Las impresiones

Por fin ha llegado el día. Llevaba años esperando conocer a mi alma gemela, a esa persona que te llena, que te hace sentir segura, pero que, al mismo tiempo, comprende que necesitas tu espacio.
Hace unos meses, encontré a una chica de mi edad por internet, comenzamos a hablar. Echaba tanto de menos escribir en castellano… Llevo diez años viviendo en Australia, no es que no me guste el país, pero se echa de menos España, los recuerdos que me trae. En todo este tiempo no he vuelto, allí ya no me queda nada, ni familia, y creo que ni amigos, porque con los años se van distanciando. Australia me ha permitido tener un trabajo estable y bien pagado, vivir en un buen barrio en Sidney, y disfrutar de la vida tal y cómo soñé al terminar la universidad.
Pero Laura había cambiado mi mundo, una mujer con las ideas claras, con ganas de compartir la vida conmigo. Quizá sea una locura, pero tenía que arriesgarme, al menos por una vez, tendría el valor de dejarlo todo solo por una persona de la que estoy completamente enamorada.
No sé muy bien a qué me dedicaré allí, supongo que algo encontraré relacionado con la industria naval, pero no quiero precipitarme, con los ahorros podré vivir tranquilamente una buena temporada. Laura me ha ofrecido su casa, pero me conformaré con su cama, no quiero dejar de darle todos esos besos que nos prometimos por Skype y que nunca llegaron a puerto.
No os podéis imaginar la ganas que tengo de verla, de estrecharla entre mis brazos, de comenzar una nueva vida a su lado. Tantas, que he adelantado mi viaje, quiero sorprenderla. De aquí le llevo un canguro de peluche, no es gran cosa, pero es el típico regalo turístico. Tampoco cargo con mucho equipaje, una amiga se quedará en mi casa a vivir, hemos acordado una renta muy buena a cambio de que cuide de mis cosas.

El viaje ha sido demasiado largo. Había ganado unas horas con el viaje, en Madrid son las 14:30 del lunes, en Australia, las 00:30 del martes. No sé si podré con el cambio horario, ya estoy que me caigo de sueño.
He conseguido coger un taxi. Huele a cerrado, y el taxista parece que tiene mucha prisa por dejarme tirada en alguna cuneta. Conduce peor que los cazadores de cocodrilos.
Me cuesta horrores no llamarle y decirle que voy a su casa, pero quiero que sea una sorpresa, quiero ver su cara cuando aparezca tras su puerta.
Por fin me he bajado del taxi. Ahora entiendo por qué le llaman carrera, madre mía, qué velocidad. Dejó caer mis maletas al suelo, y ni se despidió. No recordaba que la gente fuera tan maleducada. Pero ya estaba ahí, frente a su portal, con tanto entusiasmo, que no cabía en mí. Me armé de valor y subí por unas escaleras de madera que crujían más que los huesos de un viejo. Trepar por aquellos escalones con dos maletas no era una tarea fácil, pero la dosis de adrenalina que me proporcionaba el encontrarme con mi Amor, ayudaba bastante en esa ardua tarea.

Su puerta, mis enseres, yo, y detrás, Laura. Me temblaban las manos, no solo del peso con el que había cargado durante cinco pisos, nuestro inminente encuentro había hecho que mis músculos no respondieran como mi cerebro deseaba. Poco a poco, logré que mi respiración se calmase, y logré sincronizar mis latidos con el impulso necesario para apretar el timbre.
Ring.
Sólo una llamada, no quiero parecer ansiosa.
Silencio.
¿No estaría en casa?
Pasos.
Sí, está en casa. Ahora era todo mi cuerpo el que temblaba.
Ruido de llaves.
La puerta chirriaba mientras se abría. Comencé a vislumbrar su cuerpo, su mano que sujetaba el portón, su cara, ¡qué guapa está!
Silencio.
– Hola -dijo con una voz entrecortada que me cautivó.
– Hola -respondí como una autómata.
– ¡Hola! -se oía dentro de la casa.
Su cara se puso roja, la mía no sé ni cómo estaba. Arqueé la ceja. Laura agachó la cabeza.
Vi una figura que se vestía en el interior. Abrió más la puerta. Otra chica. Me sonríe. Yo me descompongo. Laura no dice nada.
– ¿Una amiga tuya? -preguntó la muchacha-. Pero deja que entre, que ya estamos visibles.
– ¿Quién es? -pregunté sin saber muy bien qué más podía decir.
– Uis, lo siento. Soy Luz. Su rollo de una noche -contestó sin reparo.
Silencio.
No podía ser. ¿Luz? Pues yo no veía ninguna detrás de aquella puerta.
– No te esperaba hoy -se atrevió a decirme Laura.
– Ya… Yo tampoco me esperaba esto.
– ¿Es tu novia? -preguntó en su tónica descarada Luz.
– No.
Y así es como terminó mi relación con el amor de mi vida. Yo sola en Madrid, habiendo dejado toda mi vida atrás, y ella recibiendo el calor de otros brazos. No recordaba el motivo por el que dejé de enamorarme, por el que racionalicé todas mis relaciones, pero, gracias a Laura, volvería a ser como era, un ser sin sentimientos, al que no pueden hacer daño, aunque ello conlleve que jamás pueda sentir amor.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Las impresiones

  1. Marta dice:

    Me gusto mucho!
    Pero esto: “No recordaba el motivo por el que dejé de enamorarme, por el que racionalicé todas mis relaciones, pero, gracias a Laura, volvería a ser como era, un ser sin sentimientos, al que no pueden hacer daño, aunque ello conlleve que jamás pueda sentir amor.”
    …Bestial!! Me encantó. 🙂

    Te gusta mucho el nombre de Laura? Lo has utilizado en varios de tus personajes.

    Por cierto, sobre tu historia “Los días” y
    “Cuando se pierden los besos, solo quedo yo” alguna tiene q ser real, o qué tanto? todo lo que escribes es ficcion? Los días tiene que ser real!!

    • remendona dice:

      Muchas gracias, Marta.
      No sé si es bueno que te guste justo esa parte, es más, creo que si todos evitáramos pensar tanto y decidiéramos sentir un poco más, el mundo sería un lugar bonito.
      No es que me guste el nombre de Laura. Sé que lo repito mucho, pero es que una vez me dijeron que era nombre de lesbiana (sin ofender a ninguna Laura), y me hizo gracia.
      De verdad que ninguna de mis historias es real, mi vida es mucho más aburrida.
      Un abrazo.

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