Las nuevas tecnologías

Hace un par de meses, buscando un poco de inspiración, me decidí a bajarme una aplicación móvil de contacto entre mujeres. En su descripción no habla de que sea algo sexual, o eso creía.
La app en cuestión se llama Brenda, y resulta que es la prima de una que se creó para los gays. Nosotras somos las últimas para todo. Lo bueno que tiene es que te dice la distancia a la que se encuentra una chica (lesbiana), puedes ver su perfil, y, en algunos casos, hasta una foto con la que deleitarte la vista (aunque no abundan, pero destacaría una de una muchacha que estaba rodeada de marineros, resultaba graciosa), la mayoría, en la que me incluyo, tenemos fotos de paisajes o dibujitos.
Donde vivo, el gélido Burgos, no es que sea un criadero de mujeres abiertamente lesbianas, pero quedé sorprendida al prender por primera vez la aplicación, parece que ya no hay armarios donde esconderse, hay móviles. Una, que aunque sea muy pava y sosa, necesitaba algo de información, por lo que me decidí a realizar una kedada (una hasta adivinó que soy de Madrid solo por haber propuesto la cita).
Durante la preparación del evento aprendí algunas cosas que me sorprendieron, las chicas de veinte años tienen muchos menos reparos en expresar su sexualidad que las de treinta. Siempre pensé, quizá porque es mi caso, que cuánto más mayor te hacías, menos te costaba decir abiertamente que eras lesbiana, pero aquí, o ahora, eso es distinto.
Pues llegó el día señalado, y comprobé que la edad también te provee de una cosa que siempre he admirado, la puntualidad. Nos juntamos tres, y, aunque el frío aún no había llegado (para mí siempre lo hace), decidimos esperar al resto dentro del local elegido, una especie de cervecería estilo irlandés (o algo semejante). Una cerveza más tarde, un grupo de chiquillas apareció. ¡Qué jóvenes! (Sí, siento envidia, los treinta los llevo fatal).
El resto de la velada no me aportó mucho como escritora, quizá debiera crear personajes más jóvenes, pero ya me cuesta escribir sobre lo que entiendo, como para meterme en el submundo de la post adolescencia.
Como conclusión, hay cosas que te sorprenden sin importar la edad, hay hechos que te desbordan, la juventud pisa fuerte (pero que no olviden que el camino lo abrimos nosotras antes), y que el amor es muy difícil encontrarlo en la red.
Después de ese día, continué charlando con algunas chicas, que se volvían recelosas al conocer mis intenciones (documentarme)y mira que soy muy prudente con las preguntas, pero bueno, es de entender, internet es un mundo lleno de máscaras.
El último fin de semana de octubre, tuve la oportunidad de escaparme a Madrid, y aluciné. ¿Hay tantas lesbianas en cien metros? Continué con mis indagaciones, entable una conversación con una mujer que se prestó a contestarme, pero llegué al mismo punto, ella no quedaría con alguien que ha conocido por medio de una aplicación.
Salí de fiesta con una amiga (sí, echo de menos mi ciudad y poder disfrutar del calor que Madrid siempre irradia), y recibí un mensaje: “¿estás en el Fula?”. No vi de quién provenía, pero no estaba allí, sino en un local nuevo a pocos metros. Mi respuesta fue la verdad, pero esa vez sí me paré a leer de quién provenía, el nick era algo así como “solo sexo”, por lo que me quedé algo contrariada. Sí que he conocido a gente que sólo buscaba un polvo de una noche, pero ¿sin verme antes? Eso sí que no lo comprendía. ¿En qué mundo paralelo aceptaría tirarme a una desconocida en un baño público? Vale, en el mundo en el que vivía hace diez años, pero al menos había una conversación que precedía al coito, por breve que fuera.
No sé, quizá me esté volviendo un poco carca, pero este mundo de ligues virtuales no van conmigo. Charlar un rato está bien, pero necesito ver unos ojos que me miran, el movimiento de unas manos (siento predilección por las manos grandes), los gestos de un rostro que ha vivido algo más allá de la vida de instituto, sentir la esencia de una persona, y esto no me la brinda.
Quizá alguna encuentre a su medio kiwi, o se consiga entablar una bonita amistad por estos medios, pero creo que no es lo mío, me aburre estoicamente esto de cómo eres, qué buscas, y demás remilguerías que utilizamos para expresar lo que decía mi profesora de literatura: si quieren ver sexo, que se pongan una porno, y dejen de ver programas que lo muestran sin apenas esconderlo, pues eso, que creo que es bastante difícil que las mujeres (sin generalizar demasiado), nos atrevamos a decir un “me gustas” y concertar una cita de esas que te erizan el vello y te dejan sin uñas.
Es verdad que mi perfil no da pie a mucho rollo, pero, con todo y con esas, ya me propusieron un polvo con solo ver una imagen que tomé en La Vera, así es que me daré con un canto en los dientes, y cederé mi atractivo al móvil, que atrae mucho más que yo.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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