Violencia de género

Un término muy ambiguo para una realidad tan cruel, que imprime en nuestras mentes un dolor y una empatía, que en cualquier otra situación, no valoraríamos.
Como este blog es de lesbianas, es mi deber centrarme en este círculo en concreto, porque sí, entre las lesbianas hay víctimas y agresoras.
Quizá mi concepción del amor sea idílica o utópica, pero creo que, cuando quieres a alguien, debes ser su apoyo, el pilar en el que se sostenga cuando las fuerzas flaqueen, el empuje para que la vida sea algo más divertido, más bonito. El amor, para mí, debe estar basado en la amistad, en la confianza, en la plena capacidad de entablar cualquier tipo de conversación con tu pareja, sin temor a represalias.
Hace poco, me contaron un caso de una mujer, con la que, lamentablemente me sentí muy identificada. Como creo que no sería justo contar la historia de una tercera, cuando existe una que es mía, os la narraré.
Tenía veinte años, y conocí a una chica en aquellos prehistóricos chats. No sé qué vi en ella, quizá su expresión cibernética me hacía gracia, o su independencia (tenía un año menos que yo, y ya compartía piso), o creí en una madurez inexistente, yo estaba en la universidad, y ella trabajaba.
Un sábado, se presentó en Madrid, nos tomamos unos cafés y salimos de fiesta. Terminamos tiradas en un pedacito de césped de esos que aún quedan por Recoletos. Ella me besó, y yo me sentí la mujer más afortunada del mundo.
No perdí el tiempo, y me fui unos días a su ciudad. Nunca había conducido más de veinte kilómetros yo sola, y aquellos doscientos que nos separaban, se me hicieron eternos. Estaba tan nerviosa… Ella me esperaba en el lugar pactado.
Hasta aquí todo muy precioso. Debí haberme dado cuenta de cómo era cuando no fue capaz de sujetarme la puerta del portal (yo cargaba con una maleta), pero lo obvié. Ese segundo encuentro fue bonito, me divertí. Todo era nuevo, salir de mi círculo, estar en una ciudad desconocida, mis ojos contemplaban todo como si se tratase de un sueño.
Pero, no sé cómo, todo eso cambió. No fue de un día para otro, ni en una semana, pero aquella persona a la que yo quería, y supuestamente ella a mí, empezó a meterse conmigo porque iba a la universidad y ella no había tenido esa posibilidad, porque mi madre me daba dinero y ella debía ganárselo. Luego, la cosa fue a más, quizá no fueran insultos clásicos, pero en sus frases siempre se encontraba el trasfondo de que yo no valía para nada, que no era nadie.
Terminé convenciéndome de que era fea, estúpida, de que no podría sobrevivir si no era a su lado. Y mientras yo me encogía, ella se ensanchaba más y más en su regodeo.
Podéis pensar que es de idiotas llegar a este extremo, pero no es tan fácil verlo, y menos de la persona en la que confías. Me denigró de tal manera que terminé siendo un juguete sexual para ella. Hubo una vez, que ella tenía una prueba importante, y yo recé para que la pasara, por miedo a su reacción cuando regresara a casa.
Con el paso del tiempo, ella se fue a vivir a Madrid, y yo iba cada día a verla. Me sentía responsable de su cambio de aires, de si se sentía sola, de si su nuevo trabajo era peor que el anterior. Y daba igual si llovía, si hacía frío, si tenía exámenes, si mi familia me necesitaba, todos y cada uno de esos días, fui a verla.
Entonces empezaron las discusiones, no es que no las hubiera antes, pero quizá mi yo más sensato comenzó a emerger. Aquellas peleas dialécticas sin motivo claro, fueron degenerando más y más, hasta que un día se plantó delante de la puerta, y no me dejaba irme. Me levantó la mano, y sé que en ese momento, si no hubiera escondido mis miedos y todas las toxicidades que me había inyectado, si no me hubiera plantado delante de ella y le hubiera dicho “ten huevos a tocarme”, sé que me hubiera pegado, quizá no ese día, pero sí cualquier otro.
Por supuesto, aquello terminó, y con ello, yo fui recuperando la confianza. Había chicas a las que les gustaba, no tenía problemas para encontrar un rollo, conseguía hacer reír a otras personas, incluso llegaron a considerarme un ser inteligente. Vamos, que todo lo que ella me había negado, otras muchas me lo regalaban.
Con el tiempo me he dado cuenta de que esa persona tenía un problema muy serio, no quiero excusar los malos tratos en problemas psicológicos, pero en este caso, sí que fue así. Se sentía inferior a mí, cuando nunca me he creído más que nadie. Tenía un problema de confianza, de amor propio, que proyectaba en los que le rodeaban.
Podría decir que la odié, pero no es verdad, sí que me saca de mis casillas pensar que estuve en esa situación y no supe darme cuenta, pero no la odio, me da lástima, y ese es el sentimiento más bajo que puedo sentir hacia alguien.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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3 Responses to Violencia de género

  1. http://www.mirales.es/sociedad-activismo/maltrato-entre-lesbianas-la-violencia-invisible/

    Casualmente la revista mirales publicó hoy este artículo, siempre que se habla de violencia de género se piensa en la violencia de un hombre hacia una mujer, y nunca se piensa que puede darse entre dos hombres y mucho menos entre dos mujeres, que la violencia no sólo es física y que la psíquica puede llegar a hundirte tanto o más que la física. Tengo una amiga que ha pasado por algo muy parecido y al final, aún amando a su pareja, tuvo que dejarla por su propio bien ya que en su caso, la mano levantada llegó varias veces a su cuerpo. En fin, que me alegro mucho que pudieras salir de esa situación y decirte que, has sido muy valiente al contarlo. Besos

    • remendona dice:

      Buenos días, Princesa Cactus.
      Dale mi enhorabuena a tu amiga, porque no es algo fácil desprenderse de alguien que te absorbe de esa forma.
      El maltrato físico, deja heridas visibles, pero, ¿qué hacer con las que no se ven? ¡Qué difícil es curar los dolores de la mente!
      No me siento valiente, aquí soy solo unas letras, valientes son todas esas mujeres que salen al mundo después de haber pasado un suplicio y son capaces de seguir caminando.
      El artículo lo leí ayer, y, dejando a un lado mi opinión sobre la señora Lucía, creo que este tipo de crítica al sistema, no debería quedarse en un día, sino en una reivindicación constante, promulgar el amor real, y no esa posesión infernal a las que muchas se enfrentan.
      Un saludo.

  2. Marta dice:

    Hay que tener fuerza, conciencia y voluntad para poner un stop y salir de una situación así…no entiendo a ese tipo de personas capaces de hacer daño,
    ser cruel con su pareja… se supone que es “amor” y no otra cosa… me parece despreciable, vil, ruin. Tolerancia cero.
    Las heridas que no se ven quizás duelan más y tarden en curar pero no por eso se deja de ser valiente. Tú lo has sido al igual que muchas otras que son capaces de seguir caminando como dices tu!

    Un abrazo.

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