Capítulo 42

Aterrizaje en el aeropuerto de Fumicino, en un horrible vuelo con una compañía low cost. Se suponía que nuestra llegada al hotel sería sobre las once de la mañana, pero, después del caos de autobuses, de niñatos y de maletas, conseguimos llegar solo una hora tarde a Termini. Denominarlo hotel es decir demasiado. Las fotos que había en internet daban la impresión de un lugar insuperable a un precio asombroso. La decepción fue monumental. Unas paredes verdes nos recibieron, junto a un sudoroso italiano que fue dándonos las llaves.

Los chicos ya se habían ubicado, ahora era nuestro turno de tomar posiciones. Tendríamos dos horas para ducharnos y salir a comer. Nuria me seguía hasta la habitación. No quería demostrarlo, pero estaba realmente emocionada por aquel viaje.

La decepción fue máxima al comprobar no solo que nuestro cuarto era un cuchitril con papel pintado, una ducha sacada de una película de terror y un suelo tan sucio que no pondría la suela de mis zapatillas en él, sino, que además, las camas eran diminutas. Yo esperaba dos camas de matrimonio y me encontré con dos cunas.

El día transcurrió rápido. Comida en una pizzería barata, y visita al Foro romano y al Coliseo. Vuelta al hotel para cenar basura deshidratada y preparada para irme a descansar.

–          Gema, ¿podemos salir a dar una vuelta por ahí esta noche?

–          No. Estoy muerta.

–          Quería decir nosotros –me respondió el” cara pasa” de Hugo.

–          Ni de coña. La mayoría sois menores y no puedo dejaros solos –oí un murmullo en el que intuí lo que se tramaba-. El conserje vigilará que ninguno salga. Si alguien lo intenta sin mi permiso, llamaremos a sus padres y lo meteremos en un vuelo de vuelta a Madrid. No voy a aguantar gilipolleces. ¿Ha quedado claro?

Todos agacharon la cabeza, dándome a entender que habían comprendido la dureza de mis palabras. Iban a tener cinco días libres, aunque aún no lo supieran, pero, hasta que ese momento llegara, debía evitar a toda costa que se me subieran a la chepa.

Regresé a mi habitación. Nuria se estaba cambiando. Aquella visión me perturbó aún más. Tuve que disculparme y darme la vuelta para ser yo la única que encontrara esa situación incómoda. Yo decidí ponerme el pijama en aquel asqueroso baño. Pensaba que mi muerte se produciría en esa ciudad a causa de los alumnos, pero era más probable morir de una  septicemia. Me metí en la cama todo lo rápido que pude y recé porque el verdadero color de aquellas sábanas fueran crema y no blanco.

–          Gema. ¿Qué toca hacer mañana?

–          No lo sé. Tengo que mirarlo. El autobús nos recoge a las nueve, es lo único que puedo decirte.

–          Me ha encantado la ciudad.

–          Yo la odio. Es sucia, sombría y caótica.

–          ¿Cómo puedes decir eso?

–          Porque es lo que pienso.

Es verdad que todo el mundo adoraba Roma, pero yo no formaba parte de ese selecto grupo. Lo único que ansiaba de ese viaje, era ver la Fontana di Trevi, la más bella imagen que he contemplado en mi vida. En los días libres, me comería un helado, aunque muriera congelada, delante de ella, día y noche; jamás podría cansarme de contemplarla.

Vimos todo lo que un buen turista debía visitar en Roma: el Castillo de San Ángelo, Plaza Navona, Plaza de España, Plaza Venecia, el Barrio de Trastévere, San Giovanni, Isla Tiberina y demás construcciones. Parando cada cierto tiempo para tomar un refrigerio, comer, descansar los pies…

También me tocó volver a entrar en el Vaticano. Las entradas ya estaban pagadas, pero me dolió en el alma darle un duro a ese “emporio” que se habían montado entre unos cuantos y que podría considerarse una estafa piramidal en toda regla.

Los chicos no querían ver todo aquello, solo deseaban, según sus propias palabras: “follarse a una italiana”. Desde luego, la mentalidad de los adolescentes no cambia por mucho que pasen los años.

El quinto día tuve que hacer una reunión con ellos en la sala dónde desayunábamos. Tenía que recordarles la cantidad de carteristas que había en la ciudad. Pasaron de mí por completo, hasta que les comenté, que el resto de días podían hacer lo que quisieran, siempre que llegaran antes de las once al hotel, donde yo pasaría lista. Tuve que darles mi número de teléfono, el del hotel y pedirles los suyos.

–          Yo no voy a darte mi número. ¿Y si quieres acosarme? –dijo Luismi.

–          Si no hay número no sales del hotel. Tú verás lo que haces. Además, si no te acosan las niñas de tu edad, ¿crees que una mujer madura con un buen sueldo va a interesarse por un niñato lleno de granos y sin nada interesante que ofrecerle?

Todos comenzaron a reírse. Esa era mi venganza por las horas de clase que me había hecho perder durante el curso. En el instituto tenía que morderme la lengua, allí no. Fue el primero en acercarse a mí para facilitarme el número. Yo comprobé uno a uno que los teléfonos eran correctos, de estos gilipollas no se puede fiar una.

Hora de dormir. No pensaba madrugar al día siguiente. Ya me tocaría trasnochar por culpa de algún rezagado.

–          Gema.

–          Dime.

–          ¿Te importa si mañana te acompaño?

–          No pensaba ir a ningún sitio en especial.

–          ¿No hay ambiente en Roma?

–          Supongo que sí, pero no sé mucho sobre el tema. Cuando vine me prometieron acercarme, pero como todas las promesas de esa persona, se quedaron en el aire.

–          ¿Estás enfadada?

–          No, solo cansada y algo preocupada por lo que puedan hacer estos delincuentes en potencia.

–          Buenas noches.

No entendía a Nuria. No quería venirse de viaje, pero ahora no se podía separar de mí. Encima me pide que le lleve a ligar, ¿qué debía hacer yo?, ¿ver cómo se follaba a alguna tía en un baño más limpio que nuestra habitación? Ni de coña.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Capítulo 42

  1. Esto cada vez mejor, y vos pensas que con una entrega diaria, calmas la ansiedad de las fieras (?) jajaja.
    En fin, que sigo muy entretenida y esperando saber como sigue esta historia.
    Saludines!

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