Capítulo 34

El Medea estaba cerrando y yo seguía bañada por los besos de Carla. Creo que Carol no se tomó muy bien mi elección, pero no me gustaba, no me gustó nunca. No es que yo tenga un tipo concreto de mujer, pero Carol no me resultaba atractiva, solo graciosa.

Carla me invitó a su hostal, quería pasar la noche conmigo. El alcohol respondió por mí, y me vi en una habitación de color amarillo con una cama de matrimonio que hacía más ruido que una taladradora. Parecíamos dos colegialas en su primera relación sexual, yo no atinaba a desabrochar su sujetador y ella no era capa de decidir qué prenda debería quitar primero.

El sexo no fue nada mágico, ni maravilloso, aunque tampoco es que yo tuviera muchas esperanzas en ello. Lo único de lo que me alegraba era de haberme depilado. Lo que sí me gustó fue nuestra conversación. Ella era muy tierna, me miraba con unos ojos que desbordarían hasta al más rudo. Con cada palabra, pasaba su mano por mi cara, yo sonreía, y me quedaba contemplando su mirada. Me hipnotizaba. Me secuestraba hasta el punto de que creí haber olvidado a Nuria por completo. Quería estar ahí, con Carla. Ningún lugar me llamaba tanto como ese cuarto, como su compañía.

–          Eres preciosa.

–          Tú también lo eres.

–          Debería habértelo dicho antes, pero no soy de rollitos de una noche.

–          Yo tampoco.

–          Quédate conmigo. Todo el día. Quiero estar así siempre.

–          Eso está hecho –contesté mientras mi sonrisa se volvía perpetua.

Carla cogió el móvil. Lo puso de tal forma que yo viera la pantalla, lo que ella escribía. Tan solo “J” a una tal Rocío.

–          Es mi amiga. Quiero que sepa que estoy bien. Que me he enamorado.

–          ¿Te has enamorado? ¿No te parece demasiado pronto?

–          No. Si lo siento así es porque llegó el momento.

–          Yo también me he enamorado –aquella frase salió de mí con total convicción.

¿Me había enamorado? No era posible. Pero lo sentía así, sentía cómo un cosquilleo me recorría el cuerpo, cómo flotaba. No podía creerme aquello. Me saturé. Tenía que salir de allí, romper mi promesa de quedarme, pero necesitaba hablar con Marta, porque no comprendía absolutamente nada.

Me disculpé con una absurda escusa, y escapé de los brazos de la mujer que me hacía sentir la única persona en el mundo. Un mensaje alertaría a Marta de mi llegada, era la única con la capacidad mental suficiente para decirme qué estaba pasando.

–          ¿Qué te pasa, pichón?

–          Me he enamorado.

–          ¿Cuál es el problema? –preguntó frunciendo el ceño.

–          Que la conocí ayer.

–          Ya me había supuesto que algo muy gordo te había hecho desaparecer de mi vista.

–          Marta, dime que es una locura.

–          No lo sé, cielo. Yo solo amé a alguien una vez y no fue de inmediato, fue algo que cultivé durante mucho tiempo. Pero no somos iguales.

–          ¿Te has enamorado alguna vez? Primeras noticias. ¿De quién?

–          A ver, ¿has venido a hablar de mis amores pasados o de tus enamoramientos presentes?

–          Ayer estaba enamorada de otra, estaba segura de ello. Y, en unas horas, todo ese amor se disipó y terminó en manos de otra persona. Es absurdo.

–          No sabía que estabas enamorada ayer. No me cuentas nada. ¿Qué nos está pasando?

–          No podía decírtelo.

–          ¿Era yo? –preguntó con gran inquietud.

–          No. No digas tonterías. Era Nuria.

–          ¿Por qué no podías decírmelo?

–          Porque habías estado con ella, porque ya estaba enamorada cuando empezasteis. Sabía que te estaba costando estar con alguien, no podía jodértelo.

–          Pero, cariño, puedes decirme cualquier cosa.

–          Ahora no quiero hablar de eso. ¿Qué debo hacer con Carla?

–          Disfrutar de lo que sientes, dure lo que dure, “que lo vuestro sea eterno, mientras dure”, ¿no se dice así?

Sus respuestas no me convencían lo suficiente, pero tenía razón, ¿por qué atarme a convencionalismos? Si me había enamorado, estupendo, Carla era una persona que se merecía el amor, si era una ilusión, pues bien también, al menos la próxima vez sabría diferenciar mis gilipolleces mentales del amor verdadero. Lo malo era hacer daño a Carla, tenía que controlar la situación y ser capaz de anticiparme a mis propios sentimientos.

Estaba harta de pensar, quería ir a ver a mi nueva amante, a mi nuevo amor. Volví a su hostal, pero se había marchado. Había olvidado pedirle su número de teléfono. ¿Dónde podría encontrarla? Le mandé un mensaje a Carol, ella podría darme la información que precisaba. Y así fue, después de soltarme un rollo sobre lo buena que era Carla y lo mucho que debía cuidarla.

–          ¿Carla?

–          Sí. ¿Quién es?

–          La mujer que está enamorada de ti.

–          ¿Gema?

–          ¿Cuántas mujeres están enamoradas de ti?

–          Millones –respondió entre risas.

–          Vaya, pues tendré que tomar muchas vitaminas para enfrentarme a ellas. Tengo ganas de verte. ¿Dónde estás?

–          Mirando pisos. Tardaré un rato aún, si quieres quedamos sobre las doce en mi hostal.

–          Perfecto, allí estaré.

–          Te quiero –me dijo con total convicción.

–          Te quiero –respondí como si aquello viniera de serie conmigo.

La esperé en la calle. Me saludo con un dulce beso. Yo debía estar medio idiota, porque solo podía sonreír. Después de la tristeza que había acumulado durante mucho tiempo, Carla fue un soplo de aire fresco. ¿Por qué vernos en un hostal? Aquella relación era auténtica, era real. La quería en mi casa, en mi cama, en mi cuerpo.

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About Remendada

No se me dan bien los idiomas, por eso escribo en clave. Estoy descubriendo Twitter, así es que si tienes algo que enseñarme, búscame http://twitter.com/#!/Sremendada
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6 Responses to Capítulo 34

  1. littleparrot dice:

    Creo que eso de “no soy de rollitos de una noche” llega un momento en el que ya no cuela ni si lo dices ni si te lo dicen.

    • remendona dice:

      Todas somos o hemos sido de rollos de una noche. ¿Por qué no admitirlo? No hay nada malo, todo lo contrario, si se te da bien la noche, puedes pasar un rato bastante divertido.

  2. littleparrot dice:

    Sí, y Chueca facilita mucho esos rollos de una noche, para qué negarlo. Pero es lo que yo pienso… te dan experiencia. Al final es como dar clases prácticas pero más divertido.

  3. littleparrot dice:

    Dejarse llevar por un calentón está bien, pero la verdad es que no sé que le pasa a alguna gente con darse amor en los baños que usan cientos de personas al día.

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