Capítulo 35

Pasamos dos meses juntas. El amor me duró unas semanas. Después, me pasé los días intentando recuperar lo que había creído sentir. Estaba engañando a Carla y me estaba engañando a mí misma. No era un amor a primera vista, era solo un espejismo. Precioso mientras duró, terrible cuando desapareció. Me dolía en el alma tener que dejar a aquella mujer que me quería tantísimo, que me miraba como si no hubiera nada más allá de mí.

–          Carla, esto tiene que acabar. Yo no siento lo mismo por ti. Creí que sí, pero no era verdad.

–          No, Gema, estás confundida.

–          Antes lo estaba, ya no. Carla, pensé que te amaba, en serio, pero sigo queriendo a otra. No he sido capaz de borrarla de mi mente.

–          ¿Me dejas por ella?

–          No, te dejo por nosotras. No es justo que estés con alguien que no te ama, y tampoco lo es que yo me obligue a hacer algo que me resulta imposible.

–          ¿Estás con ella?

–          No, Carla. Ella no me quiere.

–          ¿Vas a renunciar a lo que tenemos por alguien que no te ama?

–          ¿Renunciarías tú a encontrar a alguien que te corresponda?

Odiaba dejar una relación. Comprendía perfectamente lo difícil que era lidiar con una ruptura, pero no podía permanecer más tiempo de este modo, siendo quien no era, obligando a otra persona a aceptar algo sin tener opciones.

–          Seamos amigas. Ya sé que te resultará difícil, pero quiero seguir viéndote.

–          No puedo. Sabes cómo soy, no puedo verte como una amiga, porque yo sí estoy enamorada de ti.

Volvimos sobre los mismos pasos una y otra vez. Carla no quería aceptar mi decisión y yo no iba a recular. Marta me dijo que era lo mejor que podía hacer, como siempre, esa jodida muchacha, tenía razón. Dejé atrás a Carla, y continué con lo que era mi vida.

Volví a salir con las chicas, volví a quedar con Mariví solo para comer, y no volví a liarme con nadie. María me había llamado cientos de veces, pero su relación con Nuria me angustiaba. No creí ser capaz de enfrentarme a ella, de ver cuántas nuevas chicas habían pasado por su vida. Nos veíamos casi todos los días, pero el ambiente escolar no da oportunidad al acercamiento. Pero tampoco era justo dejar a un lado a una buena amiga.

–          Dichosos los ojos.

–          Sí, he estado algo liada.

–          Lucía y Nuria no hacían más que preguntarme por ti, estaban preocupadas. No sabía qué decirles. Llamé a Marta. Me contó lo de tu nuevo romance.

–          ¿Qué te contó?

–          Que estabas con una chica, nada más. ¿Era un secreto?

–          No, en absoluto. Como tú has dicho, estaba.

–          Lo siento.

–          No, tranquila.

Volví a encauzar mi vida, a tomar las riendas. Volví a los viejos hábitos y los antiguos amigos. Volví a ver a Nuria fuera del horario escolar, volví a enamorarme de ella. No sé qué luz poseía aquel instituto que difuminaba los rostros ¿Cómo puede concentrarse tanta belleza en una sola persona? No era justo, porque podía esclavizarme y yo me arrastraría por un campo de cardos para rozar sus labios.

–          Te he echado de menos.

–          Nos vemos a diario.

–          Huyes de mí a diario. Tenemos una conversación pendiente, y no voy a dejar que pase de hoy.

–          ¿Qué conversación?

–          Me dijiste que me querías como algo más que un rollo.

–          Sí.

–          ¿Lo mantienes?

–          ¿Acaso importa? –no sabía si debía volver a confesar mis sentimientos.

–          Claro que importa. No me has dejado responderte.

–          No quiero una respuesta, Nuria. Aquello se acabó. He estado con una chica, y, aunque se haya terminado, he estado enamorada de ella.

–          Parece que ya no es necesario tener esta conversación.

–          No, nunca fue necesaria.

Nuria parecía decepcionada, como si necesitara que alguien le admirara. Yo no iba a ser la que inflara su ego. Me negaba a ello. Además, estaba convencida de que una de las mujeres que habían pasado entre sus piernas era Mariví. Ambas eran preciosas, sin ganas de compromiso, ¿por qué no echar un polvo?

Me disponía a marcharme a casa. Las cervezas a finales de otoño no refrescan igual que en verano. La noche me estaba quemando, yo ya estaba ardiendo. Nuria me miraba como si ya no tuviera poder sobre mí. Lo seguía teniendo. Sentía que siempre sería suya, que siempre sería mi dueña.

–          ¡No! No puedes hacerme esto –me gritó enfadada- No puedes decirme que me quieres, no dirigirme la palabra en meses y volver para que yo acepte que soy historia.

–          ¿Y qué hago?

–          Sigue queriéndome.

–          No. Lo que me pides es absurdo.

–          Sería absurdo si yo no te amara como lo hago. Llevo demasiado tiempo ocultándome a mí misma todos mis sentimientos. Estoy harta. Sé que soy idiota, que puede que te haya perdido por no habértelo confesado aquella noche, pero tengo que intentarlo.

–          ¿Te has vuelto loca? No sabes lo que estás diciendo.

–          Digo que te quiero.

Mis músculos quedaron petrificados por unos segundos. Mis ojos clavados en los suyos. No podía creer lo que me estaba confesando. ¿Sería algún tipo de broma? Tenía que averiguarlo. Me acerqué a ella, observando cada movimiento que Nuria hiciera. No quería meter la pata, no quería pensar que me estuviera engañando. Pero ella no parecía vacilar. Acaricié su mejilla, su piel era más suave de lo que recordaba. Mis manos se posaron en su cintura. Esa vez era yo quien sostenía las riendas. Nuestras respiraciones se fueron acompasando. El pulso se disparó. Cada vez la distancia entre ambas era menor. Nuestros labios se aproximaban. Sentía el calor de su boca en la mía. Ansiaba besarla, ella deseaba besarme a mí. El tiempo se detuvo. No aguantaba más, contuve la respiración y…

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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2 Responses to Capítulo 35

  1. Ken Krap dice:

    Tu estilo es hipnótico. Muy buen blog

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