Olvidando la vida. Capítulo 28

Cuando le di la vuelta al dichoso papelito, la sorpresa no cabía en mí. Era de la psiquiatra, quería quedar conmigo. Quizá no había entendido que no pensaba contarle mi vida. Pensé en ignorar la nota, pero sentía curiosidad por saber qué tipo de terapia se puede dar con una cerveza en la mano.
Me presenté en la cafetería (llaman a cualquier cosa cafetería) con unos minutos de retraso, no es que lo hiciera adrede, no me gusta llegar tarde, pero el tráfico es horrible a esas horas. Al fondo, en una mesa a la que apenas llegaba la luz, estaba sentada la doctora. Se había soltado el moño, sus gafas ya no eran rojas, sino negras, cambió la bata por un jersey oscuro y unos vaqueros. Parecía una persona totalmente distinta, sin ese aire de soberbia que desprendía en su consulta.

– ¿Para qué me has hecho venir?
– Querías una copa, un ambiente más distendido, un lugar donde no te sintieras incómoda.
– No creo que esto sea muy profesional.
– No lo es, pero tampoco podía seguir tratándote.
– ¿Por qué? ¿Tan perturbada estoy?
– Por favor, siéntate -obedecí y aproveché para pedir una cerveza-. No es lo que te imaginas. No puedo ser tu médico si te conozco.
– ¿Me conoces? -aquello ya había dejado de sorprenderme-. Pues si te hice daño, lo siento. No te recuerdo, y sé que no me he portado muy bien con mucha gente. Podría alegar que ya dejé de ser así, pero no es cierto, seguramente lo siga siendo. Así es que, si has quedado conmigo para echarme un rapapolvo, déjalo, ya tengo suficiente castigo con no recordar las cosas. No creo que sea necesario…
– Para -dijo interrumpiéndome-. No sé de qué me estás hablando. No ha habido daños, ni motivos para disculparse.
– ¿Entonces? ¿Eras mi psiquiatra antes de mi pérdida de memoria?
– No, éramos compañeras de clase. Fuimos juntas al instituto.

Resultaba que aquella doctora, Elisa, había sido mi amiga durante muchos años. Tardó en reconocerme, pero, cuando se dio cuenta de quién era, decidió pasar mi caso a un compañero, algún tipo de código de conducta entre los médicos. Me contó muchas cosas de mi adolescencia. En esa época no era una gilipollas integral, parecía buena persona. Me dijo que siempre había podido contar conmigo, incluso cuando sus padres se separaron y ella lo pasó fatal. Se fue a estudiar Medicina fuera de Madrid, y terminamos perdiendo el contacto. Me repitió mil veces cuánto se alegraba de volver a verme, de lo joven que le había hecho sentir, de que acababa de regresar a la ciudad y no conocía a nadie. Cosas normales entre viejas amigas. Me hubiera encantado poder recordar todos esos momentos, me hacían gracia sus historias, las pequeñas travesuras que realizábamos, los amoríos de la infancia, los grandes problemas de la adolescencia.

– Lo mejor fue tu cara cuando te confesé que era lesbiana.
– ¿Cómo? -sin duda, Helena Uno, sólo sabía rodearse de mujeres invertidas-. ¿Te puse mala cara?
– No, ¡qué va! Me dijiste que eso era imposible, que yo era un zorrón con patas y que me gustaba más un rabo que a un torero.
– ¡Qué barbaridad!
– Era de entender. Teníamos una especie de competición por ver quién era capaz de ligarse a más tíos. Siempre te ganaba -hizo una pausa-, está claro que los años han pasado muy bien por ti.
– A ver, ¿éramos dos perras salidas, y tú, que me hacías morder el polvo, te retiraste del concurso y eso me molestó?
– Creías que ya no podrías hablar conmigo de Joaquín, el guapo de clase, ni contarme tus peripecias pre-sexuales. Pero no fue así, aunque al principio evitabas el tema, volviste a hablar conmigo como siempre. La verdad es que me sorprendió, fuiste la única a la que no le dio miedo que yo fuera lesbiana e intentara violarla.
– Quizá me gustabas.
– Jajajaja, lo dudo mucho.
– Eres una mujer atractiva.
– Gracias, pero no soy tu tipo, eso está claro. No sé…, me encantaba tu compañía. Aquellos años fueron duros, y siempre me sacaste una sonrisa, jamás me juzgaste.

Elisa era la única persona que me había hablado bien de Helena Uno, y eso me reconfortaba. Al parecer no había tanta maldad en mi interior. Quizá sólo debía buscar el motivo que propició mi cambio de comportamiento, y eso pasaba por hablar con Vero.

– Bueno, cuéntame cosas de ti. ¿Estás casada con algún hombre maduro y rico?
– No, nada de eso.
– Eso era lo que decías, que te buscarías a un hombre mayor y millonario, te casarías con él, y, en la noche de bodas, caería fulminado de un ataque al corazón. Y la verdad es que siempre pensé que sería así.
– Pues nada más alejado de la realidad. Estoy soltera, soy funcionaria, tengo mi propia casa, mi coche, no tengo una vida típica, ni recuerdos, pero bueno, lo voy llevando.
– Se vive muy bien de soltera. Mi ex y yo lo dejamos unos meses antes de venirme a Madrid. La ruptura fue horrible, muchos años, la hipoteca, el divorcio. Todo fue jodido, pero ya es agua pasada. Ella hace su vida, yo la mía, y vivimos a cientos de kilómetros.
– ¿Te casaste?
– Sí, otro error que añadir a mi lista. Pero bueno. Dejemos el tema. ¿Alguien tiene que haber en tu vida? Aunque sea un follo-amigo.
– Elisa, creo que ahora debo confesarte yo que no hay nadie, ni tengo ganas de que lo haya. Algún rollo de una noche siempre hay, pero vamos, de ahí a que sea amiga con derecho a roce, hay un abismo.
– ¿Amiga? ¡No!
– ¿Qué? ¿Ibas a ser tú la única en conseguir que la gente se quede blanca ante un descubrimiento?
– ¿Desde cuándo lo sabes? -yo me encogí de hombros, y ella se dio cuenta de que no podía contestar su pregunta-. Madre mía. Así es que “Helena, la femme fatal” es ahora, “Helena la estupenda”.

No sé por qué le divertía tanto a Elisa mi condición sexual. Tampoco creo que ligara mucho por aquella época. Había visto fotos, y no era gran cosa. Ella sí que era guapa, al menos ahora. Recordé que tenía unas instantáneas del instituto por casa, tenía que buscarlas y saber si aquella que un día me confesó su homosexualidad, me gustaba más de lo que reconocía.

Anuncios

About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
Esta entrada fue publicada en Helena y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s