Olvidando la vida. Capítulo 19

Invité a mi nueva amiga a comer. Habíamos quedado de nuevo a las seis para tomar un café y hablar sobre la Asociación a la que habían llamado KG. Ella se echó un rato en el sofá mientras yo me fui a dormir la siesta a la cama. Al despertar, nos dimos una ducha, le dejé algo de ropa, y nos fuimos a la sede de la Asociación.

Las miradas que provocaron nuestra aparición conjunta eran dignas de ser plasmadas en un reportaje fotográfico. Ellos se miraban y sonreían, como si se sintieran celestinos de algo. Ellas, había alguna chica más, decidieron mirar al suelo, como si fuera un atentado que Lidia y yo nos lleváramos bien. Ninguna de las dos mencionó lo que había pasado, o, más bien, lo que no había ocurrido, tampoco es que nos importara los pensamientos del resto.

Seguimos toda la tarde con la misma complicidad. Era algo extraño, pero me gustaba esa chica, aunque creo que un rollo hubiera roto la emergente amistad que estábamos cultivando.

Una vez terminada la reunión, Lidia volvió a acompañarme a casa y yo volví a invitarle a tomar algo. Ambas estábamos reventadas, pero no nos importaba lo más mínimo. Estar con ella significaba olvidar realmente que no recordaba mi pasado, que mi vida se centraba en un enigma y que todas las mujeres que pasaban por ella me odiaban.

–          Me han preguntado si nos habíamos liado.

–          ¡Qué cotillas!

–          Es normal. Eres guapa, pasamos la noche juntas, yo también lo hubiera pensado.

–          ¿Guapa? ¿Intentas decirme algo?

–          Solo expreso una realidad totalmente objetiva.

–          No creo que la belleza sea algo objetivo.

–          Pues objetivamente, todas lo piensan. A Elena no le hubiera importado hincarte el diente. Y a la seta de Encarni, creo que tampoco.

–          Seta, jajaja. Bueno, cambiemos de tema, que este me avergüenza.

Se quedó a cenar conmigo, como si le gustara cómo cocino, cosa totalmente imposible para una persona con las papilas gustativas sanas. A la mañana siguiente ambas teníamos que madrugar, pero no nos importaba, era como si hubiéramos encontrado una pieza que nos había faltado hasta ese momento, y no pudiéramos deshacernos de ella.

–          Puedes quedarte a dormir, si quieres. No creo que el sofá sea muy cómodo. Mañana te acerco yo al trabajo.

–          ¿Me estás diciendo que una tía tan buena como yo debe dormir en el sofá?

–          Si quieres duermo yo.

–          Mejor dormimos juntas.

–          ¿Me estás queriendo decir algo?

–          Depende de cuál sea tu respuesta.

–          Pues que no me importa compartir lecho con una tía tan buena.

No sé si fue la respuesta que ella esperaba, pero, al menos, se quedó conmigo. Me encantaba cómo hacía que oliera mi cama, aunque nos separaran unos centímetros, podía sentir su aroma impregnando toda la estancia. Me reconfortaba tener a Lidia a mi lado, aunque sentí mucho miedo de defraudarla, de que ella quisiera algo que yo no estaba preparada para dar.

El despertador sonó, y tuve que apartar su brazo para poder moverme. No quería hacerlo, adoraba sentirme arropada por su piel en las frías noches castellanas, pero mi deber era estar a las ocho en el trabajo, sin olvidar mi paseo en coche hasta la fábrica de Firestone.

Ella se duchó primero, yo seguí sus pasos. Hasta recién levantada conservaba esa belleza tan natural, tan fugaz, que no podías dejar de mirarla ni un segundo para no perder cada una de las radiaciones que su piel emanaba, convirtiendo a sus admiradores, en súbditos embelesados por la textura de sus labios.

Me pasé el día pensando en ella, soñando con ella en cada rato que tenía libre. Quería llamarla, charlar con Lidia aunque solo fuera un minuto más, pero no podía, tenía que seguir escuchando la charla de aquella señora de mediana edad, mi homóloga, que se creía conocedora de la verdad, y en realidad no decía más que sandeces.

Hasta el miércoles no sería la reunión de la Asociación, en la que esperaba verla. Me presenté a primera hora, esperando que su sonrisa me recibiera, pero no fue así. El tiempo pasaba, y ella no aparecía. Como una adolescente enamorada, miré el reloj un millón de veces, las manillas avanzaban, pero no adelantaban su llegada.

–          ¿No va a venir Lidia? –me preguntó Carlos.

–          No lo sé.

–          Siempre viene. ¡Qué raro! ¿Habéis discutido?

–          ¿Nosotras? No.

–          Se huele un bollo-drama desde el portal –dijo Elena.

–          No os equivoquéis. No habrá podido venir.

Y no puedo, o no quiso, porque no llegó. Encima, ese fin de semana, había prometido a Tami ir a verla, y me quedaría sin la compañía que realmente ansiaba, la de Lidia.

Estaba en Madrid de nuevo. Llegué a casa, solté la maleta y miré el contestador. Dos meses fuera daban para muchas llamadas, unas eran de publicidad, otras de chicas con ganas de mí y por lo menos cinco con “Don’t you remember” grabada, sin una voz final, sin un dato que me hiciera saber quién podría ser. Decidí desviar las llamadas al móvil, a ver si de este modo lograba descubrir a la persona anónima que quería dedicarme esa canción.

Tami estaba liada con una chica. No me cayó muy bien, pero a ella parecía gustarle. Estaba completamente aburrida, cuando, de la nada, apareció mi fotógrafa favorita, Silvia.

–          ¡Cuánto tiempo sin verte!

–          Sí, se nos ha ido a vivir lejos.

–          ¿Qué dices? ¿Para siempre?

–          No, solo unos meses, un año como mucho.

–          Supongo que ya te andarán persiguiendo tus ex.

–          No, allí vivo tranquila en el mundo de la abstinencia.

Me invitó a una cerveza y me prometió, con la voz más sensual que escuchado nunca, cambiar mi estado de ameba, por el de una mujer realizada sexualmente, y vaya si lo cumplió. Las agujetas que me produjo casi no me dejaron conducir. Había ansiado durante mucho tiempo estar así con Silvia, pero no podía quitarme a Lidia de la cabeza. ¿Sería posible que me hubiera enamorado en solo dos días?

Pasé todo mi tiempo dentro de la Red Social, me llevaba el portátil al trabajo para acceder a ella, no quería que Lidia entrara y no estar presente para saber qué le ocurría. Pero ninguna visita por su parte, y yo no tenía otro modo de contactar con ella.

Llegó el miércoles, no quería ir a la reunión, prefería quedarme en casa, enfrascada en mis monotemáticos pensamientos, cuando alguien llamó a mi puerta.

–          ¿No vas a venir a la Asociación?

–          La verdad es que no pensaba ir. Pero me alegro mucho de verte. ¿Qué te ha pasado?

–          He estado bastante liada. Han aumentado la producción en Burgos y me toca a mí llamar al resto de fábricas para que sepan que deben reducir las suyas.

–          Te he echado de menos.

–          Tampoco será para tanto. Me dijeron que te fuiste a Madrid. Supongo que alguna chica guapa aliviaría tu pesar.

–          No, cuando se extraña a una persona en concreto, da igual quién se te cruce, no se va esa sensación.

–          ¿Me estás intentando decir algo?

–          Lo que ya he dicho.

–          Pues venga, vístete, que nos vamos a la reunión.

Y yo, como una buena idiota, dejé pasar la oportunidad de decirle cuánto me gustaba y terminé obedeciendo sus órdenes como una bestia amaestrada.

Allí todo el mundo discutía cómo se haría el Orgullo Gay, un acontecimiento casi olímpico en Burgos, pues el anterior fue cuatro años atrás. La gente estaba emocionada, ya no tanto por la lectura del manifiesto que Lidia había escrito, sino por la fiesta que seguiría al acto reivindicativo.

Yo no podía centrarme en nada que no fuera ella, y lo pasé fatal intentando que no se notara cómo mis ojos se desviaban hacia Lidia constantemente. ¿Podría existir en el mundo una mujer más atractiva que ella? Lo dudaba. No solo era su físico, no sé qué era lo que poseía, pero me atraía irremediablemente hacia sus manos, sus labios. Quería poseerla, que ella me poseyera a mí, no lo tenía demasiado claro, pero me daba igual mientras nuestros cuerpos estuvieran en constante contacto.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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