Olvidando la vida. Capítulo 6

Pasé la mañana en la playa, tomando el sol, asimilando la Vitamina C que ingerí en el desayuno. Era muy estimulante notar ese cosquilleo que producen los rayos al entrar en contacto con la piel. El agua del mar estaba más bien fría, pero aliviaba el exceso de sudor que aquel soporífero calor me provocaba. Mis nuevas amigas tendían sus toallas junto a la mía, hablaban de los ligues de la noche anterior, de su arma infalible para conquistar a una mujer, tener en el grupo a una chica como yo. Me lo quise tomar como un cumplido y no pensar que se aprovechaban de mí. Jugaron a las cartas, se bañaron, pero mi cuerpo iba a otro ritmo, estaba en otro espacio-tiempo. Solo Tamara se acompasaba a mis movimientos. Era una buena compañía, no sabía muy bien por qué, pero se ganó mi confianza con mucha rapidez.

–          ¿No tienes posibilidades con la chica esa?

–          ¿Con Gaby? Ninguna. Mi yo pasada se acostó con ella y le hizo mucho daño. Ahora está decidiendo si me odia o le doy pena.

–          Pero tú no eres así. Yo te daría esa oportunidad.

–          Ya, pero tú no me conocías entonces, ella sí.

–          ¿Quién ha dicho que no te conociera?

–          Suponía que no me conocías.

–          Te dije que era de Madrid. Poca gente en el ambiente no sabe de las andaduras de Helena, la diosa del sexo.

–          ¿Tuvimos algo?

–          No, nunca. No eras mi tipo, ni yo el tuyo. Aunque sí que te liaste con un par de conocidas mías.

–          Y les jodí, ¿verdad?

–          Literalmente, sí. Pero ellas están encantadas de formar parte de tu selecto club.

–          ¿Ves? Yo no quiero un club, no quiero que la gente quiera acostarse conmigo, no quiero que recuerden todo lo que no soy. Por eso Gaby ni se me acerca. No sabes cuánto me gusta. Aún no estoy segura de ser lesbiana, porque solo me he sentido atraída por ella, pero me da igual serlo que no, porque lo único que ansío es que un día quiera quedar conmigo, tomarnos algo, charlar. No hablo de sexo, solo de un acercamiento.

–          Estás muy pillada, tía.

–          Lo sé.

–          Pues yo no lo sabía –la voz de Gaby hizo que diera un respingo y mirara a Tamara intentando expresarle mi enfado por no advertirme de su presencia.

–          ¡Gaby! Eh…, no sé qué decir.

–          Invítame a comer y vemos si te salen más palabras.

Tenía una cita. No me lo podía creer. Gaby había accedido a quedar conmigo, sin carabinas, sin un montón de público, solas, ella y yo. Los nervios se me agarraron al estómago y cada vez me parecía peor idea comer en ese momento. Reuní valor, pues no tenía nada que perder, al menos nada que no hubiera perdido antes. Me levanté, me despedí y me fui junto a Gaby, que me esperaba sentada en la mesa de un bar junto a la playa. Había elegido el mejor sitio, el lugar desde donde se veía todo lo bonito que Sitges podía ofrecer a unos ojos entrecerrados por la luminosidad.

Mientras me acercaba pude comprobar como sus ojos expresaban  la incertidumbre que aquel encuentro le producía. Ninguna de las dos esperábamos esa oportunidad, pero no podía desaprovechar la ocasión de estar con una mujer que, a mis ojos, resultaba fascinante.

–          No quiero que te hagas ilusiones con esto. Sigo sin fiarme un pelo de ti.

–          Lo sé, tranquila. Tengo que demostrarte que no soy la Helena que conocías y lo comprendo, pero me alegro de que me dejaras intentarlo.

–          Y no pienso irme a la cama contigo. Conozco tus tretas y sé que si me veías cerca no te follarías a ninguna para llevarme a mí al huerto.

–          ¿Sigues pensando que finjo?

–          Sí, lo pienso. Has venido hasta aquí y justo da la casualidad que llevaba meses planeando este viaje. Incluso te lo comenté. Así es que entiende mi escepticismo al respecto.

–          No sé por qué elegí Sitges. Necesitaba salir de Madrid, escapar de las bromas de Susana, de la cara de pena que pone la señora Pilar cada vez que la llamo así, de las miradas de todas esas chicas que creen conocerme y dudo que sea cierto. No esperaba encontrarte, aunque me alegré de hacerlo. Eres la única chica que me ha gustado. Todas afirmaban que era lesbiana, pero no lo había experimentado, no podía corroborarlo porque las únicas personas que me rodeaban eran unas supuestas amigas más preocupadas por su maquillaje, que por mi estado de salud. Me pasé un par de meses en el hospital, uno en coma y otro despierta, no vinieron a verme. ¿Cómo debo tomarme a esa clase de gente? Mis compañeros de trabajo vinieron y sé que me odian, pero vinieron y ellas no fueron capaces de escribirme ni un mensaje.

–          Eso es porque Judith se hizo con el poder que tú dejaste. El resto son una panda de borregas. ¿Isa tampoco fue?

–          No lo sé, no le he preguntado. Pero entendería que no lo hubiera hecho, al parecer no teníamos demasiada relación.

–          Es una buena tía. No le hagas daño.

–          ¿Por qué iba a hacérselo?

–          Porque ya se lo hiciste. Ella también se enamoró de ti, te lo confesó e hiciste lo mismo que conmigo, reírte en su cara.

–          No sabía nada. Me dijo que no tuvimos nada.

–          No te la follaste, pero sí le jodiste todo lo que pudiste.

Yo queriendo conocer a Helena Uno y ella se empeñaba en decepcionarme una y otra vez. Esa misma noche hablaría con Isa, tenía que disculparme. No sé por qué se quedó a mi lado, pero era una buena persona y yo no merecía que alguien así se enamorara de mí. Merecía a Judith o a alguien similar, una idiota a la que manejar y que me riera las gracias.

–          Yo no soy así y no quiero serlo.

–          El tiempo dirá cómo eres. Yo aún sigo esperando a la Helena de siempre.

–          Entonces, ¿por qué has accedido a tener una cita conmigo?

–          Sentía curiosidad. Esperaba que frente a frente te derrumbaras, te quitaras esa absurda máscara y me mostraras el lado seductor que me hizo acostarme contigo.

–          Gaby, no te entiendo. Sé que te hice daño, que lo pasaste mal, y entiendo que ahora quieras que pague por todo. Pero no voy a consentir que juegues con mis sentimientos. Sabes que me gustas y me das una de cal y otra de arena para que siga con este juego absurdo que solo me llevará a terminar destrozada. Lamento haber entrado en tu vida.

Saqué la cartera, dejé dinero en la mesa y me marché de nuevo junto a Tamara. Me dolía el alma, quería haberme caído en la arena, haberme puesto a llorar como una idiota, pero seguí caminando, sin mirar atrás, sin esperar que Gaby cediera, yo no lo hubiera hecho, por eso no regresé.

Las chicas de la kedada se iban marchando poco a poco. El fin de semana se había alargado un poco más por ser el lunes fiesta. Me iba a quedar sola, pero casi lo prefería, mi huida del mundo había terminado convirtiéndose en un amargo paseo entre los recuerdos de alguien que se asemejaba a mí.

–          Nos vemos por los bares –dijo Tamara mientras se subía al autobús.

–          Claro. Buen viaje.

–          Llámame un día de estos y me cuentas.

–          Por supuesto.

Quizá había perdido toda esperanza con la sexy informática de ágiles movimientos con las manos, pero había ganado una buena amiga, Tamara. Me acordé de Isa, y de lo que había descubierto sobre ella. Tenía que llamarla, averiguar si aquello era cierto.

–          ¡Hombre!, si te acuerdas del resto de los mortales que nos quedamos sufriendo este caluroso verano en Madrid.

–          Siempre me acuerdo de ti. Ojalá estuvieras aquí.

–          No me lo digas dos veces que me voy para allá.

–          Vente, vente.

–          ¿Qué tal lo estás pasando?

–          Bueno, podría haber ido mejor. Aprovecharé estos días para sosegarme un poco antes de regresar.

–          Te echo de menos.

–          Y yo a ti. Además, quiero que hablemos.

–          ¿Sobre qué?

–          Mejor en persona.

–          Sí, por teléfono todo es más frío.

–          Será el tuyo, porque mi móvil me está quemando la oreja.

–          ¿Te apetece estar sola?

–          ¿Por qué me preguntas eso, Isa?

–          Porque estoy pensando que tengo unos días libres y podría escaparme allí contigo.

La idea no sabía si era buena o mala, pero accedí, no quería perder a la única amiga que tenía, por miedo a que se enamorara de mí.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 6

  1. littleparrot dice:

    Me encanta lo que te curras lo diálogos. Normalmente siempre me pasa que cuando leo un libro esa parte me parece artificial y sosa. En tu caso son frescos y naturales.

  2. littleparrot dice:

    Los diálogos son difíciles porque si no lo haces bien pueden llegar a aburrir. Pero los usas en su justa medida y haces que cambie el ritmo de la historia.

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