Las complicaciones de salirse del modo y la media.

¿Está bien robarle un beso a alguien? A mí me han quitado alguno, unas veces más acertadas que otras, pero siempre unos labios posados sobre los míos que no esperaba que se encontrasen. Yo no lo he hecho, siempre me gustó pisar sobre seguro, saber qué sentía esa mujer por mí, y esperar a que se decidiera a dar ese paso. Pero, ¿y si no lo da? Quizá no quiera hacerlo, quizá fui un sentimiento fugaz, o un encaprichamiento momentáneo, quizá solo la ilusión de lo que pudiera haber sido.

¿Cómo le dices a alguien que no tema al amor cuando tú estás acojonada? Siempre he pecado de racional, de pensar más que de sentir, pero me gusta la gente que actúa sin darle tantas vueltas a la cabeza, que es capaz de amar con tanta fuerza que te hace caer. Pero yo no soy así, me da miedo enamorarme, me da miedo sufrir, me da miedo perder los papeles ante esa sonrisa tan agradable que a veces me muestra.

He sido tan idiota… La dejé escapar, la tenía entre mis brazos, en mis manos, y se esfumó. Ahora ya no está, y el recuerdo, aunque intermitente, me hace estremecer, como ella lo hizo mientras mis dedos acariciaban su espalda. Le repetí mil veces lo que antes me advirtieron a mí, “no tengas miedo, te estás perdiendo las cosas maravillosas que tiene la vida”, pero resulta tan fácil vivir en una burbuja, refugiarte en un cojín y no dejar que el mundo vea más allá de lo que quieres mostrarle. ¿Cómo voy a demostrarle que podemos estar juntas si ni yo misma soy capaz de coger el teléfono y decirle lo mucho que la echo de menos? ¡Qué cobarde! Tanto raciocinio y en realidad es una quimera, una mentira más de mi vida, porque el miedo es un sentimiento, es algo incontrolable, que te absorbe, que te hace dudar hasta de la cosa más pequeña. Quizá por eso nunca he logrado mantener una relación, quizá por eso vivo enclaustrada entre letras y números, preguntándome cada segundo qué es lo que estará haciendo, si pensará en mí, si ya me habrá olvidado.

Nunca robé un beso, pero sí imaginé cientos de maneras de tener el que ansío. Quizá en una fría noche de invierno, eliminar esos dos pasos que siempre nos separan, acercarme a ella, mirarle esos preciosos ojos, esas arrugas tan graciosas que le salen al sonreír, acariciarle el brazo, o, incluso atreverme a sostener su manos, seguir mi rumbo, y no parar hasta que su cuerpo y el mío se fusionen. O puede que fuera mejor pedirle una cita, no es que me vaya a poner a cantar “Santa Lucía” de Miguel Ríos, pero algo así, que vayamos a cenar, que se tome unas cervezas conmigo, que charlemos de lo que quiera, lograr que sea ella quien desee ese ósculo, y esperar toda la noche, solo por ella, solo para que ella decida que quiere pasear conmigo por la vida.

Por eso odio el amor, es tan complicado, tan impredecible, y te hace sentir tan insegura… Odio no tener en mi poder la solución a esta ecuación, no saber qué es lo que hará o lo que dirá, si volverá a compartir conmigo algo que nadie sepa.

Me encanta escuchar su voz, echo de menos su voz. Incluso por teléfono, no he oído jamás una voz más sensual. Añoro que me diga que lo nuestro no va a funcionar, pero que cuando me abraza, me haga sentir viva. Solo he estado entre sus brazos dos veces, y ambas, hemos sido interrumpidas por el mundo. Alguna vez mencionó el destino, ¿qué destino?, ¿el que elegimos?, ¿el que alguien ha preparado para nosotras?

Sí, tengo miedo, lo reconozco. Me da pavor sentir algo por esa mujer, no sé si es su infinita belleza o su inteligencia abrumadora, o que tenga que dejar de refugiarme en la ironía y vea que no soy ni tan divertida, ni tan lanzada. Que conozca quién soy, esa persona tan poco coherente, tan asustada, tan paralizada por las circunstancias que le tiemblan las manos cuando la tiene cerca.

Y sigo esperando, pero no ese beso con el que sueño despierta, sino olvidarla, olvidar que despierta mil sensaciones en mi piel, olvidar que, a veces, me recuerda a mí, olvidar su mirada, su risa, cómo logra que le diga que es “una chica mona” cuando en realidad lo que debería decir es que no he visto una mujer más guapa en mi vida. Quiero olvidarla, pero no puedo, aún siento su piel en mis manos, aún oigo su respiración cuando cierro los ojos. Me encanta oírla respirar, me tranquiliza, me calma, todo se vuelve una balsa de agua cuando el aire que le inunda comienza a envolverle. Pero necesito olvidarla. Me ha complicado tanto la vida sin haber hecho nada. Vivía tranquila, en mi rutina diaria, en mis idas y venidas, en mis gilipolleces, pero lo cambió todo. Ahora mi corazón se acelera con solo escuchar su nombre, con ver alguna foto, con tener algún recuerdo. ¿Cómo se borran los recuerdos? No se puede, y menos cuando se han almacenado con tantas ganas, ganas de ella.

Me pregunto qué pasaría si el miedo desapareciese, si ambas nos atreviéramos a dar ese salto al vacío, a dejar de ser simples conocidas, a empezar a construir un muro juntas. Me encantan las máscaras, los escudos, pero me gustarían más aún si ella estuviera dentro de ellos, sosteniéndolos a mi lado.

Se quedará en eso, en un “pudo haber sido”, pero creo que la persona que dijo “¿y por qué no?”, tenía toda la razón. ¿Y por qué no darnos la oportunidad? ¿Por qué vislumbrar un fin a algo que no ha tenido un comienzo?

Aunque sí he aprendido algo, se puede extrañar lo que nunca se tuvo, porque la echo de menos, porque echo de menos los besos que no me ha dado, porque extraño las veces que no me ha tocado, porque añoro tenerla a mi lado.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to Las complicaciones de salirse del modo y la media.

  1. marta dice:

    Sublime, triste, descomunal..
    Bienvenida a la realidad triste e injusta que la vida los brinda.. A la ceguera constante del miedo hacia el amor…
    Lanzate siempre que puedas. Si tienes la oportunidad hazlo, porque habrá un día q quizás llores por no haberlo intentado.
    Arriesgate a ganar por una vez! te aseguro q es peor no intentarlo a un rechazo..
    Una negativa se olvida y el no haberlo intentado se queda y siempre te hará algún recordatorio.

    Un recuerdo fugaz, puro, real, intenso aunque duela es bonito..
    Un anhelo…extrañar algo q nunca ocurrió o q de alguna manera empezó y no se dio duele, duele el doble, ese peso, el agobio q te estruja siempre siempre queda dentro.

    Q me enrollo mucho.. vive, baila, sonríe AMA ! Se libre de intentarlo. No te niegues ni te cierres a ello.. Porque lloraras lo q nunca lloraste y lamentaras no haberlo intentado.

    Sonríe anda..
    Mucho animo! 😛
    Un abrazo muy fuerte.

    • remendona dice:

      Marta, debería contratarte como terapeuta. En cierto modo, sí que se corresponde con mis miedos, pero no olvidemos que esto es ficción, y ahí se queda ese deseo, esas ganas de tener un todo que no tiene ningún sentido.
      Muchas gracias por seguir ahí, por seguir leyéndome.
      Un abrazo.

      • Marta dice:

        Soy muy joven para la experiencia de un terapeuta, podría ser una co-activo Jajaja pero para ti seria mejor un coach literario aunq por lo q veo no te falta inspiración 🙂

        Cierto, ficción! Lo olvidé al comentar, lo siento jajaja

        Que tengas una buena semana ^^

      • remendona dice:

        No creo que la edad sea un handicap a la hora de ayudar.
        Lo del coach literario me lo pensaré, quizá así vuelva a las historias y deje aparcados los relatos cortos.

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