Olvidando la vida. Capítulo 5

Encontrar pantalones anchos, zapatillas y bragas de esa estética, no resultó difícil. Las tiendas estaban plagadas de millones de ofertas para mujeres que habían elegido ese estilo. Lo difícil fue decirle a la peluquera que deseaba cortarme el pelo. No quería un corte masculino, pero tampoco podía seguir manteniendo mi larga melena.

–          Pero este corte es de peluquería cara.

–          ¿Me vas a cobrar lo mismo que ellos por cortármelo?

–          No, claro que no. Pero me da pena. Tienes un pelo precioso.

–          No me voy a quedar calva. Quiero un corte más informal, más fresco, juvenil.

La mujer se esmeró mucho en dejarme el pelo corto, pero con aire despeinado, la verdad es que me encantó. Le di las gracias un millón de veces y Tamara también alucinó con la destreza de aquella señora de mediana edad con las tijeras.

–          Sigues pareciendo pija, pero vas a romper esta noche.

–          Paso de rollos, Tami. He venido a descansar.

–          No te entiendo. Eres una de esas chicas de anuncio, preciosa, inteligente, divertida, decidida; pero lo cambias todo de un modo tan radical, que no lo comprendo. ¿Estás bien? ¿Te pasa algo? No nos conocemos de nada, pero lo más probable es que no volvamos a vernos, si quieres desahogarte con alguien, estoy aquí.

–          Te invito a un café y te cuento.

Las terrazas aún no estaban llenas, la noche había sido demasiado larga para la mayoría, y el resto prefería pasar sus horas libres en la playa. Pedimos dos refrescos y comencé mi narración.

–          Tuve un accidente de tráfico. No sé si fue mi culpa o no, nadie quiere hablarme del tema, así es que supongo que la causante fui yo. Perdí la memoria. No me mires así, es verdad –la cara de Tamara no podía describirse-. Al parecer era un poco putón, una chulita con un buen trabajo, con muchas chicas con las que acostarse y demás. Pero cuanto más conozco a esa persona, menos me gusta, más insegura la veo.

–          A ver que me entere. Eras una mujer de éxito y ahora quieres ser una del montón. No lo entiendo. Cualquiera pagaría por llevar esa vida.

–          Yo no. Yo quiero ser una buena persona, no una arpía que juega con los sentimientos de la gente.

–          Bueno, tú sabrás. De todas formas, sigues estando muy guapa.

–          Gracias, Tami.

Pasamos el día de bar en bar. El resto de chicas se nos iban uniendo y yo, cada hora, tenía que decirle a la señora Pilar que estaba bien. Era un tormento de mujer, pero se preocupaba de una forma altruista de mí, cosa que no había visto en otras personas de mi vida pasada.

–          ¿Helena?

–          Gaby, ¡hola! –me alegré tanto de verla.

–          Vaya cambio. No estaba segura de que fueras tú.

–          Ya ves, mi vida cambia y mi atuendo con ella.

–          Pues si antes lo tenías fácil para llevarte a las chicas a la cama, ahora te va a resultar mucho más sencillo.

–          No quiero llevarme a nadie a la cama, así es que me da un poco igual todo esto. Lo he hecho por mí, no por mis ligues.

–          Veo que aún sigues con tu transformación. ¿Qué haces aquí? No te imaginaba en una página de lesbianas.

–          Y no lo estoy. Me tomé unos días y me encontré con todo esto.

–          Y has hecho amigas rápido.

–          Sí, la gente es muy maja. Salvo una amiga tuya que intentó aprovecharse de mi amnesia para acostarse conmigo. Por favor, no digas nada por ahí. Me cuesta mucho saber qué es verdad y qué no.

–          Lo siento, pensaba que no era un secreto. ¿Estás bien?

–          Sí, estoy bien, y después de verte, mucho mejor.

–          No lo hagas, Helena. Ya sabes cómo fue lo nuestro.

–          Lo sé, y lo siento. Me disculparé las veces que sea necesario. Y si la otra Helena vuelve, le obligaré a que también lo haga. Me caes muy bien, Gaby.

–          Pero no me mires así, joder.

–          ¿Cómo?

–          Como si te importara, como si te gustara.

–          Y así es. No me da ninguna vergüenza decirte que me gustas.

–          Es mejor que me vaya.

–          Un segundo, por favor.

Le pregunté acerca mi recuerdo sobre ella, necesitaba saber si era cierto o mi cerebro quería alertarme de lo atraída que me sentía por Gaby.

–          ¿Eso has recordado? ¿Nada más?

–          Solo eso. ¿Es cierto?

–          Sí. Tengo un sol tatuado en el ombligo. Estábamos en mi casa. Fuiste a por agua, y continuamos follando el resto de la noche. Supongo que es eso lo que recordaste.

–          Gracias. Era importante saber si fue real.

–          Pues ya que lo sabes, no me lo recuerdes más.

Gaby desapareció entre la gente, y yo volví a sentir ese vacío que había tenido en mi flashback. Detrás de aquella apariencia de tía dura y gilipollas, Helena Uno ocultaba sentimientos que no era capaz de expresar. Volví con Tami y el resto de chicas. Al parecer no se equivocaban en que ligaría mucho más vestida así, porque me pasé la noche rechazando proposiciones más o menos indecentes. Me daba hasta miedo ir al baño sola, me seguían, me sentí observada constantemente por un público que solo veía un cuerpo.

–          ¿Follamos?

–          Eres de las directas.

–          ¿Para qué perder el tiempo?

–          No, si no me lo haces perder. Me ayudas en mi catalogación de las chicas que se sienten atraídas por mí. Has sido la más clara de todas.

–          Bueno, ¿pero follamos?

–          Tú ve a follar si quieres, yo me lo estoy pasando muy bien aquí. Aunque agradezco tu oferta.

–          ¿Por qué todas las que estáis buenas sois unas estrechas?

–          No es cierto, solo lo somos con personas que tienen la delicadeza en el culo.

Tami se reía por detrás, y el resto me insistía en que me acercara a las chicas para presentárselas. Era bastante humillante. Según me aproximaba a las víctimas, ellas me sonreían, haciendo apuestas sobre quién sería la afortunada ganadora de mis besos. Al plantarme delante de ellas, y explicarles mis intenciones, sus ánimos decaían, aunque algún que otro romance de una noche conseguí para mis amigas.

–          ¿En serio no vas a liarte con ninguna?

–          No entra en mis planes.

–          Te he estado observando. Aún no termino de creerme que seas alguien distinto. Siempre que vas a por alguna, creo que Helena ha vuelto, pero me sorprendes señalando a tus amigas y tú vuelves siempre con las manos vacías.

–          Solo hay una persona que me interese aquí, y no quiere saber nada de mí, al menos en esos términos.

–          Inténtalo.

–          Gaby, ya lo he intentado, pero me has dejado muy clara tu postura. No voy a volverme una acosadora.

–          Antes lo hubieras hecho. No hubieras parado hasta tenerme.

–          Pues ahora respeto y comprendo tu decisión. Pero te voy a pedir un favor. Al igual que tú no quieres que te recuerde esa noche, yo te pido que no me compares con alguien que no conozco y no soy.

Estaba segura de que si esa noche nos hubiéramos visto por primera vez, la tendría entre mis brazos. Era una lucha constante conmigo misma, con lo que los demás veían de mí, con lo que yo no quería ver. Quizá compartiera con Helena Uno un cuerpo, pero estaba convencida de que mis sentimientos por Gaby no se habían forjado únicamente por lo mucho que me gustaba el movimiento de sus manos.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Olvidando la vida. Capítulo 5

  1. Que enganche de historia, definitivamente lo de la pérdida de memoria es genial.
    Sería genial saber porque era como era antes, porque como no creo que nadie cambie su esencia por mucha amnesia que tenga. Asumo que su verdadera personalidad es la actual.
    En fin, que aquí sigo firme con cada una de tus entregas.
    Saludines

    • remendona dice:

      Ante todo, gracias por seguir confiando en mí.
      Con respecto al motivo de su cambio de personalidad, mmmm…, si te lo contara tendría que matarte… No, en serio, intentaré que quede claro que motivo y su verdadera personalidad, sea cual sea.

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