Capítulo 36

Y María salió a despedirme. Había estado tan cerca de sentir un beso de Nuria, que mis puños se cerraron, intentando mantener la frustración dentro de mi cuerpo.

–          ¿Ya te vas? Me voy un minuto al baño y tengo que salir a la calle para que me des dos besos.

–          Lo siento. Tengo un sueño que no puedo con él –contesté mientras seguía controlando mis ganas de agarrar a Nuria y besar cada poro de su piel.

–          ¿Tú qué haces aquí fuera? Hemos quedado con las chicas esas, Noemí y Virginia. Yo sola no puedo con las dos.

Mi cara debió expresar perfectamente lo que me dolió aquella confesión. Nuria me miraba, no decía nada, pero sus ojos me hablaban, en ellos se veía reflejada la falta de entusiasmo hacia el plan propuesto por María.

–          ¿No me dejarás tirada, no?

–          No, claro que no. Gema, lo siento –puso cara de pena y volvió dentro.

De camino a casa, mi mente analizaba cada secuencia de aquella noche. No entendía a Nuria, no comprendía por qué no le contó a María que quería estar conmigo. Me negaba a pasar por una humillación así otra vez.

Tuve que recurrir a las dichosas pastillas para conciliar el sueño. Deseaba que esa noche también apareciera Nuria, también se tumbara en mi cama, y que me hiciera el amor. Pero eso no sucedió, lo único que oí tras cerrar los ojos fue el despertador avisándome de la hora. Una ducha, un café y a enfrentarme nuevamente a aquella panda de salvajes conocidos como adolescentes.

–          Gema, tenemos que hablar –dijo Nuria, que me esperaba tras la puerta del departamento.

–          No. Ayer quedó todo muy claro. No quiero ser una persona celosa. Me parece bien que pernoctes cada noche con una, pero no me pidas que me involucre en ello.

–          No me acosté con Noemí. Le dije que te quería a ti.

–          Lo siento, pero ya no puedo más –y me marché.

¿Cómo podía tener el valor de hablarme de otra? Esa relación estaba rota, yo estaba rota. Si me hubiera podido pasar semanas llorando, lo hubiera hecho, pero tenía que seguir avanzando. Pensar que todas las mujeres pueden ser como Luna o como Nuria me mortificaba, no quería llegar a creerme eso. Me merecía la oportunidad de disfrutar de una pareja, no de huir del amor.

–          ¿No piensas salir esta tarde?

–          ¿Qué haces aquí?

–          Me ha llamado Nuria. Está preocupada por ti. Le he prometido sacarte de casa y hacer que te lo pases muy bien.

–          No voy a salir, Marta. Estoy agotada y quisiera tener una tarde para mí.

–          Pues será para nosotras. ¿Tienes palomitas, cerveza y una buena película para ofrecerme?

–          Película no creo tener ninguna que no hayamos visto.

–          Bueno, pues hablaremos. A ver si así me cuentas qué coño está pasando en tu vida para tener siempre esa cara de pasa.

–          Gracias.

Charlamos hasta bien entrada la noche. Hacía demasiado tiempo que no sentía a Marta tan próxima a mí. La echaba de menos. Ella se mostró como siempre, vivaz, sosegada, con respuestas para todo.

–          ¿Puedes mirarme la teta?

–          ¿Cómo dices? –respondí mientras mi ceño se fruncía.

–          No sé si me ha quedado bien. Siento mucha vergüenza. Incluso me da pavor tocármelas para ver si se ha reproducido.

–          Marta, ve al médico. Que te hagan otra mamografía.

–          Se supone que estoy completamente sana y hasta dentro de seis meses no me van a hacer ninguna prueba más.

–          Vale. A ver.

Marta se quitó la camiseta y el sujetador, levantó los brazos y yo comencé a palpar sus pechos. En principio no noté nada raro, pero me sentí bastante extraña al hacerle una exploración. Supongo que el exceso de cerveza ayudó bastante a que no me negara.

–          ¿Cómo está el corte?

–          Está perfecto. No se ve nada.

–          Claro que se ve.

–          Marta, de verdad que no se ve.

–          Acarícialo, a ver si lo sientes.

Y yo, como una buena idiota, me puse a acariciar su pecho. La situación era demasiado estrambótica. Sí que notaba una ligera línea, pero nada reseñable, nada que me parara a observar cuando desnudo a una mujer.

El timbre sonó. Me dirigí a la puerta y dejé a Marta en el salón, ensimismada en sus dudas y en la posibilidad de que yo le estuviera ocultando la realidad. No me acordé de preguntar, simplemente abrí. Una sombra atravesó el umbral y antes de que yo fuera capaz de reaccionar ya había entrado hasta el fondo.

–          Ahora lo entiendo todo. Por eso ya no quieres saber nada de mí, ¿verdad?

–          Nuria…

–          Marta, yo confié en ti. Te pedí que vinieras a comprobar que estaba bien y te encuentro semidesnuda. ¿Follándotela vas a saber si se encuentra mejor?

–          ¿Qué dices, Nuria? Solo me estaba mirando un pecho, nada más.

–          Gema, yo te quiero, pero veo que has continuado sin mí. Quizá hayas tomado la mejor decisión. Te pido por favor que no quedes con nosotras en un tiempo. Deja que asimile la situación. Ya tendré suficiente con verte cada día en el instituto.

No me dejó explicarle nada, no me permitió contestar sus dudas. Se fue y yo permanecí inmóvil mientras veía cómo la distancia se interponía entre nosotras. Marta me abrazó. Yo me puse a llorar como una niña. Ella me besó, yo le besé. Ella me acariciaba, yo me dejaba hacer. La ropa, poco a poco, fue despareciendo. Nos caímos suelo. Follamos. Follamos entre lágrimas las dos. No era un polvo cualquiera, era la expresión de los miedos que teníamos, de los sentimientos más profundos.

Anuncios

About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
Esta entrada fue publicada en Gema, Uncategorized y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

8 Responses to Capítulo 36

  1. Ken Krap dice:

    Madre mía qué percal. Por lo que llevo leído, y quizás me equivoque, intuyo que eres muy joven. Conocerás a las mejores parejas y a las mujeres más interesantes en el futuro, así que no desesperes y mira hacia adelante y emplea tu talento para mejorar.

    • remendona dice:

      Hombre, lo de joven, según se mire. Pero sí, rondo solo los treinta. Lo que pasa es que lo que escribo es ficción, sí que algo se basa en mis experiencias pasadas, pero no en las actuales. De todas formas, para hacer gilipolleces, cualquier momento de nuestra vida es válido.

      • Ken Krap dice:

        Hay un personaje en A dos metros bajo tierra llamado Brenda que siempre decía que no importa la edad ni la inteligencia para hacer gilipolleces y cagarla y no puedo estar más de acuerdo. De hecho me has dado una idea para mi próxima entrada jajajaja

      • remendona dice:

        Jajajaja, estoy ansiosa por leerla.

  2. yovanu dice:

    Bueno, ya estoy al día …ansiosa por saber como sigue esto!
    Atrapada me hallo. 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s