Capítulo 46

Los días fueron pasando lentamente. Yo me deleité con mi Fontana hasta que casi podía dibujarla sin recurrir a mirar una fotografía. A penas vi a Nuria, que desaparecía a primera hora y no regresaba hasta las once, hora de pasar lista. Esos días, ninguno de los chicos llegó tarde a nuestro encuentro, aunque tuvimos que hacer una escapada a la embajada, porque a uno de los muchachos le habían robado la cartera con toda la documentación.

Ya era mi último día en la “ciudad apestosa”. El avión salía la noche siguiente, pero el dueño del hotel, al no ser época de alta ocupación, nos había permitido conservar las habitaciones hasta que nos recogiera el autobús con destino al aeropuerto.

Estaba tumbada en mi diminuta cama, los ojos se me iban cerrando, los músculos comenzaban a relajarse. No sé si era por los calmantes que aún debía seguir tomando o por el cansancio que mi cuerpo había estado acumulando esos días. Cuando más tranquila estaba, cuando mi mente ya no pensaba en nada, Nuria saltó sobre mí.

–          ¿Qué haces?

–          No puedo más, Gema. Quiero que hagamos el amor.

–          ¿Estás gilipollas? Vuelve a tu cama.

–          No.

–          Hueles a alcohol que tira para atrás. Haz el favor de dejarme dormir y no hagas nada de lo que te puedas arrepentir mañana.

–          No pienso arrepentirme de besarte todo el cuerpo. Lo deseo borracha, pero también sobria. Lo deseo desde hace demasiado tiempo. Gema, te amo.

–          Nuria, yo no te quiero.

Mis palabras golpearon en su cabeza, rebotando por todo su cuerpo. Podía sentir cómo una masa agria se revolvía dentro de ella. La poca luz que entraba en la habitación me permitía ver cómo sus ojos se iban encharcando y su cuerpo curvándose, intentando proteger algo que tenía guardado. Se levantó y volvió a su sitio.

Me dolió tener que decirle que no la quería, y más cuando no era cierto, pero no podía permitirme un error más. Ella había bebido demasiado, y aunque yo también ansiara recorrer su piel, no quería despertarme al día siguiente con la sensación de que se acostó conmigo solo por su estado de embriaguez.

–          Ayer me follé a una italiana.

–          Enhorabuena, Nuria. Ahora déjame dormir.

Si pensaba que sus palabras iban a herirme, tenía razón, pero no pensaba demostrárselo, no quería darle el placer de hacerme daño. Ella se giró y yo intenté dormir después del sobresalto.

No sé qué hora podría ser, pero me desperté abrazada a Nuria. Se había metido en mi cama y había hecho que le rodeara con el brazo. Yo sabía que aquello estaba mal, pero me gustaba la sensación que me producía tenerla tan cerca de mí. Podía haberla echado, pero proseguí con mi sueño.

Cuando la luz del sol, que incidía por la ventana, me obligó a abrir los ojos, comprobé que ella ya no estaba a mi lado. Tampoco estaba en su cama. Se había vuelto a marchar antes de que yo pudiera verla.

Hice la maleta y dejé algo de ropa fuera, para darme una ducha antes de regresar a España. Marta iría a recogerme al aeropuerto. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, casi ni hablábamos, pero insistió mucho en ser ella quién me llevara a casa.

Mis últimas horas las pasé caminando por la ciudad, volviendo a contemplar aquellos monumentos que los alumnos no me dejaron apreciar en toda su esencia. Pensé en comer en un restaurante cercano al hotel, pero decidí que era mejor regresar al Coming out y que sus platos deleitaran mi paladar. No era el sitio más barato, pero tampoco estaba mal de precio.

Llegué y me senté en uno de esos sillones blancos que hacían las veces de pared. La camarera me trajo la carta, con la que me entretuve durante varios minutos. Estaba harta de tanta pizza, ese día quería un plato de pasta, pero no sabía cuál elegir.

–          Hola.

–          Hola, Nuria.

–          No esperaba verte aquí.

–          Pues ya ves.

–          Bueno, te dejo. Que aproveche.

–          Gracias.

Nuria se dirigió a una de las mesas del fondo. Estaba con más chicas, todas me miraron, pero yo volví a releer la carta, ignorando por completo a las amigas de mi compañera. Me decidí por unos Fettuccine ai funghi porcini de primero y un Straccetti gorgonzola radicchio e noci (que no sabía qué era, pero sonaba genial) de segundo.

Cuando la camarera me estaba sirviendo el primer plato, Nuria regresó. Estaba claro que no iba a dejarme ni dormir ni comer.

–          ¿Qué quieres ahora?

–          Sentarme contigo.

–          Sé que no estás sola, así es que no veo motivo para que te vengas aquí.

–          Tú lo estás.

–          Pero yo quiero estarlo.

–          Gema, ¿por qué me haces esto? Sabes lo que siento por ti, sabes que me muero por pasar tiempo contigo. Por favor, deja que me siente. Tengo que contarte algo, luego ya me mandas a la mierda si quieres, pero debo decírtelo.

–          Adelante.

–          Anoche –dijo mientras apartaba la silla y se aposentaba-, me acosté contigo. No cuando tú recuerdas, sino más tarde. Hemos dormido juntas. Sé que es para cabrearse, pero me dolía mucho el pecho y solo tus brazos me calmaban. Quizá no debería estar contándote esto, pero no me parece bien ocultártelo. No te metí mano, ni nada de eso –hizo una pausa y me miró para descubrir que mi reacción era totalmente impasible-. También te mentí, no me he follado a ninguna italiana, ni a nadie.

–          ¿Qué quieres que te diga ahora?

–          Sé lo que me vas a decir, que me odias, que soy lo peor, o cosas por el estilo. Y tendrás toda la razón, pero prefiero haber hablado contigo estos minutos, aunque sea para rematar la faena, que perderte sin luchar.

–          ¿Te vas ya con tus amigas?

–          No hasta que me digas algo. Dime la verdad, ¿es cierto que ya no me quieres? Necesito saberlo.

–          Sí te quiero, pero no así.

–          ¿Así cómo?

–          Cerca.

–          Vale. Lo acepto y creo que tienes razones suficientes para tomar esa decisión. Ya no te molesto más. Nos vemos esta tarde.

Solo quería llorar. En realidad deseaba lanzarme a sus brazos, o que ella lo hubiera hecho, porque no hubiera podido rechazarla. Por mucho que me hiciera, yo seguía enamorada, quizá no como antes, pero no podía evitar lo que sentía por Nuria, por más que luchase contra ello.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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4 Responses to Capítulo 46

  1. Ken Krap dice:

    Es duro el combate de lo que visceralmente quisiésemos hacer y lo que sabemos no podemos. Ay, las luchas internas, a dónde nos llevarán!

  2. Bueno, es obvio que esta pánfila igual está enamorada de la otra rarita, en una competencia de inmadurez sería una pelea cabeza a cabeza :s.
    Sigo enganchada con la historia aunque a alguna la mataría.
    Saludines!

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