– Bueno, digamos que tus amigas le hubieran caído mejor a la antigua Helena que a esta. No me gustan los excesos.
– Solo intentan impresionarte.
– Si impresionada me tienen, pero porque son capaces de hablar de temas que me son tan ajenos que logran dispersarme.
– Dales una oportunidad. En cuanto vean que ese no es tu estilo, aunque lo parezca, cambiarán.

¡No entiendo a las mujeres! No me gustan las fachadas, ni el intentar impresionar a base de materialismo, cuánto mejor una mirada cómplice o una conversación que te embauque. No sé, quizá mi nueva yo no estaba preparada para esa forma de ver el mundo.

– Me ha dicho Elisa que te sientes desplazada.
– Bueno, es normal, no os conozco y vosotras tenéis una historia en común.
– Eso no implica que no te podamos hacer partícipe de ella.
– Supongo que no, pero ese es el caso.
– Lo siento. Empiezo de cero. Me llamo Mónica, me gusta beber la cerveza directamente de la botella y los climas templados.

Aquello me hizo mucha gracia. Y comencé a hablar con ella sin sentirme cohibida. La verdad es que era una persona muy interesante, sabía muchas cosas, pero nuestro tema se centró en política, suele ser un error tratar sobre ello en una noche de fiesta, pero no fue así, la verdad es que me aclaró ciertos conceptos, y yo le abrí los ojos sobre el funcionariado, y el mito de que somos una panda de vagos (que los hay, como en todos los trabajos).
Elisa parecía satisfecha con mi conversación, y me lo hizo saber con una sonrisa. Creo que tenía complejo de Celestina o algo así. Mónica, no sé si por hacerme sentir más cercana o por otros motivos, de vez en cuando, acariciaba mi mano. No estaba muy acostumbrada a aquellos contactos, pero no me desagradaba, todo lo contrario, conseguía que me sintiera más relajada. Supongo que las técnicas de ligue de una persona que ha estudiado la conducta humana son buenísimas.
Estábamos enfrascadas en los recortes presupuestarios y las distintas Mareas que recorrían el país, cuando una mano se posó en mi hombro.
– No voy a pedirte explicaciones. Supongo que debí entender que pasabas de mí cuando dejaste de llamarme, pero podías haber tenido el valor de decírmelo. Pensaba que todo eso que me contaban sobre ti era mentira, pero veo que no, te gusta hacer daño -aquella mujer no me dejaba explicarme y parecía bastante decepcionada-. Tranquila, no voy a montarte un numerito, pero, si no te importa, ¿podrías salir fuera y decirme algo que me haga sentir mejor?

No pude negarme. Miré a Elisa con cara de “sálvame”, pero creo que no llegó a entenderlo. El invierno aún no había llegado, pero sí el frío. Menos mal que llevaba el abrigo al brazo, porque me hubiera congelado.

– Dime algo, Helena. ¿Es por Isa? Creo que no sigues con ella, porque estabas bastante interesada en esa chica. ¿Te ha hecho algo para que cambiarás de opinión?
– Perdona…
– No, Helena, no busco una disculpa. Quiero saber si estás bien. ¿Te ha hecho daño? ¿Ha seguido con sus amenazas? ¡Dime algo, joder!
– No sé quién eres -solté con una exhalación.
– ¿Cómo?
– A ver, supongo que me conoces porque me llamas por mi nombre y te refieres a personas que me resultan familiares, pero tuve un accidente hace casi un año y perdí la memoria.
– No me hace gracia, Helena. ¿Por qué te comportas como una gilipollas?
– Sé que no me vas a creer, pero es cierto. Supongo que en mi pasado debí mentir mucho, porque ahora nadie cree que no lo recuerde, y piensan que es una artimaña para librarme de esa persona, pero no es así. Por favor, dime quién eres, ¿qué es lo que se supone que me ha hecho Isa? Dime algo que aporté luz a todo esto.
– No es coña -dijo sorprendida-. ¡Joder! Y yo odiándote todo este tiempo. ¿Ahora estás bien?
– Sí, la única secuela es la amnesia, nada más.
– Pues tenemos una larga charla pendiente.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 34

  1. Marta dice:

    Helena parece tener un argumento que promete,
    hay algo escondido? electriza el aire y atrae
    demasiada intrigas. Me encanta!! 🙂
    Empiezo a pensar que lo mejor que le pasó fue la amnesia :S

  2. The hunger dice:

    Muchas gracias por colgarlo!!! Aunque como de costumbre me ha dejado con ganas de más…Ahora habrá que esperar con ansias al lunes! La historia mejora con cada capítulo!

    • remendona dice:

      ¿Con ganas de más? Menos mal que eso no me lo dicen en mi vida real… Poco a poco, que tiene que darme tiempo a seguir escribiendo. Pero me encanta que pienses que la historia mejora. Gracias.

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