Olvidando la vida. Capítulo 29

Estuvimos charlando de todo un poco, pero Elisa se decantaba más por mis vivencias, por lo que era capaz de recordar, por cómo veía el mundo y cómo me sentía al respecto. Nadie me había preguntado sobre sentimientos, quizá tampoco les importaba, era mucho más importante el hecho de averiguar si aquella cara que conocían se correspondía con la mente que recordaban. Quedamos en vernos de vez en cuando, en saber la una de la otra. Era tan agradable estar con alguien así… Elisa me recomendó que siguiera indagando sobre mi historia con Verónica, que mi bloqueo mental, después de la reabsorción del coágulo, podría deberse a eso. Durante mucho tiempo me pregunté si quería recordar, pero el mundo ya me había dejado claro que, o lo hacía por mí misma, o ellos se encargarían de contarme historias, ciertas o falsas, de una persona a la que no conocía.
Sólo conocía una forma de acercarme a Verónica, y era por medio de la secta. Contacté con ellos, y pagué un pastizal por pasar un fin de semana de retiro, en el que me salvarían del diabólico mundo de los homosexuales. No sabía si ella estaría allí, pero de no ser así, al menos estaría dentro, y podría contactar con ella sin que se presentara la policía.
Cogí el coche y me fui hasta un pueblecito de Ávila. Allí se encontraba la famosa casa que transformaba a los invertidos en personas de provecho. Seguro que la habían pagado robando a sus pobres “fieles”, o, a los idiotas como yo, que habían pagado más de cuatro cientos euros por una habitación compartida en un sitio perdido de la mano de Dios.
El Hermano Lucas nos recibió. Su sonrisa transmitía paz, y cuando te tendía la mano, un cosquilleo extraño te penetraba el cuerpo. Si se hubiera hecho político, seguro que le hubiese votado. Nos hizo una introducción sobre los males que comportan para la sociedad los comportamientos “que se salen de la regla”, y nos explicó cómo sería el proceso de “normalización” (así lo llamaba). Al parecer, nos asignarían a un consejero, de nuestro mismo sexo, para que sintiéramos miedo (muy lógico que junten a dos lesbianas para que dejen de serlo). La susodicha nos pondría tareas, y pasaríamos tiempo en medio de un bosque cercano, para que la Madre Naturaleza, expulsara de nosotros todo aquel mal. A mí me tocó la Hermana Cándida, que llegaría tarde. Un par de chicas me advirtieron de su severidad, por lo visto, en un fin de semana no te curas… (debían estar forrándose a costa de gente que se encontraba realmente perdida).
Me fui a mi celda, deshice las maletas, y me puse aquel horrible camisón blanco con puntillas, eso también formaba parte de la purificación, el blanco representa limpieza, lo que no sé es que podría significar que se me transparentasen las bragas rojas.
Pasé más de dos horas esperando a la mujer cuyo nombre no correspondía con su genio. Al fin, el pomo correoso de la puerta, comenzó a girar.

– Soy la Hermana Cándida, tu ayuda en este proceso tan importante -dijo sin mirarme, mientras yo me quedé perpleja-. No va a ser una tarea fácil, pero te guiaré por el sendero… -ahora sí que me había visto-. ¿Qué coño haces aquí?
– Esperar que me conviertas en una mujer recta.
– Voy a ver al Hermano Lucas, y le diré lo que pretendes.
– Vale, ve y explícale que no quieres ser mi guía porque una vez estuviste conmigo, y que tienes miedo de que te siga gustando.
– No me gustas. ¡No soy una abominación!
– No, la verdad es que estás muy buena. El tema es que yo he pagado mi cuota, y, o recibo mi tratamiento, o hago que todo el imperio de Lucas caiga. Y sabes que lo haré -dije tirándome un farol, como si yo pudiera hacer algo…

A regañadientes, fue enseñándome las distintas estancias de aquella cochambrosa casa. Todo el mundo se había ido, pero como “Candi-Vero” llegó tarde, íbamos con retraso.

– Ahora coge esas bolsas, nos vamos a acampar.
– ¿Tenemos quince años?
– ¿Es que no has entendido nada? La Naturaleza te dará la fuerza que necesitas para salir al mundo con tu nueva personalidad. El amanecer simbolizará tu nuevo nacimiento.
– Pues ya será el tercero.

Intenté hablar con ella, pero no había forma, no sé si porque estaba loca o porque me odiaba hasta el extremo de evitar cualquier acercamiento.
Hacía un frío horrible aquella noche, y yo con un simple camisón de tela raída. Ni sacos de dormir, ni comida, ni agua, ni mantas, sólo una pequeña y vieja tienda de campaña, por la que podía ver las estrellas, cosa que auguraba una gran helada. Desde luego no sé si el método era eficaz, pero o me moría por congelación, o me pegaba a ella.

– Tengo mucho frío.
– Esa es la soledad que sienten los homosexuales.
– No, eso es que hace frío. ¿Tú no tienes frío?
– La meditación hace que tu mente domine el cuerpo. Intenta probarlo y verás como te encuentras mucho mejor.

Aquella gilipollez me pareció el colmo, y le puse la mano más caliente que tenía sobre su mejilla. Estaba tan congelada como yo. Ella dio un respingo, y me miró con odio.

– Sabes que como sigamos aquí, vamos a caer enfermas, ¿verdad?
– Concéntrate en analizar tus pecados, y ellos arderán dentro de ti, proporcionándote el calor que necesitas.
– ¿Y tú eres médico? Lo que estás es idiota -me acerqué a ella-. Si no quieres que volvamos a la casa, vale, pero al menos démonos algo de calor.
– Eso es una abominación.
– ¿Me estás diciendo que prefieres congelarte a que yo te abrace?
– Preferiría cualquier cosa antes que tocarte.

Vero empezaba a tiritar, sus labios estaban morados, y yo no iba a permitir que se estúpida muriera por una cabezonería. La abracé, y, aunque intentó zafarse, logré calmarla. Ambas comenzábamos a compartir el poco calor je nuestros cuerpos desprendían. Me quité el camisón, y le arropé. Me sentía responsable de su estado. Ella me miraba sin dejar de temblar.

– ¿Por qué haces esto?
– Te estás helando. Y como sigas así, le van a dar por culo al retiro, te llevo de inmediato a un sitio con calefacción.
– No, me refiero a que no entiendo por qué has venido.
– Vero, eso ahora no importa.
– Tenemos que permanecer despiertas.
– ¡Me da igual lo que diga tu puta secta! Esto no es sano, ¿no te das cuenta?
– Te hablaba como médico, al dormir, la temperatura corporal disminuye, y podemos sufrir hipotermia. Así es que cuéntame lo que quieras, porque no vas a tener otra oportunidad.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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5 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 29

  1. The hunger dice:

    Me encanta como escribes. Enganchada total a la historia

    • remendona dice:

      Muchas gracias, The Hunger. Esta historia me está costando muchísimo, y leer que os gusta, me da ánimos para continuar. Creo que podré seguir publicando un capítulo al día, llevo escrito hasta el 40, pero perdonadme si algún día me retraso, no tengo demasiado tiempo.
      Un beso, y de nuevo, muchas gracias por compartir tu tiempo conmigo.

  2. Madre del amor hermoso!!!! En esa tienda de campaña van a pasar muchas cosas jeje… gracias por seguir. ¿Te he dicho ya que me encanta esta historia? Sí, ya lo hice varias veces jajajaja pero da igual, lo repetiré las veces que haga falta.

    • remendona dice:

      No puedo adelantar acontecimientos, aunque me muero de ganas, lo de guardarme los finales, no se me da muy bien.
      Por cierto, encantada de que me repitas mil veces que te gusta, para mí es muy importante.
      Gracias por leerme.
      Un beso

  3. MAC dice:

    No podés !!! Sos genial Tus bragas rojas !! Está buenísimo

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