Olvidando la vida. Capítulo 23

No sabía ni por dónde me andaba. Estaba desorientada, confusa, no esperaba esa reacción por parte de Lidia. ¿Para qué tanta insistencia en besarme? Solo quería hacerme daño, ver que aún estaba enamorada de ella, sentirse importante y tirarme en una cuneta como un cigarro que te quema los dedos.

Me propuse a mí misma ser fuerte, acabar con aquel sentimiento que no me dejaba continuar. Aunque fuera de polvo en polvo, conseguiría olvidar a aquella estúpida de la que me enamoré como una idiota. ¿Qué mejor lugar para follar que el Medea? Y allí me dirigí, a escuchar música a todo volumen, a ver niñatas y viejas retozando como si no hubiera un mañana. Es raro encontrarse a una mujer sola en el ambiente, pero a mí me facilitaba el ligoteo.

Como era de esperar, al abrir los portones, la primera tanta de chicas se giró a otear la llegada de una posible presa. Ahí siempre se ponen las mujeres mayores, masculinas y con más ganas de encontrar una pareja fiel, que de un rollo de una noche. Pasé la primera fase. La segunda, chicas de mi edad, algo alocadas, a las que posiblemente habían dejado hacía muy poco y sentían la necesidad de que las desearan. Este grupo era interesante, pero todas las relaciones con la segunda fase terminan en llantos, pues se enamoran de cualquiera que les regale una sonrisa. Llegué a la tercera fase, treintañeras con ganas de fiesta, de sexo, de alcohol y sin preocupaciones. No sabía si quedarme con este grupo o con la cuarta fase, la de las veinteañeras despendoladas. Necesitaba algo se sexo bueno, por lo que me decanté por la tercera fase, mujeres experimentadas con ganas de dar y recibir todo.

Lo mejor de este grupo es que no buscan ir a un baño, prefieren la comodidad de una cama, y ese es un punto importante, porque para un calentón cualquier lugar vale, pero unas sábanas envolviendo dos cuerpos desnudos me parece un plan mucho más apetecible.

Fui a la barra, pedí una cerveza, y no me hizo falta ni observar a mi alrededor para que una mujer se me acercara. Pelo oscuro, no demasiado alta, un cuerpo aceptable y una sonrisa bonita. Estuvimos charlando un rato, este es un punto negativo en el tercer grupo, porque antes de iniciar el ritual de apareamiento, ponen a prueba tu nivel cultural para saber si te encuentras a la altura. Es algo así como el sexo ilustrado. No me costó mucho convencerla de mi valía como conversadora, por lo que pronto pudo averiguar que tampoco se me daba mal juguetear con su lengua. Todo parecía salir según lo previsto, y entonces, un tercer elemento entró en acción, Lidia.

Fue verla y el mundo se volvió otra vez abajo, a la mierda mi plan maestro, a la mierda mi polvo de aquella noche, Lidia me quitaba las ganas de todo, incluso de vivir. Ella también me vio, quizá me había visto antes, cuando estaba comiéndole la boca a aquella mujer. Al mirarla, ella me sonrió, y yo, nuevamente, tuve ganas de llorar. Esa vez me contuve, y saqué mi mejor sonrisa, esa de las que duelen cuando te las muestran. Ella no agachó la cabeza, ni se dio media vuelta, todo lo contrario, se acercó a mí.

–          ¡Qué pronto se te pasan las cosas!

–          Solo las que no merecen la pena.

–          ¿Es tu novia? –preguntó la mujer algo desconcertada.

–          ¡Más le gustaría! –respondí riéndome-. ¿Querías algo más, Lidia?

–          Ya te lo dije. Quiero que hablemos.

–          No hay nada que discutir. Ahora, haz el favor de dejarme tranquila, No puedes estar persiguiéndome cada noche.

–          Solo te pido una conversación sincera, nada más.

–          Yo te he sido sincera, quiero que me dejes tranquila, que te vayas de mi vida.

–          Y yo lo fui al besarte.

–          Ya, y al decirme que me pirara. Lidia, no sé si estás pirada o simplemente quieres putearme, pero me da igual. Te quiero fuera, ya.

Mi nueva compañía no se sentía demasiado cómoda con la conversación, por lo que se despidió con un beso, su número y mi promesa de llamarla en cuanto mis cargas emocionales desaparecieran. Pero ese peso no se iba, seguía a mi lado como una mosca cojonera, jodiendo cada uno de mis planes, como si se hubiera propuesto que mis relaciones sexuales fueran algo prohibido.

–          Ahora que te tengo solo para mí, ¿podemos hablar?

–          Lidia, estoy cansada. No sé qué coño es lo que quieres decirme, pero hazlo ya, porque estoy harta.

–          ¿Podemos ir a un lugar más tranquilo?

Yo accedí, aunque a esas horas el único sitio tranquilo que permanecía abierto era mi casa. Por una parte deseaba llevarla a mi terreno, ser yo la que tomara las riendas y ella la que sucumbiera a mis encantos, pero por otro, no quería que descubriera más cosas sobre mí, sobre mi pasado, sobre mi presente, que invadiera un espacio que yo consideraba sagrado y que nadie había quebrantado en meses. Se sentó en el mismo sofá donde me pasé horas pensando en ella, miró los mismos objetos que yo contemplaba mientras la recordaba. Era maravilloso, pero al mismo tiempo nocivo, pues mi salud mental se iba desquebrajando con cada segundo que pasaba.

–          Supongo que no estás saliendo con nadie en concreto.

–          Si hablamos de noviazgos, no. ¿Por qué?

–          Curiosidad –se detuvo a pensar antes de continuar-. ¿Puedo pedirte un favor?

–          Tú pide, yo haré lo que me dé la gana –contesté en ese absurdo tono que ponía con ella.

–          Sal con Silvia.

–          ¿Cómo? ¿Quieres que me la lleve de fiesta?

–          No, quiero que la lleves a cenar, al cine, esas cosas que hacen las aburridas parejas de heterosexuales.

–          ¿Quieres que me ennovie con Silvia? No lo entiendo.

–          Es una buena chica, y sé que tú también, aunque ahora vayas de rompecorazones. Le gustas mucho. Sé que a ti ella también te gustaba.

–          Pero ahora no. Además, es tu amiga, paso de tríos sáficos.

–          Yo soy la que te anima a que seas su pareja.

–          No creo que Silvia necesite celestina. Además, yo ahora paso de relaciones.

–          Si estás así por nosotras…

–          No hay un nosotras, Lidia. No quisiste que lo hubiera. Y encima me pides que me tire a tu mejor amiga. Es absurdo.

–          Por eso te besé el otro día. Sabía que andabas en plan “estoy enamorada, no quiere estar conmigo, me follo a todo lo que pase”. Quería que vieras que ya no me quieres, que puedes continuar tu vida, y Silvia es una buena opción para empezar de cero.

–          Tu plan no funciona.

–          ¿Por qué?

–          Porque para ti fue un simple beso, para mí fue reavivar lo que sabía que aún sentía. Me alegro de que me olvidaras, pero yo no puedo hacer lo mismo. Y no creo que sea justo que salga con Silvia cuando estoy enamorada de otra persona.

–          Eso son pamplinas. Si hubieras estado enamorada de mí le hubieras echado cojones cuando pudiste, cuando te lo puse fácil.

–          No vengas a decirme lo que siento o dejo de sentir. Silvia encontrará a alguien, pero es mejor que se aleje de mí. Y te pido que tú hagas lo mismo. Me haces daño y no quiero tenerte cerca.

Insté, con la mayor educación y serenidad posible, a Lidia para que abandonara mi piso. Solo quería estar sola, recapacitar sus palabras, las mías y su loca idea de liarme con su mejor amiga. No pensé en ningún momento que Silvia fuera un mal partido y, quizá en algún tiempo, pudiera tener algo más que una amistad con ella, pero en ese instante, amaba profundamente a Lidia.

Tanto pensar en ella, descolocó mis neuronas, llevándome a un pasado olvidado. Hablaba con alguien por teléfono, le decía que iría a verla esa misma tarde. La verdad es que deseaba verla, pero no como al resto de mujeres, esto era algo más profundo. La voz de la línea podría ser la de Vero, pero no estaba segura. Estaba en mi apartamento, por lo que descarté que fuera ella, pues nuestra relación se rompió mucho antes de que los muebles que poblaban la estancia fueran adquiridos. Otro misterio más que añadir a la larga lista que ya tenía. Debía ver a esa chica, saber dónde vivía, qué relación teníamos. Estaba claro que por mucho que intentara salir de los railes de mi pasado, estos siempre venían a recordarme fragmentos inservibles que conseguían desconcertarme.

Anuncios

About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
Esta entrada fue publicada en Helena y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 23

  1. pipipaldi dice:

    Hola ,lo primero decir como llegue asta aqui ,la culpable @yovanu gracias argenta ,segundo confesar que en 3 dias lei las dos historias y la actual ,vamos que voi al dia y con mono ,lo tercero me enganche a las historias por lo familiar de los lugares ,los personajes unos mejores otros los matarias jajjajaj

    Felicitarte ,agradecerte hacer dos de mis noches de trabajo mas agradables
    Espero el siguiente capitulo
    Besos y ispiracion

    • remendona dice:

      Ante todo, muchísimas gracias por leerme y por comentar. Y gracias, por supuesto, a @yovanu por hacer que nos encontráramos.
      Me alegra muchísimo que te hayas enganchado a las historias y que tengas mono de ellas. Esta última va un poco lenta, ando bastante liada con el trabajo y según escribo, publico, por lo que el siguiente tardará un poquito, pero espero que no sea demasiado tiempo.
      Siempre intenté que las historias fueran familiares, sobre todo porque la mayoría están basadas en hechos reales, y eso ayuda bastante.
      Espero aliviar más noches de trabajo y seguir viéndote por aquí.
      Un beso y muchas gracias por la inspiración, porque falta me hace…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s